Una imagen de 'Una gran mujer (Beanpole)'.

Rusia revisita la desolación tras la guerra

'Una gran mujer (Beanpole)' representa al país en los Oscar con el retrato de dos mujeres que tratan de sobrevivir en el Leningrado de 1945

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

'Una gran mujer (Beanpole)' ganó en el Festival de Cannes el Premio de la Crítica y el de Mejor Director para Kantemir Balagov, de 28 años, en la sección 'Una cierta mirada'. Candidata al Oscar por Rusia, esta adaptación del libro 'La guerra no tiene rostro de mujer' de la Premio Nobel de Literatura 2015 Svetlana Alexiévich está protagonizada por dos mujeres jóvenes que tratan de encontrar un sentido a sus miserables vidas en el Leningrado de 1945. Las dos amigas intentan llevarse algo a la boca en una ciudad devastada por la guerra, que, tras uno de los asedios más crueles de la historia de la Humanidad, trata de resucitar de entre los escombros.

Las dos protagonistas, enfermeras y excombatientes del Ejército Rojo, desean ser madres y tratan de mantener la dignidad en un infierno de dolor y sinrazón. Una luchó en la retaguardia y fue objeto de abusos sexuales por parte de los mandos. Su marido murió en el frente y el niño que tuvieron también falleció. La mujer quedó estéril y desea afrontar el futuro junto a su amiga, con la que pacta que esta tendrá un hijo y se lo cederá.

Imagen de 'Una gran mujer' (Beanpole), ambientada en el Leningrado de 1945.

«Me interesa mucho el destino de las mujeres que sufrieron la II Guerra Mundial», observa Balagov, que disecciona el alma rusa con una agudeza digna de Dostoyevski. «Según las estadísticas, fue la guerra en la que participó el mayor número de mujeres. Como autor, me interesa encontrar la respuesta a una pregunta: ¿qué le sucede a una persona que se supone que tiene que traer vida a este mundo cuando atraviesa el caos de una guerra?».

'Una gran mujer (Beanpole)' es un drama psicológico, casi bergmaniano, con un fascinante trabajo de ambientación y fotografía en una paleta dominada por el rojo y el verde saturados. La atmósfera asfixiante no solo habla del drama de las protagonistas, sino de la ruina moral de un país cuyo dirigente actual, Vladimir Putin, glorifica un pasado que Balagov retrata en toda su crudeza sin un ápice de nostalgia.