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Los sevillanos se fotografían ante las réplicas de los Goya RC
El cierzo sopla en Sevilla en el día de los Goya

El cierzo sopla en Sevilla en el día de los Goya

La ciudad ha vuelto a volcarse con los premios y revienta por las costuras entre música y cine

Rosa Palo

Sevilla

Domingo, 12 de febrero 2023

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La lluvia en Sevilla es una pura maravilla, pero el viento te corta el aliento. Todavía no lo sé porque sigo en el coche, pero voy a pasar mucho frío. Tampoco sé que aún nos quedaremos más helados al enterarnos, minutos antes de entrar a la rueda de prensa de Juliette Binoche, del fallecimiento de Carlos Saura. Es por eso por lo que sopla un aire violento y gélido, un cierzo que ha llegado desde Aragón a Sevilla para acompañar a dos aragoneses ilustres: a uno, en la noche de sus premios; a otro, en el día de su muerte.

Hay un ambiente raro cuando aparece la Binoche, una mezcla entre la expectación por verla y la pena por lo de Saura. Tras las declaraciones de la actriz francesa sale Méndez-Leite, el presidente de la Academia de Cine, muy afectado por la pérdida personal, por la de la cultura de un país y por la de una organización que tendrá que hacer cambios sobre la marcha en la ceremonia. Ajenos a lo que iba a suceder, ya estaban muy agobiados por la mañana: «No tengo tiempo de hablar contigo, corazón. Llevamos aquí desde el domingo pasado, y fíjate cómo estamos», me había dicho una chica que, rodeada por un enjambre de técnicos, camiones de RTVE y focos a medio montar, trabajaba sentada tras una mesa en uno de los accesos al Fibes, el Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla que acoge la gala de esta noche.

El Fibes está cerca del hotel donde me alojo. Al abrir el cajón de la cómoda, me he encontrado 'El Libro del Mormón'. En inglés. No me extraña: estoy al lado de la avenida Kansas City. Sevilla es cine, sí, pero americano. El español, bueno, vale. «Es que yo solo veo pelis de Nolan y de Marvel», me dice un estudiante de Ingeniería Química. Menos mal que sabe que esta noche se celebran los Goya, ya que se ha topado con una de las nueve réplicas gigantes de la estatuilla colocadas en distintos emplazamientos de la ciudad. Y los cabezones (o 'las cabecitas', que dice el futuro ingeniero ignorante), han cumplido con su cometido, especialmente con aquellos que no residen en el centro. «Yo me di cuenta porque vi uno en la estación de Santa Justa. Si no, ni me entero», dice Lola, que vive en una barriada sevillana.

Pero la ciudad no solo está decorada con cabezones: como ya hizo en 2019, Sevilla ha vuelto a volcarse con los Goya y, durante las dos semanas previas, se han organizado encuentros con cineastas, exposiciones, conciertos y proyecciones. En la Avenida de la Constitución se exhiben medio centenar de fotografías en gran formato de los andaluces que han recibido un Premio Goya. En la plaza del Ayuntamiento, una orquesta interpreta temas conocidísimos de distintas bandas sonoras, mientras que los abuelos les hacen fotos a los nietos junto a una reproducción gigante del Goya. También hay un photocall y una réplica del premio a tamaño real, para que te sientas estrella por un día. Ante la cámara, los mayores sostienen el Goya entre las manos como si estuvieran delante de un paredón; las adolescentes, en cambio, posan con la gracia que les proporciona haberse criado en Instagram, luciendo la ropa del Bershka como si estuvieran puestas de alta costura de la cabeza a los pies.

El viento no cesa. Entro en una cafetería a por algo calentito que me entone un poco el cuerpo. A mi lado, una señora le comenta a otra que se ha hecho la foto con la estatuilla. Me vuelvo y me dice con mucha gracia: «Mira, chiquilla ¡que he me han dado un Goya!». Mientras, un señor con muy buena planta nos mira desde la esquina de la barra. Cuando acabamos de hablar, el hombre se acerca a darle la enhorabuena: cree que ha ganado el premio de verdad. La señora, dignísima, se lo agradece. Sigue en su papel. Qué arte tiene la tía. Tanto como la dependienta de una tienda de souvenirs que me habla, emocionadísima, de 'Cinco lobitos'. «La vi yo sola, porque mi pareja no puede compartir eso conmigo, que a él solo le gusta el cine bélico y todas esas cosas. Fue reveladora para mí. Me impresionó tanto que dije ¡si es que esto es la vida! Yo, el Goya, se lo daba a ella».

A pesar del frío, Sevilla revienta por las costuras entre música y cine. Es viernes por la tarde, y los bares están hasta arriba. Y mira que hay: 4.600 locales donde echarse al coleto una caña con un montadito de pringá. De hecho, uno de ellos sale en el spot promocional de los Goya 2023: rodado en sitios que respiran sevillanía por todos lados, como la Barbería Melado, el Patio de Banderas y el Mirador de Las Setas, el mítico bar Las Teresas también fue escenario del anuncio. Un camarero alucinó durante el rodaje: «¡Madre mía, todo lo que se necesita! Yo creía que vendrían con una camarita pequeña, y llegaron y pusieron esto de material hasta arriba. ¿Y la gente? ¡Muchacho, qué de gente! Y ya ves, para grabar tan poquísimo tiempo, estuvieron aquí desde las 5 o las 6 de la mañana hasta las 6 de la tarde. Eso sí, los actores simpatiquísimos». Habla de Clara Lago y Antonio de la Torre, protagonistas del anuncio y presentadores de la gala de hoy.

En la Avenida de la Constitución se exhiben medio centenar de fotografías.
En la Avenida de la Constitución se exhiben medio centenar de fotografías. RC

Congelada, salgo del bar y sigo dando vueltas por Sevilla. No me he topado con ningún famoso; los sevillanos, tampoco: «No, eso mañana, a lo mejor», me dicen. Pero ya empiezan a llegar los invitados: en los hoteles del centro, de taxis y cochazos imponentes se bajan señores con portatrajes y señoras con maletones. No son conocidos, pero son parte de la industria que, esta noche en la que seguirá soplando este cierzo aragonés que ha venido a Sevilla, celebrará su fiesta más importante. Espero que vengan bien abrigados.

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