Unos obreros desmontan las carpas levantadas en el antiguo acuartelamiento militar situado en La Isleta, el Canarias 50, que ahora cuenta con módulos semirígidos. / ARCADIO SUÁREZ

Los campamentos mejoran sus servicios e instalaciones tras un año de crisis

La cualificación del personal, el mal estado de las comidas y las deficiencias estructurales fueron las principales críticas

Ingrid Ortiz Viera
INGRID ORTIZ VIERA Las Palmas de Gran Canaria

A principios del pasado año, los campamentos mostraron su cara más amarga. Inundaciones, frío, reyertas, menores camuflados entre la multitud por retrasos en las pruebas de edad o deficiencias en el sistema eléctrico daban cuenta de rapidez y la improvisación con la que se habían levantado los recursos del Plan Canarias. Sin embargo, la apertura de fronteras supuso un punto de inflexión a la hora de bajar la presión en los centros y progresivamente las condiciones de acogida han ido mejorando.

«La primera llegada fue masiva, los recursos escasos y el virus nos jugó una mala pasada, por lo que todo el personal estuvo centrado en cubrir principalmente alojamiento, comida y ropa», explica Eduardo Freitas, responsable provincial del programa de atención humanitaria de Cruz Roja, que gestiona, entre otros campamentos, el Canarias 50.

Esta descripción coincide con la que ofrece María del Mar García, responsable territorial de Accem, a cargo de centros como el de Las Raíces: «Fue una situación de emergencia y hemos tenido un proceso de ir ordenando el trabajo e ir adecuándolo a las necesidades».

Ambos centros han recibido un gran número de críticas, en concreto, centradas en la cualificación del personal, el mal estado de las comidas y las deficiencias en las instalaciones. Con respecto a lo primero, tanto Freitas como García defienden que los profesionales con los que trabajan sus respectivas ONG siempre han estado lo suficientemente cualificados.

La apertura de los puertos y aeropuertos canarios permitió reducir la conflictividad en los centros

desbloqueo

Cuentan con un equipo multidisciplinar de trabajadores sociales, sanitarios, psicólogos y abogados que se encargan de dar cobertura a todos estos servicios pero, además, se ha profundizado también en su formación. Cruz Roja, en concreto, apunta a la trata de seres humanos o idiomas como algunas de las cuestiones en las que han ido ampliando conocimientos.

Con respecto al catering, el campamento tinerfeño fue el más afectado. Sus usuarios denunciaron «gorgojos» y «olor a rancio» en las comidas, un problema que la responsable de Accem en Canarias asegura que se trató de atajar desde el primer momento y no le consta que en la actualidad persista el problema.

«En ciertos momentos se han tenido que hacer ajustes y es nuestra responsabilidad atender a esa gestión sea con nuestro personal o avisando a la empresa responsable -explica García-. También escuchamos a los chicos que, por ejemplo, nos asesoraron para adaptarnos al Ramadán».

En el Canarias 50 van un paso más allá. Según Freitas, la intención del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones es construir sus propias cocinas en el campamento y prescindir del actual catering. El antiguo acuartelamiento, dividido en «fases», ha pasado de una con capacidad para 300 plazas a tres con 1.100, y de macrocarpas a módulos semirígidos con mejor aislamiento.

Además, se han hecho obras en otros edificios que forman parte del complejo para albergar, por ejemplo, charlas jurídicas o clases de español. «Cada fase funciona como un centro independiente, con su responsable designado, su psicólogo, etc., y tenemos una sede de la empresa encargada de las instalaciones que se da respuesta inmediata a situaciones que puedan surgir como que se inunde un almacén», añade el responsable.

En cambio, en Las Raíces aún se mantienen las macrocarpas iniciales y si bien las quejas por la lluvia y el frío cesaron con la llegada del buen tiempo, nada impide que resurjan este invierno. Lo que sí aseguran desde Accem es que todas las personas acogidas cuentan con la ropa necesaria y, de nuevo, contactan con los encargados si hay problemas.

Otro de los aspectos más polémicos ha sido la conflictividad. Las ONG, sin embargo, ponen en contexto los episodios vividos en el último año y aseguran que aquellos con mayor repercusión en los medios han sido casos aislados.

García razona una disminución de la violencia motivada, por un lado, gracias a un «proceso de ordenación de las intervenciones, a través de distintos profesionales», así como una mayor agilidad a la hora de iniciar la tramitación de los procedimientos jurídicos para continuar su proyecto migratorio. «Trabajamos por espacios de dignidad en los que las personas puedan convivir y tener buen trato», apunta.

