Un grupo de turistas se dirige en caballo a las pirámides de Egipto. / G. Martín Aparicio

Egipto, un lugar subterráneo

Las tres pirámides de Giza son el horizonte icónico del país, la única de las siete maravillas de la antigüedad que todavía se mantiene en pie

GALO MARTÍN APARICIO

El Cairo es la puerta de entrada a Egipto, el país que el Nilo divide en dos. La capital es una ciudad inabarcable, nerviosa y densamente poblada, atravesada por ese río que, a esta altura de su recorrido, se abre como un abanico. Sus veintidós millones de habitantes no paran de moverse, ya sea andando o conduciendo como si les hubieran vendado los ojos. En las calles, la polución y los cláxones de los coches se retan a ver quién contamina más. El Cairo suena a uñas rotas arañando una pizarra. Ese ambiente denso y esa acústica desafinada choca con la tranquilidad que emana de los cafés en los que los cairotas se relajan mientras toman té y/o café turco entre calada y calada de una pipa de agua.

La plaza Tahrir es su corazón. La madre de todas las plazas, dicen los egipcios. Una enorme glorieta en la que desembocan las principales arterias de la ciudad, dos líneas de metro y las reivindicaciones de sus habitantes. Es imposible imaginársela vacía. En torno a esta gran rotonda hay edificios de estilo art déco y orientalista construidos a principios del siglo XX y algunos de los principales museos de la ciudad.

El Museo Egipcio de El Cairo, un gran edificio rosado, tiene que ser la primera parada en un viaje a Egipto. Atesora todo lo que se necesita saber sobre la cultura de los faraones. Su colección es tan amplia que abruma. Se puede ver en una hora o en veinte años. Los mismos que se lleva esperando a que se inaugure el nuevo Gran Museo Egipcio, junto a la necrópolis de Giza. Está previsto que lo haga en 2020 y va a ser espectacular por fuera y por dentro. Fachada triangular de 800 metros de largo y 40 de alto para dar cobijo a una estatua de Ramsés II de 80 toneladas de peso y 11 metros de altura y 45.000 obras de arte, de las que 25.000 nunca antes se habían expuesto. 5.000 de esas piezas proceden de la tumba de Tuntakamón.

Las tres pirámides de Giza, la pirámide de Zoser y una vista de la ciudad de El Cairo. / G. Martín Aparicio

Las tres pirámides de Giza son el horizonte icónico del país. La única de las siete maravillas de la antigüedad que todavía se mantiene en pie y el lugar más visitado de Egipto. Muy cerca de esta necrópolis se encuentra la de Sakkara, en la que hay pirámides, mastabas e hipogeos. Las pirámides de este lugar en vez de ser lisas como las de Giza, son escalonadas. La de Zoser es la más fotografiada.

Luxor y el Valle de los Reyes

Nilo arriba, en un pronunciado recodo que hace el río, se encuentra Luxor. La ciudad, heredera de la antigua Tebas, se asienta en la orilla oriental del Nilo. Hay templos y tumbas en los dos márgenes del Nilo, río que se puede cruzar a bordo de una falúa, embarcación típica de vela en estas aguas, en un transbordador a motor o en taxi, atravesando un puente.

Los fastuosos palacios de los faraones y las viviendas de las clases humildes se construyeron con tierra cruda. Que acabaran derribados unos y otras era cuestión de tiempo. Sin embargo, las tumbas excavadas en las laderas de las montañas y los templos levantados en las riberas se construyeron con piedra. Estaban concebidos para ser eternos. Dentro de la ciudad se conservan restos del templo de Luxor, una construcción de 260 metros de largo que dos grandes estatuas custodian. Junto a ellas hay un obelisco, el otro que debería hacerle compañía está en la plaza de la Concordia de París. Enfrente de la fachada del templo arranca una avenida de esfinges que en el pasado se prolongaba hasta el vecino templo de Karnak.

El templo de Deirel Bahari, el Valle de los Reyes y el templo de Luxor. / G. Martín Aparicio

En la orilla occidental se encuentra el Valle de los Reyes. Las laderas que lo rodean albergan los hipogeos en los que se hicieron enterrar los faraones a partir de la dinastía XVIII. Estos reyes renunciaron a construir pirámides para su reposo eterno y optaron por la discreción de este tipo de enterramientos. Su idea era evitar los saqueos por parte de los salteadores de tumbas. A los faraones les gustaba enterrarse con sus enseres, la mayoría de ellos muy valiosos. Este valle desértico parecía un buen lugar y seguro, pero finalmente la mayor parte de las tumbas fueron profanadas y desvalijadas. La de Tutankamón conservó su tesoro hasta 1922. El dibujo de los hipogeos del Valle de los Reyes es muy parecido en todos los casos. Son muy profundos, con pasadizos de hasta 150 metros de largo e inclinados, jalonados con cámaras intermedias que conducen a la cámara mortuoria. Muy similares a las palentinas minas de carbón de Barruelo.

