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Una escena de 'Oro'.
Españoles cainitas en busca del Dorado

Españoles cainitas en busca del Dorado

Díaz Yanes y Pérez-Reverte rememoran en la fallida 'Oro' una conquista de las Indias movida por la codicia y el odio entre compatriotas

Jueves, 9 de noviembre 2017

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Cuenta Arturo Pérez-Reverte que los españoles que en el siglo XVI hacían las Américas para huir de la pobreza y el hambre no tenían nada que perder excepto la vida. Eran soldados en pos de un sueño de fama y fortuna, «gente dura, arrogante y cruel, a menudo dividida por rencillas y lugares de nacimiento», describe el escritor. «Mataron sin escrúpulos y murieron sin protestar en busca del oro soñado. Pero mientras caminaban hacia lo desconocido, aquellos hombres y mujeres alumbraron, sin pretenderlo, un nuevo mundo y una asombrosa epopeya».

'Oro' se basa en un relato inédito de Pérez-Reverte que narra la odisea de un grupo de aquellos hombres -y dos mujeres- a la búsqueda del Dorado. Corre el año 1540 y una expedición atraviesa la selva centroamericana con el empeño de encontrar una ciudad mítica con los tejados de oro. Agustín Díaz Yanes, que ya obtuvo el plácet del escritor con 'Alatriste', se pone la cámara al hombro para mezclarse con los protagonistas en una selva amenazadora y claustrofóbica. Porque aquellas Indias «fueron nuestro Vietnam», como sanciona el director.

Werner Herzog y Carlos Saura ya se adentraron en el corazón de la jungla en 'Fitzcarraldo' y 'El Dorado' respectivamente; Francis Ford Coppola nos enseñó cómo la selva vuelve loco a quien la desafía en 'Apocalypse now'. Este grupo de feroces desheredados a los que mueve la codicia no sufrirá tanto los peligros de la voluptuosa naturaleza como sus pulsiones cainitas. «Pelean contra todo y contra todos, incluso contra ellos mismos, en busca de fama y fortuna», cuenta Díaz Yanes. «Son emigrantes paupérrimos del siglo XVI. Sanguinarios, pero también generosos e idealistas. Gente que no era nadie, sin nada que perder y todo que ganar».

Con un presupuesto de 8 millones de euros, 'Oro' se presenta como una de las más ambiciosas propuestas del cine español este año. Rodada en Panamá y en una zona selvática próxima al Teide, en Tenerife, el quinto largo del autor de 'Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto' -tras ocho años sin ponerse tras las cámaras- cuenta con un reparto a la altura de la empresa. Raúl Arévalo, Óscar Jaenada y Bárbara Lennie componen un triángulo de amor, celos y violencia. Jose Coronado es el sargento Bastaurrés, fiel a Dios y al emperador. José Manuel Cervino, Juan Diego, Andrés Gertrúdix, Juan José Ballesta, Antonio Dechent y Anna Castillo completan un elenco que tuvo que revolcarse en barro y sangre.

Puñaladas por la espalda

«En aquella época la gente difícilmente llegaba a los treinta años», rememora Díaz Yanes. «Las mujeres tenían ocho hijos y se les morían siete. Cuando se mataba a alguien se hacía con un puñal, a la cara». La violencia descarnada y constante forma parte así de este relato en el que las puñaladas se dan por la espalda. Una Conquista sin edulcorar, «con una épica de pobres, de héroes anónimos», según califica el director.

'Oro' enlaza con otros personajes de Díaz Yanes, dispuestos a todo con tal de salir de la pobreza. Comunica a la perfección el desencanto y la asfixia de unos patibularios hombres que se saben peones de la Historia. Y el papel de la Iglesia, siempre en medio de todo. Sin embargo, la fluidez narrativa se resiente de un guion en el que las peripecias se hacen cansinas, repetitivas. Las batallas con los indios desprenden una crudeza de la que carecen las intrigas de unos españoles cainitas a los que solo parece mover la codicia. Y la lujuria, por algo está el personaje de Bárbara Lennie.

'Oro' adolece de una falta de autocrítica en el papel de España en la Conquista de América. Apuesta por la aventura crepuscular con aromas de 'western' y peca de algún diálogo literario que chirría en boca de personajes al límite. Incluso alguno de nuestros eminentes actores está mal dirigido o directamente pasado de rosca. «Hay mucho mitos y leyendas y, sin ocultar las partes terribles, también hay que contar las más interesantes de la Conquista», defiende Días Yanes, que alerta sobre el peligro de contemplar aquellos tiempos bárbaros y gloriosos al mism tiempo con ojos actuales. «No se puede reinterpretar, porque ya ha ocurrido».

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