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Toni y Antonio, en un momento clave del episodio 3 de 'Cuéntame' TVE
Crítica del episodio 23x03 de 'Cuéntame': Las primeras compras con el dinero de la herencia

Crítica del episodio 23x03 de 'Cuéntame': Las primeras compras con el dinero de la herencia

Dos de los hermanos aceptan el dinero de sus padres y Toni emprende un viaje a Sagrillas, el balneario curativo de los Alcántara

M. Hortelano

Valencia

Miércoles, 1 de noviembre 2023, 23:20

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'Cuéntame' nos ha dado esta semana un respiro emocional, con el tercer episodio de la última temporada de la serie, dedicado a Toni, el hijo abogado y periodista de los Alcántara. Él es, sin duda, uno de los personajes que deberían aparecer en los libros de Historia de España, porque ha sido testigo directo de muchos de los principales acontecimientos del país y del mundo en la serie. En estos 22 años, Toni ha corrido delante de los grises, ha contado la caída del muro de Berlín, el 23-F o la guerra de Iraq en primera persona. Pero también ha sido testigo del mítico «Si me queréis irse», de la boda de Lolita en Marbella y ha firmado el anuncio del Doberman con el que el PSOE perdió las elecciones del 96. Así se titula, de hecho, el capítulo: Toni, 'El testigo'. Un recorrido por la vida del Casanova de la familia. El novio de Marta, Clara, Mila, Juana, Sonia, Cecilia Ángela, Melek y, por fín, Débora. Porque la historia de Toni no se cuenta sin las mujeres que siempre han rodeado al periodista de raza. Al defensor de las causas perdidas, al revolucionario y al hijo que siempre ha ido por delante, bajo la interpretación de Pablo Rivero.

Para cerrar el círculo de la historia del mayor de los Alcántara, uno de los principales protagonistas de las 23 temporadas, viajamos a Sagrillas. Esa especie de clínica Buchinger a la que Carmen Sevilla iba a adelgazar y los Alcántara peregrinan cada vez que tienen que lamerse las heridas. Al pueblo de Albacete acudió Mercedes a recuperarse del cáncer de mama que pasó en la temporada 13. También Carlos, en la temporada 19, para superar la adicción a la cocaína que arrasó con su vida personal y laboral. Y ahora, Toni, pisará la tierra de los Alcántara, en sentido más literal, para recuperar las ganas de vivir tras un susto de salud. Ya lo dice su padre, Antonio, en un momento del episodio: «Cuando un Alcántara está mal, lo mejor que puede hacer es acercarse al pueblo». Es el lugar donde el contador de la vida de la familia se pone a cero. Una suerte de Lourdes.

María, en el inicio del movimiento Manos blancas
María, en el inicio del movimiento Manos blancas TVE

Estamos en la España de 1996, en vísperas de las elecciones generales con las que José María Aznar puso fin a catorce años de gobiernos de Felipe González. Un país marcado por la crisis económica, la corrupción y ETA. Días en los que la banda terrorista acaba de matar a Fernando Múgica y tiene secuestrado a José Antonio Ortega Lara. María, la pequeña de los hermanos, vive de cerca el asesinato del profesor Francisco Tomás y Valiente, a pocos metros del aula en la que ella mantiene una reunión estudiantil para tratar de incrementar la partida de educación en los presupuestos. Y de ese asesinato, monta con sus compañeros el movimiento Manos Blancas, a la puerta de la Autónoma, para condenar el atentado.

Toni Alcántara ha vuelto a Moncloa, para dirigir la campaña de Felipe. Las encuestas vienen mal dadas para el PSOE y el periodista, en la cumbre de su carrera, empieza a ver cómo se le escapa esta partida. De hecho, con los malos datos de un sondeo de Metroscopia empezamos a ver que Toni está somatizando el estrés de esos días en unas molestias en su mano izquierda. En ese contexto, tiene que negociar el debate electoral que debe enfrentar a un Felipe en horas bajas con un Aznar en la cresta de la ola. Un cara a cara que nunca se produjo porque al líder del PP no le hacía falta salir en la tele. Con dejar pasar las semanas le bastaba para ganar las elecciones. Hasta en la familia Alcántara habrá votantes de Aznar. En un recuento rápido en la paella de los domingos, que vuelve a la mesa para reunir por fin a toda la familia, se puede hacer un pronóstico. Los Alcántara, como la sociedad española, están divididos. Inés va a votar a Anguita. Oriol, Antonio, Débora y hasta Herminia se han subido al barco del PP. Y sólo Toni y su hijo, Santi (por su vínculo) van a votar al PSOE. Así que si la familia es siempre el reflejo de la España de la época, no es de extrañar que en marzo de 1996 Aznar ganara las elecciones sin tanta holgura como la vaticinada, pero con solvencia.

En esa comida familiar también descubrimos que la herencia sigue protagonizando las sobremesas del grupo y que uno de los hermanos, Carlos, ya ha recibido su parte, fuera del pacto que el resto no es capaz de cerrar por las reticencias de Inés. Con el dinero de la venta del chalet de Los Altos, se ha comprado un piso en Brooklyn. El resto, sigue a dos velas.

