Sam Mendes da indicaciones a Charles Chapman y George MacKay durante el rodaje de '1917'.

Sam Mendes: «Abandoné la saga Bond porque necesitaba hacer algo más personal»

El cineasta aborda la I Guerra Mundial en '1917', una epopeya apolítica rodada en un falso plano secuencia que la aproxima al videojuego

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

Sam Mendes (Reading, 1965) estrena el 10 de enero '1917', una epopeya ambientada en la I Guerra Mundial y rodada en un falso plano secuencia. El cineasta británico se inspiró en una historia que le contó su abuelo para poner el foco en dos jóvenes soldados que reciben una misión casi imposible.

-¿Ha sido muy doloroso desprenderse de la saga Bond?

-No, no lo ha sido (ríe). Cinco años es mucho tiempo y tenía la sensación de que había llegado el momento. Lo disfruté, fue una gran aventura, pero necesitaba hacer algo con personajes y entornos diferentes, más personal.

-Se inspira en una historia que le contó su abuelo.

-Sí, él me explicó cómo vivió la I Guerra Mundial y, aunque esto no trate exactamente sobre sus vivencias, me inspiró para hacer la película. Él es el motivo de mi fascinación por este hecho histórico. También quería contar que en la guerra se trata más de casualidades y de tener suerte y no tanto de heroísmo. En definitiva, quería contar la historia del gusano, de la persona más baja de la guerra, del soldado raso del Ejército y quería dar esta perspectiva de sus recuerdos. Todo eso se quedó conmigo y, cuando tuve la valentía, me inspiró para escribir mi propia película.

-Es la primera vez que rueda un guion propio. ¿Fue complicado dejar el ego a un lado y cortar lo que no funcionaba bien en pantalla?

-No, es mucho más fácil cuando es tuya la historia. Antes siempre me sentía culpable cuando tenía que quitar líneas del guion de otra persona, pero cuando el guion es tuyo tachar cosas, cortar por aquí y por allá y moldear es fácil.

-¿Por qué decidió contar la historia en una toma continua y a qué retos tuvo que enfrentarse?

-Es un plano secuencia porque quería encerrar al público con los personajes principales, sin que se pudiera escapar, para que sintiera cada segundo que pasa con ellos. Los retos, por otro lado, eran obvios. No tienes escapatoria, no puedes volver atrás, no podía cortar ni dejarme fuera nada, tenía que tener en mente todo el rato el ritmo, el tempo y la forma de la película. Tenía que hacerlo bien desde el principio y se tardaba mucho tiempo y era frustrante a veces y pensaba: «¿Por qué me he hecho esto a mí mismo? Tengo un buen guion, podía haberlo hecho normal». Pero cuando tienes esas tomas es tan emocionante que quieres seguir adelante.

-En una película así, ¿hay espacio para la improvisación?

-No se puede improvisar lo que la cámara hace, cada uno de sus movimientos tiene que ser muy preciso. Pero sí hay espacio para la improvisación con los actores, incluso aunque el viaje físico sea más o menos similar. Sí que tuvimos bastantes accidentes felices o afortunados, secundarios que se caían, cambios meteorológicos, el fondo de una toma que de repente cambiaba o en un momento crucial Schofield (George MacKay) se caía y no estaba planeado... Y en estas cosas, cuando estás animando a los actores a vivir sus personajes tanto como a actuarlos, quieres que haya sensación de vida real, quieres que pasen momentos difíciles y no quieres ser demasiado preciso.

Sam Mendes y George Mackay en el rodaje de '1917'.

-'1917' apenas cuenta nada del conflicto. ¿Se puede abordar un tema así sin hablar de política? ¿Teme que le acusen de no tomar partido?

-Sí se puede hacer porque se trata de contar la experiencia de la guerra y no se trata de una película nacionalista sobre cómo eran de valientes los británicos y lo horribles que eran los alemanes. Los personajes de esta historia podrían ser de cualquier nacionalidad. Resulta que son ingleses porque yo también lo soy, pero para mí no se trata de una película política. El enemigo es invisible y cuando se encuentran con dos o tres alemanes están tan confundidos y tienen tanto miedo como ellos, por tanto trata sobre cómo todo el mundo en este conflicto estaba perdido y luchando para hacer lo mejor posible.

-A veces la película parece un videojuego: unos personajes reciben una mision y superan retos. ¿Están ambos medios retroalimentándose cada vez más?

-No lo creo, pero entiendo lo que dices. Pienso en juegos como 'Red Dead Redemption 2', que le encanta a mi hijo, y en cómo te hipnotizan. Estás siguiendo al personaje principal en una toma, pero la diferencia es que no te implicas emocionalmente de la misma forma con los videojuegos y también que en un juego eres tu quien determina lo que pasa. Aquí te estoy contando yo una historia, yo controlo los ritmos y tu te tienes que entregar a la experiencia. Pero estoy sorprendido por la brillantez de los diseñadores y la parte artística de los videojuegos. Es una locura el nivel de detalle de muchos de ellos. Es increíble que estés encantado de cubrir distancias a caballo sin que pasen grandes cosas y eso pasa también un poco aquí, en la película. No hablan, simplemente están viajando.

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