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Berto Romero y Andreu Buenafuente son Nacho y el doctor Estrada en 'El otro lado'.
«No me llevo muy bien con las ficciones que se rebozan en el dolor»

Berto Romero

Creador, actor, guionista y cómico

«No me llevo muy bien con las ficciones que se rebozan en el dolor»

Estrena este jueves 'El otro lado' en Movistar Plus+, su segunda serie, en la que da vida a un periodista del misterio en horas bajas

Iker Cortés

Madrid

Miércoles, 22 de noviembre 2023, 23:34

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Las tres temporadas de 'Mira lo que has hecho' ya dejaron bien claro que Berto Romero (Cardona, 49 años) tenía mano a la hora de escribir ficción. El cómico regresa ahora con 'El otro lado', una serie que desembarca este jueves en Movistar Plus+ y que aúna terror y comedia. En ella da vida a Nacho, un periodista del misterio en horas bajas al que se le presenta un caso que podría cambiarle la vida. La investigación le llevará remover oscuros secretos y rencillas con Gorka, un trasunto de Iker Jiménez, con el que trabajó en el pasado y que triunfa en la tele.

-¿Cómo nace 'El otro lado'? ¿Qué resortes se activaron en su cabeza para dar con algo como esto?

-Pues fueron varias cosas. Lo primero, una cierta reacción a lo anterior que había hecho, que era 'Mira lo que has hecho', que era muy autorreferencial y muy metalingüística. Quería salir un poco de ahí y hacer género, sobre todo también por las ganas de hacer algo más parecido a lo que me gusta a mí consumir, que es el cine de género, ya sea terror o ciencia ficción. También es verdad que empezamos a escribirla en octubre de 2020. La idea salió en plena pandemia y yo creo que la historia está un poco teñida de lo que vivíamos entonces: mucho terror, mucho miedo y mucha angustia.

-Cuiosamente, resulta muy difícil enmarcarla en un género. Es terror y comedia pero no es esa comedia terrorífica en la que el terror parece diluirse bajo el humor. ¿Les costó mucho encontrar el tono?

-Tardamos mucho, fue un proceso continuo y casi te diría que obsesivo de intentar encontrar el tono porque era la premisa básica. Se me metió en la cabeza que había algo inexplorado si mezclábamos los dos tonos, la comedia y el terror, lo más equilibradamente posible, y que podíamos encontrar algo que no se hubiera visto o que se hubiera visto poco. Luego el miedo era si esto era bueno o malo porque a lo mejor no se había hecho porque lo que te quedaba era una mediocridad absoluta. Pero por el camino encontramos un tono que yo creo que es muy particular y que es lo que ofrece como hecho diferencial.

-¿Pensaron en alguna película o alguna serie? Resulta difícil encontrar ejemplos similares.

-No, pensábamos en referentes para cada uno de los géneros. Yo creo que en la comedia el referente era la propia 'Mira lo que has hecho', el tipo de comedia que habíamos encontrado, muy naturalista, intentando que los personajes hicieran comedia chocando entre ellos, pero no forzándola. Y en cuanto a terror, teníamos en la cabeza referentes de cine de los setenta o de los primeros ochenta para las 'set pieces' o para el tono con películas como 'Al final de la escalera', 'El Ente' o 'El resplandor'.

-Decía antes que la serie es una reacción a su anterior trabajo. ¿Se ha sentido alguna vez encerrado en la comedia? ¿Podría acabar haciendo un drama?

-No hay un plan preestablecido, no soy una persona que tenga un plan. Lo que sí soy es bastante contradictorio de carácter y, entonces, cuando se prevé que voy a hacer una cosa, intento hacer algo un tanto distinto, pero casi por huir del aburrimiento. Nunca he rehuido de la comedia, todo lo contrario, pero cuando se me plantea la posibilidad de hacer ficción, para aprender y crecer me ha apetecido buscar en otros géneros. Y lo bonito de que me hayan dado libertad para hacer lo que quisiera, que esto lo tengo que agradecer al equipo de Movistar y también a la propia gente de El Terrat, es que te puedes arriesgar y creo que eso es lo que tengo que hacer en los trabajos que lidero porque fuera no me lo van a proponer.

-¿Qué cree que hace el cine de género tan especial?

-Es una cuestión de gusto personal, a mí es el que más me gusta y es algo que me sale solo. Si tengo que escoger una película y veo que hay una de terror o de ciencia ficción y siempre la voy a escoger antes que ver comedia, de la que no soy un gran consumidor.

María Botto, en un fotograma de la ficción.
María Botto, en un fotograma de la ficción.

-¿Se parecen en algo la comedia y el terror?

-Me parece que, y esto se lo escuché decir en una entrevista reciente a Jordan Peele, que quién va a saber más de esto que el auténtico tótem en esto de mezclar comedia y terror, son géneros medio primo-hermanos, tienen un mecanismo parecido. Se trata de crear una situación, hacerte cómodo en ella, creer que la controlas y entonces subvertirla de golpe. En un caso provoca una carcajada, en el otro, un susto, pero son parecidos. Es verdad que luego cuando los mezclas te das cuenta de que son jodidos porque a veces se anulan el uno al otro.

