Un grupo de jóvenes, a las afueras del antiguo acuartelamiento militar en La Isleta. / C7

La conexión a internet, un básico para el contacto con las familias

A su llegada, las ONG les ofrecen el acceso a una red y al menos una llamada internacional para informar de que están atendidos

Ingrid Ortiz Viera
INGRID ORTIZ VIERA Las Palmas de Gran Canaria

En el barrio capitalino de La Isleta es frecuente observar pequeños grupos de jóvenes africanos enfrascados en sus teléfonos, tanto a las afueras del campamento Canarias 50, allí ubicado, como en zonas próximas. La mayoría pertenecen recurso que gestiona Cruz Roja y así lo identifican las pulseras con las que pueden entrar y salir de sus instalaciones o, en caso de perderse o sufrir alguna incidencia, les pueden servir para dar una indicación y que les orienten.

Sin embargo, los jóvenes no suelen alejarse demasiado y se airean a pocos metros a la redonda junto a compañeros que, incluso, vienen de otros recursos para alcanzar la red wifi. «¿Para qué usamos el teléfono? Bueno, ¿para qué lo usas tú?», apunta un chico de origen maliense frente al campamento, un poco a la defensiva. La media de edad de quienes llegan a las islas en patera ronda entre los 20 y 25 años el huir de la pobreza no los mantiene ajenos a la tecnología.

De hecho, el móvil es un elemento básico para poder contactar con las familias, de ahí que tanto Cruz Roja como Accem hayan asegurado que, una vez trasladados, les garantizan al menos una llamada para poder informar de que están a salvo y atendidos por una ONG. Pero la comunicación con sus seres queridos es constante.

La media de edad en los campamentos ronda entre los 21 y los 25 años

Cerca de la zona, otras tres personas se paran frente a unos contenedores de basura en el que han divisado una bolsa con ropa. Aseguran recibir una o dos mudas básicas, pero si encuentran algo más en la calle, se lo llevan. «Los voluntarios nos atienden muy bien, tenemos un buen trato», señala uno, originario de Gambia, que hace apenas dos semanas que ha llegado a la isla. Según cuenta, pasó una semana en cuarentena antes de ser trasladado y a pesar de que no tiene ningún contacto en Europa salvo un amigo, pretende irse de las islas en algún momento.

Le acompañan un guineano y un maliense que llevan residiendo en el recurso estatal aproximadamente desde hace un mes. Entre ellos, de nuevo el teléfono juega un papel fundamental, ya que cada uno habla un idioma distinto (portugués el primero, francés el segundo, e inglés el gambiano) y se comunican a base del traductor. «Nos entendemos», reafirman con una media sonrisa, casi imperceptible debido a las mascarillas.

Por suerte, la travesía de ninguno de ellos sufrió los estragos que ha causado el mal tiempo en las últimas embarcaciones. Ahora se enfrentan a un segundo paso, el de regular su situación administrativa. Cuentan que en el campamento les han informado de sus derechos y posibilidades. Uno de los malienses, por ejemplo, tiene intención de solicitar protección internacional, aunque le han dicho que tiene que esperar «por el coronavirus». Aunque no tiene muy claro a qué responde la demora, confía en que «más adelante», como le han dicho, pueda tramitarla.