Urko Olazabal, ganador del Feroz a mejor actor de reparto por 'Maixabel', fotografiado en Madrid. / Óscar Chamorro

Urko Olazabal: «Tuve que tocar fondo para volver a resurgir»

A sus 43 años, el bilbaíno ha ganado el Goya a mejor actor de reparto

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Todo el que ha visto 'Maixabel' se ha quedado con él. Urko Olazabal (Bilbao, 1978) encarna en el filme de Icíar Bollaín a Luis Carrasco, uno de los etarras que asesinó a Juan Mari Jáuregui y el primero en participar en los 'encuentros restaurativos' con su viuda. Tras ganar el Premio Feroz al mejor actor de reparto, se ha hecho con el Goya el próximo 12 de febrero para este profesor de interpretación que ha dirigido cortos en India y Mongolia, superado un cáncer y reencontrado su vocación gracias a sus alumnos y su mujer. Estos días le toca añorar su casa de Muskiz y atender las ofertas que se le agolpan en Madrid: «Mi representante tiene la mesa llena de propuestas para películas y series, algunas con directores importantes», reconoce. «El problema va a ser poder hacerlas todas».

Urko Olazabal junto a Luis Tosar en 'Maixabel'.

–Todo el que ve 'Maixabel' se queda con usted. No solo porque esté soberbio, sino porque la película concede mucho protagonismo a Luis Carrasco.

–Al leer el guion me sorprendió que mi personaje fuera moralmente por delante del de Luis Tosar. Es como el Pepito Grillo que va enseñándole el camino a Ibon Etxezarreta. El montaje ha sido fiel al guion y eso ha beneficiado mi visibilidad. En alguna crítica leí que tengo el 'momentum' de la película.

–¿Le imponía actuar con Luis Tosar y Blanca Portillo?

–Al contrario.Llevo toda la vida haciendo castings, desde que hice teatro soñaba con ser actor de cine. Tenía muchas ganas de actuar con ellos. Conseguí arrinconar los nervios para que no me traicionaran antes de rodar. El primer día me tocó con Luis y un montón de extras mirándome. Mucha presión. Pero trabajé desde la relajación y la concentración.

–Tuvo una larga entrevista con Luis Carrasco para preparar el personaje. ¿A quién se encontró?

–Me encontré a una persona profundamente arrepentida. Alguien que quería estar ahí conmigo y contar su historia. Veía que yo podía ser el vehículo para hacer visible su situación de arrepentimiento y mostrar a la sociedad que hay gente que ha asesinado y se ha dado cuenta de que no hizo bien. De que las armas no eran el vehículo para liberar Euskal Herria. Vi a alguien derrotado con la esperanza de encontrar un trabajo y echar a andar en la sociedad. Los arrepentidos de ETA están entre dos aguas: la izquierda abertzale radical no los puede mirar, pero las víctimas tampoco. Solo quieren seguir viviendo dignamente.

–¿Ha vuelto a tener contacto con él?

–Algún WhatsApp. Vio la película y agradeció que se haya hecho. 'Maixabel' y su vida son ejemplos de que hay segundas oportunidades. Ya es hora de empezar a quitarnos todo el peso que ha tenido esto sobre nosotros y vivir en paz. Estamos cansados de tanta violencia.

Vídeo. Tráiler de 'Maixabel'.

–Ha encarnado a dos etarras, Luis Carrasco en 'Maixabel' y Josu Bolinaga, secuestrador de Ortega Lara, en 'El instante decisivo', y a una víctima de ETA, Manuel Zamarreño, en 'Patria'. ¿No le resultó esquizofrénico?

– Al final, un actor tiene que llevar a cabo un papel, te guste o no lo que hizo ese personaje. No le tienes que juzgar como persona, sino tratar de entender por qué hizo esas cosas. Te puede asustar, pero no lo puedes juzgar. Yo les digo siempre a mis alumnos que con cada personaje hay cosas desagradables que hacer, no te puedes llevar ese trabajo a casa. Juegas con un material sensible, aunque Stanislavski pueda decir lo contrario.

Consejos a los alumnos

–¿Qué aprende de sus alumnos?

–El 80% de este momento dorado que vivo es de ellos. Mira, Icíar no grita 'acción' en los rodajes, sino 'cuando quieras'. En ese momento de máxima concentración tengo muy presentes los consejos que doy a mis alumnos. Ellos son mi 'coach', mi 'training'. Sin ellos no me hubiera reciclado como actor. Si tengo tanto trabajo a partir de ahora, no sé cómo voy a darles clase. Espero que no vaya en detrimento de mi calidad como actor...

Urko Olazabal con el Premio Feroz a mejor actor de reparto por 'Maixabel'.

–Porque estuvo a punto de no seguir actuando.

–Hace diez años, cuando era joven y más bruto que un arado, tuve un linfoma. Un proceso de año y pico con quimioterapia y radioterapia. Un momento en el que mi vida se paró en seco y empecé a fijarme en otro tipo de cosas. Estás contemplativo y ves la muerte de cerca. La sociedad avanza y tú te vas quedando atrás. Recuerdo la sensación de estar como en un sótano, asomado a una ventanita a ras de acera por la que veía pasar los pies de la gente. Aquel tiempo me enseñó a observar, a pisar la tierra de otra manera, a tener una sensibilidad completamente diferente. No le deseo a nadie una enfermedad así, pero a mí me cambió la vida.

«No le deseo a nadie una enfermedad así, pero a mí me cambió la vida»

cáncer

«Me quedé sin un duro y trabajé en una pastelería. Entendí que el sueño se había acabado»

vocación

–Tuvo un final feliz.

–Muy feliz. Nada más salir del cáncer me llamaron para un papel protagonista en 'Ira'. Cuando la película se estrenó en cines, nadie me llamaba. Y yo no entendía nada. Rodaba vídeos para empresas y me volqué en ser director porque no me salía trabajo de actor. Quería dirigir, dirigir. Y mi mujer veía cómo eso me estaba calentando demasiado la cabeza, creando mucha ansiedad porque no podía realizar esos sueños. Ella me hizo ver que el camino de la actuación era más sencillo. Por querer ser director me quedé en bancarrota y tuve que cambiar de gremio.

–Invirtió su propio dinero.

–Fueron unos meses en los que no tuve clientes. Siendo autónomo me quedé sin un duro. Trabajé en la pastelería de un amigo repartiendo pasteles. Entendí que el sueño se había acabado. Me vi en el suelo. Después surgió la oportunidad de dirigir un corto en India. Cambié de representante y me empezaron a salir trabajos. Tuve que tocar fondo para volver a resurgir. Y en todo ese proceso mi mujer me ha apoyado.

–¿A quién va a dedicar el Goya?

–A mi madre y a mi padre, que ya falleció.