Un fotograma de 'Salvar al soldado Ryan'.

Soldados de celuloide

El coronel José Manuel Fernández López repasa en el libro 'Con las botas puestas' la historia del estamento militar a través del cine bélico

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

No sale referenciada entre los cientos de títulos que atesora 'Con las botas puestas' (Edaf, 2020), con toda probabilidad por una cuestión de tiempos, pero resulta pertinente que un libro de estas características llegue al mercado justo cuando '1917' ha desembarcado en las salas de cine. La película de Sam Mendes, que triunfó en la última edición de los Globos de Oro y podría hacer pleno en los Oscar, ha vuelto a poner de moda el cine bélico con un plano secuencia de dimensiones épicas, que sigue las peripecias y desgracias de dos soldados en el campo de batalla. Y precisamente ese es el objetivo del volumen que acaba de escribir el coronel José Manuel Fernández López: hacer un completo repaso a la historia del soldado a través del celuloide.

Esa es la intención de un libro que, en riguroso orden cronológico, dedica cada uno de sus doce capítulos -hay un epílogo dedicado a las series bélicas- a ahondar en las distintas guerras y conflictos bélicos desde la antigüedad hasta bien entrado el siglo XXI, en un recorrido que comienza por Egipto y acaba en Oriente Medio, pasando, por supuesto, por la I y la II Guerra Mundial y sin olvidarse de Grecia, Roma, la Edad Media, el Imperio Español, el colonialismo, Vietnam o la Guerra Fría. A lo largo de sus casi 400 páginas y apoyándose en más de 400 fotografías reales, fotogramas y carteles, el coronel del Ejército de Tierra español arranca cada episodio con una película, para adentrarse después en el contexto histórico y militar del conflicto bélico al que el largometraje hace referencia, reseñando luego aquellas producciones de interés centradas en ese conflicto, en un sucinto repaso lleno de curiosidades históricas, cifras exorbitantes -por aquello de los extras- y anécdotas cinematográficas.

Clásicos del péplum como 'Ben-Hur' o 'Gladiator' se dan la mano con cintas como 'Casablanca', 'La chaqueta metálica' o 'En tierra hostil', tantas son las formas de acercarse al soldado. Es 'Cleopatra' (1963), de Joseph L. Mankiewick, el título que abre el libro y un perfecto ejemplo de lo que significa rodar una superproducción. Cuatro años estuvo la película en producción. Rodada inicialmente en los estudios Pinewood de Reino Unido, la humedad y el frío causaron no solo que los actores en algunas tomas exhalaran vaho sino que llevaron a Elizabeth Taylor a una neumonía. Seis meses más tarde, la actriz conseguía volver a un rodaje cuyo set se había trasladado a los estudios Cinecittà en Roma, ya con mejor tiempo. Al acabar, el estudio se había gastado 44 millones de dólares, 42 más de lo presupuestado inicialmente.

Un fotograma de 'El submarino'.

Pero Taylor no es la única actriz que se las ha visto y se las ha deseado en un rodaje. Cuenta Fernández López que las heridas en el rostro de Russell Crowe en 'Gladiator' (Ridley Scott, 2002), tras la batalla contra los germanos, son reales y que se las causó su caballo que, al asustarse, lo empotró contra las ramas de un árbol. Entonces ya se usaban los efectos digitales para filmar coliseos atestados de secundarios. No fue así en 'Los diez mandamientos' (Cecil B. DeMille, 1956), donde hasta 12.000 extras participaron en las batallas, en una cinta que dio la posibilidad al cineasta de construir toda una ciudad en Egipto, que está siendo ahora rescatada por los arqueólogos.

Un fotograma de 'Braveheart'.

Poco que ver con los 300 extras de 'El Cid' (Anthony Mann, 1961), que Mann reclutó en Torrelobatón (Valladolid) para tres días de rodaje que se convirtieron en tres minutos de película y por los que recibieron cien pesetas diarias y bocadillos de chorizo. En 'Braveheart' (1995) Mel Gibson contó para la batalla final entre ingleses y escoceses a hombres de dos pueblos rivales. Muchos de ellos necesitaron asistencia médica por lo en serio que se lo tomaron.

Mucho antes de que Sam Mendes retratara en '1917' la guerra entre trincheras, 'Sin novedad en el frente' (Lewis Milestone, 1930) ya había acercado ese horror al espectador, gracias a una enorme grúa que permitió mostrar el amplio campo de batalla en unos travellings para los que, cuenta el experto en cine bélico, se tuvieron que construir 3 kilómetros de carretera.

Y si de la II Guerra Mundial hablamos, la secuencia inicial de 'Salvar al soldado Ryan' (Steven Spielberg, 1998) aún no ha sido superada. Recuerda el escritor que Spielberg buscaba con la reconstrucción del desembarco de Normandía «recrear el aspecto, el sonido y el olor de un verdadero combate». 750 extras participaron en aquella impecable recreación que no ahorra ni un solo minuto de violencia gráfica. Años antes Wolfgang Petersen se adentraba en el mismo conflicto a bordo de 'El submarino (Das Boot)' (1981). «La cinta está prohibida en las unidades de submarinos de varios países por causar depresiones entre los tripulantes y por aumentar la sensación de claustrofobia», cuenta el autor. Y es que el cine tiene esas cosas.

Vídeo. Un fragmento del desembarco de Normandía en 'Salvar al soldado Ryan'.