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Galadriel, en el capítulo 3 de 'Los Anillos del Poder'. RC
El Señor de los Anillos en Amazon | Crítica del episodio 3 de 'Los Anillos del Poder': Bienvenidos a Númenor

Crítica del episodio 3 de 'Los Anillos del Poder': Bienvenidos a Númenor

El capítulo asienta definitivamente las bases de la historia coral y subraya su mensaje: la unión hace la fuerza. Solidaridad, tolerancia y hermanamiento frente al mal

Viernes, 9 de septiembre 2022, 10:57

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'El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder' ha pulverizado récords en la era del streaming. 25 millones de visualizaciones, una cifra estratosférica, tan solo en un día, el de su esperado estreno, y de ahí para arriba. No han tardado en aparecer voces discordantes que sienten que el honor de Tolkien ha sido mancillado, lo que era de esperar, aunque los ataques a su reparto inclusivo desde perfiles anónimos han empañado un éxito evidente hasta el punto de que el equipo técnico y artístico de la película han lanzado un comunicado en contra del racismo que esgrime un sector de Internet que cree vivir en otro planeta, en una realidad paralela (y probablemente no ha leído con profundidad el material de partida). Una frase de esta carta viralizada resume de manera contundente lo que en pleno siglo XXI debería de ser un mantra: «Tolkien creó un mundo que, por definición, es multicultural». Así, es y así seguirá siendo.

La cultura popular siempre ha reflejado lo cambios en la sociedad y el medio audiovisual no va a ser menos. La imaginería del alabado escritor no queda mal parada en las tres entregas que hemos visto de la serie hasta a fecha. La estética es claramente deudora del trabajo de antaño de Peter Jackson, no lo oculta, y mima al máximo la estética en detrimento de unos diálogos no del todo trabajados, quizás lo más flojo de un conjunto cuyo ritmo ha sido criticado, en lugar de ser alabado en los tiempos que corren, donde estamos perdiendo peligrosamente la capacidad de concentración frente a la pantalla.

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Analizar las luces y sombras de este tercer capítulo, ya situados, nos permite tirar, inevitablemente, de spoilers. Quien todavía no haya degustado el material disponible en Prime Video se la juega a partir de aquí. Empezamos fuerte hablando del personaje más enigmático hasta el momento de 'Los Anillos de Poder', el individuo amnésico con pinta de vagabundo que cayó del cielo como un meteorito, interpretado por Daniel Weymar ('Treadstone').

Imagen del tercer episodio.
Imagen del tercer episodio. RC

Las teorías han corrido como la pólvora por la red, pero todavía no queda del todo claro que pueda ser el luminoso Gandalf, uno de los pocos personajes aparentemente rescatables, junto a Elrond y Galadriel, respecto a las adaptaciones de Jackson. De momento sigue sin estar clara su identidad, los guionistas están exprimiendo este acertijo, porque su aspecto, maneras y posibles poderes apuntan a que sea el famoso hechicero. Puede ser un «maiar», un ser espiritual que ya describió Tolkien en 'El Silmarillion', y hay quien se empeña en citar al mismísimo Sauron, el Señor Oscuro. Sin duda, están jugando hábilmente con el espectador y la memoria colectiva. Las referencias son obvias, pero quizás haya un giro inesperado. Es uno de los muchos ases en la manga de cara al final de la temporada.

Significado de la marca de Sauron

El último episodio de la saga asienta definitivamente las bases de las historia coral, con cinco temporadas por delante y un final cerrado. Describe nuevos personajes fundamentales y abre varias vías por las que transitar. Entre las muchas revelaciones, sabemos cuál es el significado de la marca de Sauron y se descubre la identidad del hombre misterioso que aparecía a contraluz en un barco al final de la anterior entrega. Se trata de Elendil, nombre traducible como «El que ama las estrellas» o «El amigo de los elfos», bastante significativo. Como algunas teorías avanzaban, es el padre de Isildur, «El sirviente de la luna», otro rol esencial en el desarrollo de los acontecimientos sobre el cual va a apoyarse parte de la acción. Sin embargo, no parece ser quien ocupe el puesto de Aragorn. Se postula más el ladrón Halbrand, a quien pone rostro Charlie Vickers ('Palm Beach'), el náufrago que ayuda a Galadriel en alta mar. Esconde algo oscuro en su interior y muestra una furia desatada inesperada en la calles de Númenor, ciudad a la que van a parar tras ser rescatados en medio del peligroso océano.

La presentación de Númenor, un lugar paradisíaco, es espectacular. El realizador británico Wayme Che Yip recoge el testigo tras las cámaras de J. A. Bayona, que ya marcó el tono de la propuesta la pasada semana. Director más que curtido en el ámbito de las series -luce en los créditos de títulos de culto como 'Misfits', 'Utopia', 'Dirk Gently' o 'Doctor Who'-, emplea con gusto el formato panorámico, con un despliegue de medios evidente, acompañado por la música de Bear McCreary. Aquí es cuando se nos pasa por la cabeza, una vez más, el hecho de no poder ver tan grandiosas imágenes, y los paisajes fastuosos, en pantalla grande.

El diseño de vestuario también es llamativo, no hay peros en este sentido. En este brillante escenario somos testigos de la alianza rota antaño entre elfos y humanos, uno de los escollos que deberá solventarse para enfrentarse, todos a una, al mal que está pudriendo los cimientos de la Tierra Media. La épica empieza a asomarse, algo hortera, y queda subrayado el mensaje que vertebra el relato. Hay un claro trasfondo sobre la migración y los personajes jóvenes, Galadriel, Nori e Isildur, no aceptan las reglas. Gracias a su rebeldía se liberan ataduras. La sociedad avanza gracias a la tolerancia, al sentimiento de unión y comunidad, y a aquellas personas que buscan otros caminos. En definitiva, resulta vital ayudarse los unos a los otros. Queda presente el espíritu de Tolkien, que vivió en primera persona los desastres de la guerra.

Otro aspecto a resaltar en la tercera entrega de 'Los Anillos de Poder', cuyos diálogos mejoran, es la descripción definitiva de lo orcos y sus características, incluyendo su animadversión a la luz del sol (Bayona ya había mostrado un especímen empleando los códigos del cine de terror). El maquillaje, las prótesis y el látex, son magníficos. Adiós al CGI hasta que irrumpe en acción un terrible «wargo» de dientes afilados que corona una escena de pelea muy resolutiva que avanza lo que pueden dar de sí las grandilocuentes batallas, para las cuales se nos está preparando como espectadores (¡ya llegarán!).

La historia está conformada por varias subtramas, varios puntos de atención, que confluirán en un cruce emotivo y cruento que puede dar mucho de sí. Los pelosos también tienen su momento, reforzándose su carácter huidizo y neutral. Se esconden y huyen del conflicto -maravilloso cómo se camuflan-, pero la audaz Nori va por otro sitio. Las Tierras del Sur están en peligro. La sombra de Sauron se alarga... ¿y quién es Adar? A contraluz su semblante cierra el capítulo. Es aliado de las fuerzas del mal. Parece tener forma humana, ¿quizás es un elfo renegado? ¿Veremos a Tom Bombadil?

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