-La ficción rebosa cariño por los temas del misterio. ¿Era oyente de programas como 'La rosa de los vientos'?

-Totalmente. Yo entro en esto ya un poquito de mayor. Revistas como 'Más allá' o 'Enigmas' nunca leí, pero cuando entré en la radio, durante quince años de mi vida, consumí todos los programas y les tengo mucho cariño. Yo creo que los escuchaba casi como otra forma de ficción, como el que escucha relatos fantásticos o de terror, más que como un creyente. Creo que me fui quedando un poco con la música, con cómo era todo el ambiente, cómo eran ellos, cómo hablaban... Y he querido también, de alguna manera, rendir un homenaje a gente que me ha estado entreteniendo durante mucho tiempo. Esa es una de las razones por las que no entramos con el cuchillo a reírnos de, sino a reírnos en ese ambiente.

-Hay muchos detalles que solo apreciarán quienes hayan consumido estos temas del misterio. ¿Han necesitado documentarse mucho o han tirado del recuerdo?

-No hemos investigado absolutamente nada. Todo ha salido de la propia experiencia como consumidor de estos productos que he tenido yo. Y no hemos investigado nada también como decisión consciente porque no queríamos hacer un retrato ni exhaustivo ni realista. Lo único que queríamos es que pareciera realista. Esto también es una lección aprendida de 'Mira lo que has hecho'. La idea entonces era representar mi vida para que pareciera lo más real posible, siendo prácticamente inventado en su totalidad. Y aquí hemos hecho lo mismo con este mundillo, al que no pertenezco. Es la visión de un fan.

-Pregunta obligada, ¿cree en el más allá?

-No. Es que no creo en creer, porque creer es dar por buenos hechos sin pruebas y eso a mí no me interesa mucho. Tengo una cabeza mucho más científica o cartesiana y no creo. Y además me da la sensación de que probablemente no haya nada y que la creencia en esto sea un gesto desesperado de terror ante la posibilidad de que cuando nos vayamos ya no haya nada más. Es también una muestra de lo pesado que es el ser humano. Mira el fantasma, o sea, no tienes bastante dando por culo toda una vida que después de muerto tienes que seguir, me parece fortísimo eso.

Tres fotogramas de la serie.
Imagen principal - Tres fotogramas de la serie.
Imagen secundaria 1 - Tres fotogramas de la serie.
Imagen secundaria 2 - Tres fotogramas de la serie.

-Coescriben la serie junto a usted Rafel Barceló y Enric Pardo. ¿Cómo se organiza un guion a seis manos?

-Yo creo que cada equipo genera sus propias dinámicas. Nosotros hemos creado una dinámica de trabajo muy constructiva y muy interesante en la que yo ejerzo de líder y voy guiando a mi pueblo, que es mi equipo de guionistas, a través del desierto (ríe). Ellos en un ejercicio de confianza me siguen y van poniendo orden a todo lo que va saliendo primero de mi cabeza y luego compartido en la suya. Es un proceso donde cada uno aporta y que está muy engrasado, la verdad. La época de escrituras es de las que recuerdo con más cariño de todos los procesos creativos de estas series.

-El trabajo de Andreu Buenafuente como el espectro del doctor Estrada, mentor del protagonista y anclado en los ochenta, es espectacular. ¿Se escribió ya con él en la cabeza?

-Por mi parte fue la única imposición, el proyecto venía con Andreu y conmigo, para el resto de personajes no había ninguna idea. Porque es que era otra de las ideas de las que nació la serie: mi voluntad de querer trabajar con Andreu otra vez, de escribir un vehículo para la pareja cómica, esta vez controlado por mí, y además que me parece que en una historia de mentor y alumno, en la cual el maestro lo tiene totalmente atenazado y agobiado, tenía mucha guasa que lo interpretáramos nosotros dos por los ecos que podía despertar en los espectadores.

-¿Tiene Buenafuente algo de ese tipo caduco al que le cuesta aclimatarse a los nuevos tiempos o no?

-No, no. Andreu precisamente es todo lo contrario, es un tío que intenta vivir su tiempo y adaptarse y no es para nada así. De hecho, le daba cierto pudor interpretarlo. Todo el rato decía: «Hombre, es que esto que digo es cancelable». Bueno, esa es la gracia también que el personaje es otro tipo de masculinidad, es la masculinidad de nuestros padres. «Esto es el patriarcado feliz, así que disfruta», le dije (ríe).

-Forman una de las parejas televisivas y radiofónicas más longevas. ¿Cuál es el secreto?

-Pues mucho respeto mutuo y esta serie es un ejemplo. Este es mi proyecto, el viene, se pone a mi disposición. Yo cuando he estado trabajando para él, en sus programas, igual. Cuando hacemos algo mano a mano, como en el 'Nadie sabe nada', los dos estamos en primera línea mirándonos de cara. Hay mucha generosidad y mucho cariño. Y luego también es que a mí me sigue haciendo mucha gracia él. Yo creo que es la persona con la que más me río. Y creo que al revés también es así, creo que es mutuo, y eso es el equivalente en las parejas a te sigo queriendo. O sea, es fantástico.

