Urko Olazabal cracterizado como Luis Carrasco en 'Maixabel'.

El actor que ha sido dos veces terrorista y víctima de ETA

El bilbaíno Urko Olazabal está nominado al Goya como actor de reparto tras deslumbrar en 'Maixabel'. Antes fue secuestrador de Ortega Lara y el asesinado Manuel Zamarreño en 'Patria'

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Urko Olazabal (Bilbao, 1978) ha madrugado hoy en su casa de Muskiz, pero no era por las nominaciones a los Goya: la riada estaba a punto de llevarse su coche. El susto se le ha pasado pronto. Tras el suspense de comprobar que los tres primeros nominados como actores de reparto lo eran de 'El buen patrón', Nathalie Poza y José Coronado han leído su nombre. Olazabal admite que no ha sido una sorpresa. Su composición en 'Maixabel' de Luis Carrasco, uno de los etarras que asesinó a Juan Mari Jáuregui, y años después participó en los 'encuentros restaurativos' con su viuda, ya le había deparado ser candidato a los Feroz y a los Forqué. En estos últimos compite como protagonista contra Luis Tosar, que encarna a Ibon Etxezarreta en 'Maixabel', Javier Bardem ('El buen patrón') y Eduard Fernández ('Mediterráneo').

«Las quinielas decían que esto tenía que pasar, pero hasta que no han dicho mi nombre mi mujer y yo hemos estado en un vilo. Hemos reído y hemos llorado, una alegría muy grande», reconoce. Los espectadores de 'Maixabel' ya iban preparados para ver a dos actorazos, Portillo y Tosar, pero nadie les había advertido sobre este robaescenas que lleva apenas siete años haciendo películas. Olazabal sabe que la gente se quedó con él. «Muchos me lo han dicho, no solo las amistades. O leía en Twitter: 'Eres lo mejor de la peli'».

Según Olazabal, impacta que «un desconocido pueda estar a la misma altura de la pareja protagonista». También le favorece, aduce, el guion. «El primer encuentro de Maixabel, el momento más esperado, es con mi personaje, no con el de Tosar. Llega el clímax, un etarra hablando con la mujer del hombre que mató, y soy yo. Para los que tenemos una edad y hemos vivido el terrorismo en esta sociedad se hos hace muy extraño», argumenta un actor que ha vivido la esquizofrenia de encarnar de manera seguida a dos etarras, Carrasco y Josu Bolinaga, secuestrador de Ortega Lara en el documental ficcionado de Atresmedia 'El instante decisivo', y a una víctima en 'Patria': el concejal popular Manuel Zamarreño, asesinado en 1998. «Espero que no me encasillen», ironiza.

Vídeo. Tráiler de 'Maixabel'.

De Zamarreño no encontró ni un vídeo para preparar su personaje. «Me basé en escritos de la Asociación de Víctimas del Terrorismo que hablaban sobre él». Con Luis Carrasco fue diferente. El actor supo que había colaborado en el guion, así que le preguntó a Bollaín si podía conocerle. Quedaron en San Sebastián durante un permiso y Olazabal le hizo una entrevista de tres horas. «Iba con mucho respeto y temor, desconocía qué me iba a encontrar», recuerda. «No sabía cómo tratar a una persona que había cometido estos delitos. Yo te lo digo con eufemismos, pero él no los tenía. En cuanto me dijo que había asesinado a tres personas supe cómo tratarle. Entonces entendí dónde estaba».

El actor se movió de joven con su cuadrilla en círculos de la izquierda abertzale. Eso facilitó su cercanía con el personaje. «Carrasco me transmitió un estado de ánimo, su mirada, su energía... Todo eso me lo llevé al personaje, más que intentar imitarle». Visto en películas como 'Errementari' y en series como 'Caminantes' y 'La que se avecina', Urko Olazabal solo ha recibido cosas buenas desde que le llamaron para preguntarle si quería trabajar con su directora favorita. «Todo esto me ha pillado en un momento muy dulce, pisando tierra, pagando la hipoteca y con la mujer que quiero», se felicita.

Olazabal da clases de interpretación junto a Richard Sahagún en la escuela Bizie de Bilbao y también es profesor de audiovisuales en la ikastola Urretxindorra en Miribilla. «Gracias a mis alumnos estoy en forma», apunta. «Las personas de mediana edad, como yo, no solemos tener muchas oportunidades». Quedan atrás los tiempos en los que dirigió dos cortos «porque nadie me llamaba de actor, de joven era muy vanidoso». Uno lo rodó en Mongolia, 'Anujin', premiado en Medina del Campo, y el otro en India, 'Mithyabadi'. Gracias a su mujer, cuenta, volvió a retomar la interpretación. «Ella me hizo ver que la vida del director es mucho más difícil que la de actor».