José Luis Manzano y José Luis Fernández Eguía, 'El Pirri', en 'El pico 2' (1984).

Yonquis del cine español

Más allá del cine quinqui y de títulos como 'Perros callejeros' y 'El pico', la heroína ha servido de hilo argumental en un puñado de películas que pocas veces han terminado bien

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

El origen de 'El pico' (1983) fue una noticia de la crónica de sucesos: el hijo de un guardia civil, enganchado a la heroína, mató a un traficante con la pistola del padre. Eloy de la Iglesia trasladó la acción al País Vasco y en un cóctel molotov argumental emparejó a dos heroinómanos, uno hijo de un comandante de la Benemérita y el otro de un diputado abertzale. El millón largo de espectadores provocó que al año siguiente llegara a los cines 'El pico 2', dedicada en sus títulos de crédito «a los presos que conocimos en Carabanchel y a todos aquellos que luchan contra la esclavitud de la heroína».

La publicación del ensayo de Álvaro Heras-Gröh 'La atracción del abismo' (ed. El Gallo de Oro), que analiza exhaustivamente a lo largo de más de 800 páginas el auge y caída del consumo de heroína en Euskadi de 1970 a 2000, obliga a repasar cómo ha abordado el cine español una problemática que desencadenó un problema sociosanitario de primera magnitud. El jaco se asocia al cine quinqui que cultivaron José Antonio de la Loma y Eloy de la Iglesia, pero la jeringuilla también se ha asomado a películas de directores con sensibilidades muy diferentes, que hasta la experimentaron en carne propia. La heroína mató dentro y fuera de la pantalla.

'Perros callejeros' (1977)

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José Antonio de la Loma inauguró el cine quinqui con la crónica de las frenéticas peripecias del delincuente juvenil barcelonés apodado 'El Torete', interpretado por Ángel Fernández Franco, que murió víctima del sida en 1991 como consecuencia de compartir mil jeringuillas en la celda. Sus dos millones de espectadores alentaron un género que contó con un particular star system que bebía de la crónica de sucesos de 'El Caso'. El Jaro, El Vaquilla, El Pepsicolo, El Chino, El Kung-fu... La heroína hacía estragos dentro y fuera de la pantalla. Realidad y ficción se confundían en casos como El Pirri, que apareció muerto a los 23 años cuando tenía pendiente un juicio por robo con intimidación. La droga también mató a actores relacionados con el cine quinqui, como la presentadora y actriz Sonia Martínez, fallecida a los 31 años, y el cantante Antonio Flores, a los 33. El actor más carismático de todos ellos fue José Luis Manzano ('Navajeros', 'El pico', 'Colegas'), al que Eloy de la Iglesia descubrió en unos billares. Tenía 16 años y ya se prostituía. El director zarauztarra se lo llevó a vivir con él y lo convirtió en su actor fetiche. Murió de sobredosis a los 30 años en el piso del realizador. La leyenda dice que durante un viaje a EE UU le ofrecieron una beca en el Actor's Studio.

'Arrebato' (1979)

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Iván Zulueta murió en 2009 a los 66 años en la casa familiar de de Miraconcha con maravillosas vistas a la bahía donostiarra. Sólo dirigió dos largometrajes, uno de los cuales le confirió el estatus de autor maldito por excelencia del cine español. 'Arrebato' todavía obliga a mirar su fecha de producción: 1979. Sin ir tan lejos como el crítico Jesús Palacios, que la tiene por «la mejor película de la historia del cine español», sorprende el reto argumental y formal que supuso en su día un filme irrepetible que, lógicamente, se estrelló en taquilla. Pocas veces una cinta ha sabido reflejar el malsano poder de fascinación del propio cine, su naturaleza caníbal y vampírica. Un director (Eusebio Poncela) desciende a los infiernos en plena crisis personal y creativa. Le ayudan en su autodestrucción la heroína –como le sucederá años después a Zulueta– y un misterioso personaje obsesionado por filmarlo todo (Will Moore). Borges, Bioy Casares, Robbe-Grillet, Peter Pan y Drácula se esconden en los pliegues de esta fascinante deconstrucción de los mitos y géneros del cine de terror. Poco después vendría la postmodernidad de Almodóvar, pero 'Arrebato' fue pionera en muchas cosas. En mezclar imagen televisiva con súper-8 y 35 mm; en asumir la sensibilidad pop; en mostrar relaciones homosexuales; en aceptar el caos como única salida a la imposibilidad de recuperar el pasado y vivir el presente.

'El pico' (1983)

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«Sólo te falta ser negro para la marginalidad total», le espetó Juan Antonio Bardem una noche de estreno a Eloy de la Iglesia, que les resultaba incómodo hasta a sus propios compañeros del Partido Comunista. Lo mejor que dijo un crítico de su cine es que retrataba lo obvio. Política, drogadicción y homosexualidad en plenos 'años de plomo'. El director concreta en el póster de 'El pico' su mirada tremendista: un tricornio y una jeringuilla manchada de sangre. El hijo de un comandante de la Guardia Civil y el de un dirigente abertzale (a punto estuvo de interpretarlo Juan Mari Bandrés), compañeros de aguja, trafican para obtener su dosis y acaban cometiendo un crimen. Aquel Bilbao de cielos grises, trenkas y seat 1.430 parece de otro mundo. De la Iglesia, que precisamente comenzó a consumir heroína en el rodaje de 'El pico', empleó dieciséis años de su vida en descender a los infiernos. Y a su regreso con 'Los novios bárbaros', su testamento fílmico, la marginalidad y el lumpen ya no atesoraban ninguna poética.