-¿Cómo convive con este tiempo de cancelaciones y esos comentarios de «es que antes había más libertad»?

-Pues lo vivo adaptándome a ello. Es que además el oficio de cómico tiene que ser muy poroso a los cambios sociales porque los cómicos somos como el canario en la jaula en las minas de grisú: vamos delante y cuando el cómico cae es que se ha pasado y ha tocado algo que no debía. Pero es parte del oficio y para mí representa un estímulo. Yo no soy de los que dicen que es que antes te podías reír de todo. Tú estás trabajando conectado con tu sociedad y si la sociedad cambia tienes que evolucionar para hacer chistes de cómo la sociedad cambia. Y ya está. El resto me parece que es estar anclado en un mundo que ya no te pertenece. Es lo que hay, básicamente. Además no me parece mal que nos hayamos vuelto más reflexivos, incluso a riesgo de pasarnos un poco de reflexivos. Esto puede ser un péndulo y ahora igual se está yendo al otro lado y ya volverá, pero lo que buscamos es estar en el sitio justo y equilibrado.

-¿Qué debilidades y qué fortalezas se ha visto escribiendo sobre terror?

-Pues debilidades todas porque es la primera vez que lo hacía y entonces iba con pies de plomo. Y fortalezas no lo sé, creo que no soy el más indicado para señalarlas, si es que existen. Yo lo que me he sentido es cómodo por la libertad creativa que hemos tenido y todo lo que hemos podido probar. Lo hemos hecho y hemos aprendido mucho en el camino. Al final para mí es eso, porque ahora se pone la serie, si va bien se hablará una semana, si va mal se hablará dos y ya está (ríe).

-En la serie hay una crítica a la falta de honestidad y también al viraje que han dado ciertos periodistas del misterio, que de repente se han puesto a hablar de salud y política.

-Yo creo que la serie, más que eso, lo que presenta es una crítica al neoliberalismo salvaje y a la precarización de todo. Y en el periodismo funciona de esa manera: todo vale, el fin justifica los medios, por la audiencia hacemos lo que haga falta y administramos la información y hacemos un poquito lo que nos da la gana. Yo creo que todo viene de ahí. Y luego también se habla de la espectacularización del periodismo. Cuando el periodismo se convierte en espectáculo, todo se puede acabar convirtiendo en un espectáculo y todo el mundo puede hablar de todo. No sé, creo que la serie tampoco juzga ni critica demasiado porque ese tipo de periodismo al final no acaba mal en la trama. De hecho, les va de puta madre y una de las tesis de la serie es que para funcionar en el mundo en el que vivimos tienes que ser más como Gorka que como Nacho, pero es lo que hay y el mundo en el que vivimos.

-¿Sabe si la ha visto ya Iker Jiménez?

-No se la hemos pasado porque no voy a ir de entrevistado al programa. Hubiera sido un poco extraño. Todavía no hace críticas televisivas, pero como va a abarcando ambitos distintos en el periodismo, probablemente lo haga (ríe).

-El giro del último episodio, siendo bastante jugoso, se resuelva en apenas un par de minutos. ¿Por qué?

-Porque no queríamos hablar de ese tema. Es, de hecho, otra de las masculinidades de las que habla la serie, pero no queríamos entrar ahí y no queríamos rebozarnos en el drama, a mí me parece un poco impúdica la exhibición. Se habla siempre de los límites de la comedia, yo no los tengo muy claros; los que sí que tengo muy claros son los del drama, el 'torture-porn' y la prostitución emocional son algo que a mí no me gusta nada y no me llevo muy bien con las ficciones que se rebozan en el dolor como argumento para ser más supuestamente profundas. Queríamos, precisamente, eludirlo.

-A lo largo de la serie, ocurre en más ocasiones.

-Hay una serie de temas, sobre todo relacionados con el género, que la serie se dedica a plantear y eludir. También, por ejemplo, hay un momento en el que supuestamente parece que tenemos que ir a parar a la relación sentimental entre el protagonista y la mujer principal de la función y precisamente hacemos un chiste en eso. O sea, damos la vuelta a la relación sexual para que sea al revés de lo que hemos visto mil veces y luego, deliberadamente, que no vaya a nada, porque los personajes, incluso en algún momento, parece que quieren que eso continúe y se les niega, pero es una decisión consciente.

-Es un final abierto, ¿habrá más temporadas?

-El final deja la puerta abierta a Nacho y es lo que queremos que le pase, algo que no estaba tan claro durante el proceso de escritura del guion. Mientras lo escribíamos, durante mucho tiempo, dudábamos de si Nacho iba a salir con vida o no de esta historia y queríamos que el final fuera positivo y que fuera en alto, pero no tengo yo muy claro si hay que seguir con este hombre.

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