Freitas, que concuerda con una progresiva bajada de la conflictividad, cree que la expulsión de los 64 inmigrantes sentó un precedente. «Siempre hay quejas, porque hay muchas personas conviviendo, pero se discuten en una asamblea y desde entonces no se ha llegado a aquel extremo», recuerda.

«Cuando llegan a nuestras instalaciones se les da una charla de bienvenida y se les explican tanto sus derechos como sus obligaciones, y creo que el no haber tolerado aquella situación fue algo clave», sentencia.

Las cifras

  • 2.130 personas están acogidas actualmente en los centros del Plan Canarias, según la Delegación del Gobierno. A esa cifra habría que sumarle al menos otras 462 personas acogidas en los distintos recursos de emergencias.

  • 22.316 fue el total de personas que llegaron a canarias durante 2021, una cifra que supone un 4% enos que la del año anterior.

  • 7.000 son las plazas habilitadas por el Gobierno para atender la crisis migratoria. Las ONG coinciden en que los centros nunca estuvieron sobreocupados.

Ambos centros han recibido un gran número de críticas, en concreto, centradas en la cualificación del personal, el mal estado de las comidas y las deficiencias en las instalaciones. Con respecto a lo primero, tanto Freitas como García defienden que los profesionales con los que trabajan sus respectivas ONG siempre han estado lo suficientemente cualificados. Cuentan con un equipo multidisciplinar de trabajadores sociales, sanitarios, psicólogos y abogados que se encargan de dar cobertura a todos estos servicios pero, además, se ha profundizado también en su formación. Cruz Roja, en concreto, apunta a la trata de seres humanos o idiomas como algunas de las cuestiones en las que han ido ampliando conocimientos.

Con respecto al catering, el campamento tinerfeño fue el más afectado. Sus usuarios denunciaron «gorgojos» y «olor a rancio» en las comidas, un problema que la responsable de Accem en Canarias asegura que se trató de atajar desde el primer momento y no le consta que en la actualidad persista el problema. «En ciertos momentos se han tenido que hacer ajustes y es nuestra responsabilidad atender a esa gestión sea con nuestro personal o avisando a la empresa responsable –explica García–. También escuchamos a los chicos que, por ejemplo, nos asesoraron para adaptarnos al Ramadán».

LIBRE TRÁNSITOLa apertura de fronteras permitió reducir la conflictividad en los recursos estatales

En el Canarias 50 van un paso más allá. Según Freitas, la intención del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones es construir sus propias cocinas en el campamento y prescindir del actual catering. El antiguo acuartelamiento, dividido en «fases», ha pasado de una con capacidad para 300 plazas a tres con 1.100, y de macrocarpas a módulos semirígidos con mejor aislamiento. Además, se han hecho obras en otros edificios que forman parte del complejo para albergar, por ejemplo, charlas jurídicas o clases de español. «Cada fase funciona como un centro independiente, con su responsable designado, su psicólogo, etc., y tenemos una sede de la empresa encargada de las instalaciones que se da respuesta inmediata a situaciones que puedan surgir como que se inunde un almacén», añade el responsable.

En cambio, en Las Raíces aún se mantienen las macrocarpas iniciales y si bien las quejas por la lluvia y el frío cesaron con la llegada del buen tiempo, nada impide que resurjan este invierno. Lo que sí aseguran desde Accem es que todas las personas acogidas cuentan con la ropa necesaria y, de nuevo, contactan con los encargados si hay problemas.

Otro de los aspectos más polémicos ha sido la conflictividad. Las ONG, sin embargo, ponen en contexto los episodios vividos en el último año y aseguran que aquellos con mayor repercusión en los medios han sido casos aislados. García razona una disminución de la violencia motivada, por un lado, gracias a un «proceso de ordenación de las intervenciones, a través de distintos profesionales», así como una mayor agilidad a la hora de iniciar la tramitación de los procedimientos jurídicos para continuar su proyecto migratorio. «Trabajamos por espacios de dignidad en los que las personas puedan convivir y tener buen trato», apunta.

Freitas, que concuerda con una progresiva bajada de la conflictividad, cree que la expulsión de los 64 inmigrantes sentó un precedente. «Siempre hay quejas, porque hay muchas personas conviviendo, pero se discuten en una asamblea y desde entonces no se ha llegado a aquel extremo», recuerda. «Cuando llegan a nuestras instalaciones se les da una charla de bienvenida y se les explican tanto sus derechos como sus obligaciones, y creo que el no haber tolerado aquella situación fue algo clave», sentencia.