'27 horas' (1986)

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'27 horas' se rodó en las calles de San Sebastián porque, como bien apuntaba su productor, Elías Querejeta, «la belleza de la ciudad, presente durante toda la película, hace que su historia terrible y desgarrada adquiera una mayor intensidad». El director Montxo Armendariz quería dar testimonio de la devastación que la heroína provocaba en aquella época entre la población joven de Donosti y alguna de sus localidades cercanas (Hernani, Rentería, Pasajes...). El protagonista es un chaval, encarnado por Martxelo Rubio, al que le queda de vida el día y pico del título, que emplea en recorrer la ciudad buscando dinero para meterse un pico. En el reparto encontramos a Maribel Verdú y Antonio Banderas. «'27 horas' no es una película sobre la droga, sino sobre la desorientación que puede sentir un chaval de 19 años y la libertad para elegir su destino, aunque este sea la muerte», apunta Armendáriz. El director habló con toxicómanos de Pamplona, que en aquellos días consumían un tipo de heroína adulterada que provocaba ceguera. «Da igual, cierro los ojos y no veo. Qué mas da», le contestaron.

'Días contados' (1994)

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Juan Madrid contó en su novela 'Días contados' la historia de un ambicioso fotógrafo que cumplía una tarea en Malasaña: elaborar una guía de lo que fue la Movida. Mientras realiza el trabajo se relaciona con dos jóvenes prostitutas adictas y con los personajes que pululan por el barrio. En su adaptación al cine, Imanol Uribe apostó por una historia de amor 'fou' y enfrentó al personaje femenino, actualización del mito de Carmen, a un etarra al límite en Madrid, que prepara un atentado contra una comisaría. Carmelo Gómez, Ruth Gabriel, Candela Peña en su debut en el cine, Karra Elejalde, Elvira Mínguez y Pepón Nieto conforman el reparto de un filme en el que Javier Bardem borda a un desdentado yonqui confidente de la policía, papel que le reportó el premio de interpretación en el Festival de San Sebastián, donde 'Días contados' obtuvo la Concha de Oro. Para prepararlo, el actor estuvo repartiendo metadona por los barrios de Madrid y observando a heroinómanos. Su trabajo también mereció el primero de sus cinco Goyas.

'Antártida' (1995)

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Ariadna Gil es una heroinómana y excantante de rock colgada de un adolescente marginado (Carlos Fuentes). Juntos tratan de vender un enorme alijo de droga de nueve kilos de heroína robado a un peligroso camello, que les persigue con sus matones por media España. En su primera película, Manuel Huerga pretendió acercarse al mundo de la droga desde una perspectiva menos dramática que la habitual. Quiso mostrar el paraíso irreal de los yonquis. Fue un intento honesto aunque fallido, ya que el responsable de las ceremonias de inauguración y clausura de Barcelona 92 abusa de la estética de diseño y emplea tantas referencias literarias y cinematográficas que lastran la acción: Lynch, Hitchcock, Barry Gifford... El cameo del músico John Cale refuerza el tono cultureta de la propuesta.

'Heroína' (2005)

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Gerardo Herrero cuenta la historia de la madre coraje que se enfrentó al narcotráfico gallego basándose en las vivencias de la fundadora y portavoz de la asociación Erguete, Carmen Avendaño. Una odisea que pide a gritos menos contención y más carne emocional en el asador. 'Heroína' toca muchos palos sin profundizar en ninguno. La lucha de una madre por salvar a su hijo del infierno de la heroína se intercala con el cambio de percepción social que propició la labor de Avendaño: logró que Galicia abriera los ojos a la realidad de la droga y estigmatizara a los narcotraficantes. Adriana Ozores se entrega como acostumbra, pero sus esfuerzos son baldíos cuando Herrero filma con el mismo apagado nervio las discusiones familiares, un Vigo ochentero a los sones de Siniestro Total y el infierno de cárceles y comisarías. Queremos saber más sobre la connivencia entre jueces y policías. Los narcos, principales culpables del drama narrado, están ausentes del relato; apenas se esboza la caricatura de Sito Miñanco, estrella años después de la serie 'Fariña'. Herrero vuelve una y otra vez su cámara al rostro de Ozores, que se pasa todo el metraje detrás de un hijo que entra y sale de la cárcel, sin que exista progresión dramática. Antonio Vega, que podía cantar de primera mano sobre la heroína, abre y cierra la cinta con su canción 'Se dejaba llevar'. Hay más emoción contenida en esas imágenes que en el resto del metraje.

'Baby' (2020)

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Una casa decadente y lóbrega es casi el único escenario de una de las propuestas más arriesgadas de Juanma Bajo Ulloa, que no utiliza ni un solo diálogo en este cuento de hadas bello y perverso, donde el vitoriano vuelve a demostrar que no se casa con el sistema. Su protagonista es una joven yonqui y alcohólica que da a luz en medio de una de sus crisis. Incapaz de ocuparse del bebé, lo vende a una matrona dedicada al comercio infantil para costearse el pico. Arrepentida, tiempo después tratará de recuperarlo. Bajo Ulloa define su último filme hasta la fecha como «un cuento de vida, lucha y muerte», que contiene «alegorías que suscitan en el espectador sentimientos no racionales y estimulan una interpretación más profunda». La presencia de la naturaleza, unas veces como cobijo y otras como amenaza, enriquece una cinta que atesora una imagen que resume a la perfección el enganche a la droga: una araña zampándose un insecto seguido del plano de la protagonista inyectándose.