Otra sorpresa excavada al pie de un barranco es el templo Deir el-Bahari. Su fachada recuerda a las grandes y sobrias construcciones soviéticas o a los Nuevos Ministerios de Madrid.

El Sinaí y el Mar Rojo

La península del Sinaí forma parte de Egipto desde la época de los faraones, sin embargo, se diferencia del resto del país a nivel geográfico y humano. Este anexo egipcio se encuentra en Asia, en vez de en África, como el resto del territorio nacional, y la población beduina que lo habita está más cerca de los saudíes o jordanos que de los egipcios. La península del Sinaí se acomoda a orillas del Mar Rojo, entre los golfos de Suez y de Aqaba. En ella, en vez de ciudades antiguas lo que hay son montañas. Entre el Monte Sinaí, que mide 2.285 metros, cima a la que peregrinan miles de personas, y el Monte Catalina, que mide 2.642 metros, altura que le convierten en el más alto de Egipto, se esconde un monasterio en mitad del desierto arábigo.

Sus playas y su fondo marino son el gran reclamo de este lugar de Egipto. Las zonas más próximas al mar son una sucesión de construcciones sin terminar que dan al lugar un aspecto desasosegante. Los resorts y los centros de buceo, los imanes que atraen a los turistas, están en Suez, el Parque Nacional Ras Mohammed, la bahía de Naam, Sharm el-Sheikh, Dahab y Nuweiba. En el sur del Mar Rojo, en la orilla africana, los centros vacacionales son: Hurghada, Bur Safaga, Al Quseir y Marsa Alam.

Un puente sobre el Mar Rojo, una vista del río Nilo y el interior del templo Deirel Bahari. / G. Martín Aparicio

En Egipto no falta ni arena ni agua. Si el Nilo se navega, los mares Mediterráneo y Rojo se bucean. La costa del Mar Rojo alterna acantilados con playas de grava. Es un golfo del océano Índico, mide 2.200 kilómetros de largo y alcanza los 2.000 metros de profundidad, lo que le da a sus aguas una gran riqueza y nutrientes que alimentan a sus corales e incita a los submarinistas a bucearlo.

En el mar Mediterráneo no hay ni arrecifes de coral ni una fauna marina sobresaliente. En el fondo de sus aguas se pueden ver los restos de la vieja Alejandría, ciudad fundada por Alejandro Magno en el año 331 a. C. Los restos de aquella magnífica urbe se encuentran bajo el agua: el faro, obeliscos, columnas, cimientos de edificios, efigies, colosales estatuas, monedas, objetos de uso cotidiano, etc. se encuentran cubiertos por sedimentos que los protegen del agua salada. Una experiencia que pueden disfrutar los aficionados al buceo y a la arqueología. En Egipto casi todo lo valioso está bajo tierra o en el fondo del mar.

Guía práctica

Las mejores opciones para volar a El Cairo son con Egyptair, Turskish Airlines e Iberia. La compañía egipcia vuela desde Madrid y Barcelona de manera directa a la capital de Egipto, desde donde conecta con Luxor, Sharm el-Sheikh y Hurghada. Más información en ww.egyptair.com. La aerolínea turca vuela desde Madrid y Barcelona a El Cairo y/o Luxor, vía Estambul. De manera gratuita ofrece a sus pasajeros la posibilidad de disfrutar de un día en Estambul. Más información en www.turkishairlines.com. Iberia en 2020 vuelve a operar vuelos directos a El Cairo. Más información en www.iberia.com

A la hora de dormir la cadena española Barceló ( www.barcelo.com) cuenta con varios hoteles en Egipto. El Barceló Pyramids, en Giza, es un hotel moderno, con todas las comodidades de una gran cadena internacional y con el extra de que varios miembros del personal hablan español. Tiene tres restaurantes, tres bares y una piscina. A orillas del Mar Rojo se encuentra el Barceló Tiran Sharm.

Hotel resort todo incluido a pie de una playa de aguas cristalinas con un asombroso arrecife de coral a poquísima profundidad. En Luxor el Hotel Al Moudira ( www.moudira.com) es un sueño oriental hecho hotel en la orilla occidental del Nilo, muy cerca del Valle de los Reyes.