Los días de tensión siguen para Toni, que la noche electoral vivirá la derrota en primera persona y acabará sufriendo una angina de pecho que marcará su trayectoria personal y profesional. Con el susto, el periodista guarda reposo en su casa durante semanas, como todos alguna vez lo hemos hecho: en batín y con los magazines de la tele a toda hora. desde su sofá se vuelve hipocondriaco y comienza a controlarse las pulsaciones que le produce hasta un simple té. En uno de sus largos ratos de aburrimiento recibe la visita de Samuel, su eterno compañero de batallas periodísticas. El redactor de Diario 16 avista la crisis del sector de los medios y sentencia el futuro de los periódicos de papel. «La prensa digital es el futuro. La pasta va a estar ahí», le dice, y le ofrece ser su socio para montar una cabecera. Toni recoge la idea, pero no se decide porque permanece víctima del miedo que le provoca su nueva situación, aunque los médicos ya le han dicho que puede hacer vida normal. «Toni tiene un ataque de pánico a la vida», se llega a escuchar en la familia. Y por si no lo ha entendido, se lo recuerda Débora en una discusión a gritos en la que le pide que mueva el culo del sofá, que haga vida normal. «Todo lo que me gusta no lo puede hacer porque me mata», le responde él, pero las palabras de su mujer le acaban haciendo ver que aún le quedan muchas noticias por contar.

En Sagrillas, la Comisión Europea ha entrado como elefante en cacharrería con las subvenciones millonarias que ofrecía en la época a los ayuntamientos por arrancar viñas para fomentar otro tipo de cultivos. Así que Paquita, la nueva y flamante alcaldesa, está manos a la obra haciendo caja con los viticultores. Y Antonio, como propietario y bodeguero, es uno de los afectados. Así que se planta en el pueblo con Toni, esta vez con traje de abogado, para defender lo suyo. Allí, 'la loba', que es como se llama en la familia a Paquita, ya da muestras de que le ha cogido el gusto a la vara de mando. «Me estoy construyendo una casa en la ermita», dice. «¿Pero ahí se puede urbanizar?», le pregunta Toni. «Ahora sí», dice ella. En la conversación la alcaldesa le deja claro que por muy familia que sean, la decisión de Bruselas afecta a todos por igual. Así que a Antonio no le quedan más narices que deshacerse de algunas de sus vides.

Un momento de la conversación de Toni y su padre, en Sagrillas
Un momento de la conversación de Toni y su padre, en Sagrillas TVE

Antonio y Toni acuden al viñedo, el mismo que en 2020 verá morir a Antonio, como ya vimos en la temporada anterior. Y allí, el padre anima al hijo a descalzarse para sentir la tierra bajo sus pies. «Esta es nuestra tierra. Venimos de aquí. Todo lo que tenemos nos lo ha dado ella: las sales, los minerales, la vida… Todo viene de la tierra. Y cuando digamos chao pescao, el cuerpo nos pedirá tierra», le dice un Antonio que se mueve feliz entre sus cultivos. Allí analiza una por una sus viñas para elegir las más débiles y hacer de la necesidad virtud. Pero al intentar arrancar una, acaba quemando el embrague del coche y ambos se quedan tirados en el campo. Padre e hijo deberán hacer noche allí, en una caseta donde habitualmente guardan los aperos. Ahí se producirá una conversación importante para padre e hijo, llena de sinceridad, frente a un par de botellas de Cruz de Sagrillas y de Milano, las marcas de la casa. «La vida te ha dado otra oportunidad, Toni. Brinda por ti». Entonces le confiesa a su padre que verlo disfrutar en las viñas le ha hecho pensar en las cosas que a él lo llenan. «¿Qué te hace feliz a ti?», le pregunta su padre. «Ser periodista», responde, y le cuenta que Samuel le ha hecho una oferta para montar un periódico digital, pero necesita un dinero que no tiene. Y ahí vuelve a salir la herencia. Toni explica que ha sido gilipollas y por no enfrentarse a Inés se ha quedado sin su parte. Un dinero con el que podría haber comenzado un futuro en el periodismo, siendo su propio jefe. Así que Antonio lo anima a aceptar un pacto al margen de los hermanos. «Tú quieres hacer algo por ti mismo. Te daremos tu parte como se la hemos dado a Carlos». Tema zanjado. Pero, al salir de la caseta, en plena noche, Antonio se cae y se lesiona un tobillo. Así que al amanecer, Toni lleva a su padre a caballito durante kilómetros para tratar de encontrar cobertura y llamar a la Guardia Civil para que los rescate. Sin darse cuenta de que ha hecho todo ese camino sin acordarse de sus problemas de corazón.

Toni, reflexivo, en una conversación con su padre
Toni, reflexivo, en una conversación con su padre TVE

En la siguiente escena, ya en Madrid, vemos cómo Toni y Samuel han abierto Tribuna Digital en San Genaro, en el local en el que Antonio tenía la agencia de viajes. Suena 'Dónde estábais' de La Unión, para cerrar el episodio de Toni. Ahí, una perspicaz abuela Herminia se da cuenta desde el escaparate de que el hijo mayor de los Alcántara también ha recibido su herencia. Antes, en una conversación con Mercedes, que se ha visto obligada a cerrar su taller por los efectos de la deslocalización (la moda low cost está a punto de aterrizar) , madre e hija reflexionan sobre los negocios familiares. «Con mucho menos, esta familia era más feliz». Amén Herminia. Acabará la temporada y podremos hacernos un libro de frases de la abuela, que le está haciendo la competencia a la voz del narrador Carlitos.

Ah, y como curiosidad no deja de ser llamativo que en el episodio que se ha emitido en el Día de Todos los Santos no haya habido ningún muerto, después de la rachita que llevamos con el entierro de Herminia y las muertes de Lola y Antonio Flores. Los kleenex han descansado este miércoles. Los dejaremos cerca, que aún nos quedan cuatro episodios.

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