Entrevista

Marta Sanz: «En la autobiografía y en la ficción me quedo en pelota»

20/06/2017

La escritora mantuvo un encuentro con sus lectores de Fuerteventura el 14 de junio en el Centro Bibliotecario Insular. En el acto presentó su última obra, Clavícula, un libro con tono autobiográfico. En esta entrevista, ofrece algunas claves de este trabajo.

Las Palmas de Gran Canaria

P. -En su última novela, Clavícula, habla de los pesares del escritor. ¿Sus compañeros literatos se sienten representados? ¿Qué efecto ha tenido su confesión?

R. -Con los que he tenido la oportunidad de hablar y se han leído libro, se han mostrado muy agradecidos por la osadía de contar estas cosas. En torno a la escritura hay un espejismo que infunde a error. Se nos retrata en los mejores momentos: cuando nos invitan a un festival exótico al otro lado del océano y estamos alojados en hoteles espectaculares... Pero esa no es nuestra cotidianidad. Eso, el día a día, tiene que ver con los derechos de autor, los anticipos y con cómo vivimos de la periferia de la literatura y no propiamente de la literatura. Yo, en Clavícula, de forma obscena, pero oportunísimamente, recojo de forma cruda la naturaleza de mi salario a lo largo de un año. Marcos Ordóñez, mi presentador del libro en Barcelona, no se lo podía creer. De momento nadie se ha sentido ofendido. Al contrario, la profesión se ha sentido retratada.

P. - También revela su actitud hacia la escritura y la lectura. ¿Se hizo a sí misma la entrevista que nunca le han hecho?

R. -En realidad, más que una autoentrevista, el libro surge de la aparición de un dolor real ante el cual, como persona que se dedica al oficio de escribir, reacciono de la forma en que sé: escribiendo. Para mí, en ese momento, escribir fue una herramienta terapéutica empleada desde un punto de vista egoísta. Intenté poner cierto orden en el asunto, intentando saber el origen de ese dolor. Ese impulso egoísta se convierte en algo diferente porque muchas personas padecen el mismo dolor que nos afecta físicamente o como víctimas del capitalismo avanzado. El libro surge de esa necesidad personal, íntima e intransferible de aliviar neuralgias personales a través de la escritura. Pero me di cuenta de que esa escritura se podía compartir con una comunidad más amplia.

P. - Entonces, ¿el dolor no era una ficción?

R. -No hago autoficción. Hago autobiografía. No me gusta establecer una relación con el lector en la que el lector piensa esto será verdad o falso. Lo que he querido hacer es utilizar el lenguaje, no con la idea de contar un relato, una ficción o la mentira, sino usarlo como un depósito de autenticidad. Intento buscar las mejores palabras para contar una experiencia; la verdad de mi cuerpo en un momento muy poco fotogénico, que es la menopausia. No estoy contaminada por la ficción o la mentira.

P. - Sus familiares aparecen en su retrato. ¿Cómo se han sentido?

R. - Mi familia está muy bien. Son personas muy inteligentes y en el retrato que hago de ellos hay enormes dosis de amor y confianza. Al final, lo que nos saca de nuestros miedos y nuestro individualismo cotidiano, de esos pensamientos que nos invaden sobre si estamos locas o sobreexplotadas, si los dolores del cuerpo son los dolores del alma... Al final, los que nos sacan de esos pensamientos son las personas que nos quieren. El libro es un alegato a la fraternidad. Lo han leído mis padres, mi marido y mis amigos. Ninguno se ha sentido exhibido de forma impúdica. Han entendido por qué quería contar esta historia y están muy orgullosos de haberse convertido en personajes literarios.

P. - Incluye correos, fotografías y habla de momentos muy íntimos. ¿Se sintió expuesta en algún momento?

R. - Clavícula es muy híbrido. La fragmentación del texto literario representa la fragmentación del cuerpo ante el dolor. Los escritores contamos una cosa a través de otra. Podemos usar la metáfora para contar cosas. Está la metáfora de la máscara o de la carne. Estaba cansada de la metáfora de la máscara y opté por la carne. Eso no significa que me exponga más cuando cuento un relato a través de un personaje inventado que cuando la narración es autobiográfica. Los personajes y las tramas también te están retratando. No me siento más expuesta escribiendo un libro autobiográfico. En los dos casos me quedo en pelota y se me ve la patita por debajo de la puerta. Los que leen mis libros ya saben quién soy yo.

P. - En su libro Éramos mujeres jóvenes hablaba de educación amorosa y sexual tardofranquista. En Clavícula habla de la obligación de ser sexualmente activas en esta sociedad. ¿Le preocupa que se siga imponiendo un rol determinado a las mujeres? ¿Cree que las nuevas generaciones sufren más imposiciones en este sentido?

R. -Creo que las nuevas generaciones están atravesando una etapa negra de la historia. En general, las recesiones y las crisis generan una especie de resurgimiento de un neoconservadurismo muy perverso que nos afecta de una forma especial a las mujeres. Además, parece que, hagamos lo que hagamos desde punto de vista afectivo o laboral, siempre nos equivocamos. Siempre estamos sometidas a un tipo de presión social. En la época del franquismo nos hicieron sentir que nuestra sexualidad era una vergüenza, llena de suciedad y culpa y, en el neoliberalismo, sufrimos la presión de tener un cuerpo perfecto, de que nos tengamos que someter a la violencia quirúrgica, de ser consumidoras de artefactos y artificios para ser sexualmente complacientes y activas hasta el mismo momento antes de morir. Deberíamos formularnos preguntas importantes como ¿qué significa nuestra libertad?, ¿la tenemos para cumplir nuestros deseos o debemos preguntarnos de dónde vienen nuestros deseos? Porque a veces vienen de nuestra herencia patriarcal.