Literatura

Aramburu señala la incultura como germen del fanatismo

13/03/2018

En ‘Autorretrato sin mí’ el escritor mira hacia su propio pasado.

El escritor Fernando Aramburu considera que las personas sin palabras están perdidas y destaca la importancia de este hecho frente a los especialistas «en la fabricación de fanáticos», que, dice, «lo tienen muy fácil con el hombre inculto».

El dominio de las palabras es liberador, asegura Aramburu (San Sebastián, 1959) con motivo de la presentación de su nuevo libro, en la que recuerda que llegó a la literatura porque «las palabras eran baratas».

«Yo vivía en el arrabal, mi padre era obrero de una fábrica, y comíamos de su esfuerzo. Mi madre era ama de casa, no había libros. Intenté primero, por medio del deporte, no repetir el destino laboral y social de mis padres, pero descubrí los libros, y esa fue la carta que jugué», señala.

Tras vender más de 700.000 ejemplares de su novela Patria, Aramburu presentó en el Instituto Cervantes de Madrid Autorretrato sin mí (Tusquets), un conjunto de textos, «monólogos» en los que el autor «echa una mirada» hacia lo que le constituye como ser humano, una confesión en definitiva.

Patria daba comienzo el día en que ETA anuncia el abandono de las armas, y ahora, respecto a su supuesto final definitivo, el autor sostiene que, si la banda se disolviera realmente, «se podría hablar del final de un lamentable, triste y sangriento período histórico». Además, contribuiría «a favorecer la reposición de los lazos sociales».

«Este hecho tendría una repercusión pedagógica muy positiva en la sociedad vasca. Por fin nos habríamos librado de esta fiera», recalcó el autor, que insistió en que «la mera existencia de ETA es terrorismo aunque no actúe».

Infancia, amor, hijos, angustias...

Deliberado

En su nuevo libro recuerda su infancia y a sus padres, habla del amor, de los hijos y las alegrías y las angustias que componen la vida de todos. «Autorretrato sin mí no es el resultado de un proyecto deliberado: la mayor parte de las piezas las escribí lejos del escritorio, fuera de casa, durante viajes, en sitios insólitos para la escritura», en momentos en los que se aislaba, tomaba un vino y recuperaba «aquella disposición que tenía de joven cuando escribía poemas».

Lenguaje

Había escrito en ese tono íntimo antes, pero «con trampa», reconoce, ya que lo que hacía en sus obras era «asignar a figuras de ficción» vivencias suyas: «Es un poco cobarde, pero es muy productivo». La «verdad personal» que enseña Aramburu no es su biografía, la historia «de un señor que se dedica a escribir y leer y al que no le pasan grandes cosas», sino que son asuntos que afectan a todo ser humano expresados en un lenguaje cincelado con intención poética y humor.