Pablo Casado en una visita a El Hierro. / EFE

PP de Canarias: treinta años de alianzas y desencuentros bajo la lupa de Génova

La previsible elección de Núñez Feijoo como líder nacional abre una nueva etapa en la que la dirección regional busca recolocarse. Fue elegida por el equipo de Casado

Loreto Gutiérrez
LORETO GUTIÉRREZ MADRID.

Cuando el PP de Canarias renovó su dirección regional hace apenas un mes e inició una nueva etapa con Manuel Domínguez a la cabeza, ni el más lisérgico de los analistas hubiera podido imaginar la implosión que en menos de una semana se ha llevado por delante a Pablo Casado y sumido en el caos al principal partido de la oposición. La recién estrenada dirección del PP canario, cuya elección fue promovida por Génova para cerrar la etapa de Australia Navarro, tomó los mandos en sintonía con la cúpula nacional con el objetivo de recuperar terreno electoral, pero el giro de guion que ha forzado la convocatoria de un congreso extraordinario para elegir nuevo líder coloca a los populares isleños en una situación de incertidumbre, a la expectativa del rumbo que tome la nueva dirección.

En sus tres décadas de historia el PP canario ha pasado por etapas de total comunión con los dirigentes nacionales y por otras menos idílicas que han acabado como el rosario de la aurora. De todo ha habido desde que allá por 1989 se fundó el PP a partir de Alianza Popular hasta el 15 Congreso Regional que a finales de enero encumbró a Domínguez a la presidencia de los populares canarios con las bendiciones de Casado y su lugarteniente, Teodoro García Egea. Los acontecimientos vertiginosos de unos tiempos líquidos hacen que ese cónclave parezca ya lejano en una situación ahora muy distinta, con los despachos de Génova vacíos de poder y un congreso extraordinario en puertas. La previsible aclamación de Alberto Núñez Feijoo como nuevo líder del partido abrirá una nueva etapa en la que los territorios y sus barones tendrán que recolocarse.

De la conveniencia de llevarse bien con la dirección nacional del partido sabe mucho el hoy senador autonómico Asier Antona, que en 2019 se vio forzado a dimitir como presidente del PP canario -cargo que ocupaba desde 2016 tras la defenestración de José Manuel Soria- cuando se quedó sin el respaldo de la cúpula nacional que encabezaba Casado por negarse a cerrar una alianza con CC para entrar en el Gobierno de Canarias. Por detrás de la pérdida de confianza que le llevó a dimitir coleaba el recuerdo del apoyo que un año antes Antona había dado a la candidatura de Soraya Sáenz de Santamaría frente a la del propio Casado para sustituir a Rajoy en la presidencia del PP. En las pugnas internas de los partidos políticos casi todas las apuestas fallidas se acaban pagando antes o después.

La caída en desgracia de Soria fue más dramática, en varios actos y a la vista de todos. La aparición de su nombre en los papeles de Panamá abrió la caja de los truenos para el por entonces ministro de Industria y todopoderoso presidente del PP canario durante diecisiete años. Aunque primero desmintió tajantemente su participación en una empresa familiar radicada un paraíso fiscal, el partido le demandó explicaciones. Por el pasillo que rodea el hemiciclo del Congreso aún debe resonar el eco de la bronca que recibió de María Dolores de Cospedal cuando se creían fuera de miradas indiscretas. Poco después apareció su firma en uno de los documentos y lo demás ya es historia. Con la perspectiva que da el tiempo y vistas algunas purgas internas, destituciones y deslealtades, resulta casi 'naif' recordar que en 1999 el entonces presidente del PP canario, José Miguel Bravo de Laguna, dimitió la noche electoral por haber perdido tres escaños en el Parlamento autonómico.