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Alicent y Rhaenyra, cara a cara. / RC

Crítica del episodio 6 de 'La Casa del Dragón': la (otra) guerra de los bastardos

Han pasado diez años y Viserys sigue vivo. La rivalidad entre Alicent y Rhaenyra es más patente que nunca y ambas están dispuestas a todo para hacerse con el Trono

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDA Valencia

Llegó el gran cambio que todos estábamos esperando. Desde el principio sabíamos que los saltos temporales serían frecuentes en esta serie y que eso acarrearía modificaciones en el elenco inicial de actores. El episodio 6 nos presenta a las dos actrices que a partir de ahora encarnarán a Rhaenyra y Alicent, ya crecidas y completamente enfrentadas por el Trono de Hierro, Emma D'Arcy y Olivia Cooke. Y, pese a que sabíamos que este momento llegaría, es inevitable lamentar que ya no vayamos a disfrutar de las jóvenes intérpretes que hasta ahora han defendido (muy bien) estos personajes.

Aunque nosotros conocimos antes a Milly Alcock y Emily Carey el casting de la serie se inició con las actrices mayores y en función de sus características buscaron a las que iban a retratarlas en su juventud. Y ese trabajo se hizo bien, ninguna de ellas desentona con sus antecesoras. No es el único cambio de caras al que nos tendremos que acostumbrar a partir de ahora en la serie de HBO. Laenor y Laena Velaryon cuentan para su edad adulta con nuevos intérpretes, John Macmillan y Nanna Blondell.

El reparto original no solo se transforma, también aumenta. El hecho de que estos personajes se conviertan en adultos acarrea que hayan tenido descendencia y esos jóvenes forman parte ahora del universo de los Tronos. En torno a todos ellos gira este nuevo capítulo, el sexto de la primera temporada. Son niños todavía, pero sus vidas ya están sentenciadas por las decisiones, errores y ambiciones de sus padres. Y poco podrán hacer para escapar de ese destino.

Alicent y ser Criston en el episodio 6. / RC

El capítulo comienza con un parto, el de Rhaenyra, que nos recuerda al de su madre. Aunque este es mucho más sencillo que aquel y acaba de mejor manera. En cuanto la princesa da a luz una sirvienta le informa de que la reina Alicent quiere ver al bebé. Desafiante, y pese a los dolores, es ella misma la que acude hasta sus aposentos para enseñárselo, consciente de que su petición responde a otros intereses. Pasan los años y nada consigue amedrentar a la princesa.

En concreto han transcurrido diez años desde la boda entre Rhaenyra y Laenor. En este tiempo la rivalidad entre la princesa y la reina se ha mantenido firme y las ha distanciado totalmente. Cuesta reconocerlas. De la Alicent apocada y frágil apenas queda nada. Ha ganado poder en la corte (viste siempre de verde, por cierto, por lo que entendemos que su ánimo de guerra no ha descendido) y no duda en buscar aliados para afianzar su lugar y dejar fuera del tablero a la que fuera su amiga. Esta es consciente de la furia que despierta en la reina y tratará de protegerse de sus ataques.

Los ataques de Alicent

¿Pero cómo podría atacar Alicent a Rhaenyra? Pues con sus propios hijos. El parto al que hemos asistido es el del tercer retoño de la princesa y al igual que los anteriores nace con una cabellera morena, sin rastro del particular color platino de los Targaryen y los Velaryion. La reina no tarda en hacerlo constar, pese a que es un tema tabú en la Fortaleza Roja. Quizá porque todos sepan a qué se debe. Los espectadores no tardamos en enterarnos, en cuanto somos conscientes de la complicidad que existe entre la heredera del Trono y Harwin Strong, miembro de la Guardia Real. Los rumores de que los tres hijos de la princesa, Jacaerys, Lucerys y Joffrey, son, en realidad, de su fiel caballero en lugar de su esposo amenazan su futuro, incluso su condición de heredera.

Alicent está desesperada ante la actitud del rey Viserys, que se niega a reconocer los escarceos de su hija y prefiere vivir en la mentira. Mientras tanto se empeña en mantener unidos a sus hijos (ha sido madre también de una niña) y en convencer al mayor, Aegon, de que actúe como un futuro rey y no como un niñato malcriado. A su lado están ser Criston Cole, que se ve inmerso en una pelea con Harwin Strong; y Larys Strong, que va más allá y maquina para que su padre y su hermano terminen muriendo calcinados por un incendio en su castillo. Son aliados del bando de los verdes, puesto que ya vemos que no tienen escrúpulos para conseguir lo que desean. Ante el acecho de estos Rhaenyra decide refugiarse con los suyos en Roca Dragón.

Rhaenyra, su esposo y su hijo recién nacido. / RC

El otro punto neurálgico del capítulo se ubica en Pentos. Allí se alojan como invitados Daemon Targaryen y su esposa, Laena Velaryon, que está embarazada. Ya tienen dos hijas en común. Y estas sí lucen cabellera rubia. Aquí no hay resquicio de dudas sobre su origen. Los problemas en esta pareja residen en lo que cada uno espera de la vida. Mientras a él le seduce vivir en una ciudad libre, lejos de las luchas de poder de Poniente, ella desea regresar a casa para que su futuro hijo se críe en el lugar donde ella creció. Sin embargo el parto no discurrirá como debe y el bebé se niega a salir, lo que pone en peligro a ambos. Consciente de ello Laena toma una dolorosa decisión, acabar con su vida. Y lo hará con ayuda de su dragón, Vhagar, el más grande de cuantos quedan vivos. El animal acatará la orden de su ama y terminará quemándola.

Posiblemente este haya sido el episodio en el que los dragones hayan tenido mayor protagonismo en lo que llevamos de temporada. No solo por Vhagar, esa bestia legendaria de la que habíamos oído hablar pero no habíamos visto y que volando junto a Caraxes, el dragón de Daemon, propician un espectáculo inolvidable. Sino también por Vermax, un animal todavía pequeño que está siendo adiestrado para que el hijo mayor de Rhaenyra sea su jinete. Además hemos conocido que Aemond, segundo hijo de Alicent, no dispone de dragón (no todos los huevos eclosionan) y eso lo convierte en objeto de burla por parte de su hermano.

'La Casa del Dragón' ha encontrado definitivamente su tono. Va más directa a los acontecimientos de lo que lo hacía su antecesora, que prefería dar más vueltas. Aquí los conflictos se atajan enseguida y de manera sencilla (demasiado incluso). La serie tiene prisa por presentar a todos los personajes y sus motivaciones con el fin de que la pelea entre verdes y negros se desate cuanto antes. Al rey le queda nada y todos deben estar preparados para lo que eso supondrá.