El profesor de gimnasia de 'Otra ronda', motivado gracias a la botella.

'Otra ronda': de profesión, borracho

Nominada a dos Oscar, 'Otra ronda' es una fábula moral del danés Thomas Vinterberg no tan nihilista como pudiera parecer

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

'Otra ronda' arranca con una cita de Kierkegaard, pero no hay que asustarse. Acto seguido, un grupo de jóvenes corre por un parque en una competición para ver quién bebe más cerveza como si no hubiera un mañana. Son imágenes que en estos tiempos de pandemia provocan una mezcla de nostalgia y espanto. En el claustro de profesores se discute si implantar una política de tolerancia cero al alcohol el próximo semestre. Estamos en la civilizada Dinamarca. Cuatro docentes cincuentones, hastiados de sus vidas y de su oficio, decidirán seguir las tesis del psiquiatra noruego Finn Skarderud, quien sostiene que el cuerpo humano tiene un déficit de alcohol del 0,05%. Irán borrachos a trabajar. Y, oh sorpresa, sus clases serán mucho más entretenidas y su vida familiar más rica.

Thomas Vinterberg, el cineasta que inventó el Dogma 95 junto a Lars Von Trier, firma 'Otra ronda', que aspira al Oscar a la mejor película extranjera y al mejor director, además de ganar la Concha de Plata al mejor actor en San Sebastián para sus cuatro protagonistas. El componente provocador de su premisa sume al espectador en una divertida expectación. Resulta inevitable sentir simpatía ante estos profesores de secundaria, tan aburridos como sus alumnos, que barnizan de experimento científico sus cogorzas. Solo beberán en horas de trabajo y comprobarán su grado de intoxicación etílica con un alcoholímetro. En el estudio se nos informará de que grandes nombres de la Historia, como Roosevelt, Churchill y Hemingway, eran notorios alcohólicos. Hitler en cambio era abstemio. Un trago a la petaca de vodka logra que estén «más serenos y abiertos». Mamados son mejores profesores, padres y esposos.

Los cuatro profesores amigos que protagonizan 'Otra ronda'.

«En este país todos beben como cosacos», certifica la mujer del personaje que encarna Mads Mikkelsen, apuntando al lado oscuro de una sociedad que desde el sur de Europa siempre contemplamos con admiración y envidia. Vinterberg sitúa a unos seres a la deriva, hundidos en la depresión, en un paraíso de casoplones nórdicos y naturaleza. Los momentos de comedia, como la vida doméstica del profesor que duerme con tres niños pequeños que se le orinan encima o las imágenes documentales de líderes mundiales beodos, poco a poco se van tiñendo de drama. Sabemos que el experimento se les va a ir de las manos según vaya aumentando el índice de alcohol en sangre que nos muestran los rótulos. El director de 'Celebración' sufrió al cuarto día de rodaje la muerte en accidente de coche de su hija Ida, de 19 años. A mitad de película el nihilismo digno de 'La grande bouffe' da paso a un moralismo habitual en las películas que tratan de las consecuencias del alcohol.

'Otra ronda' aparece así como una fábula moral sobre la camaradería masculina, casi un tema tabú en nuestros días. La hermosa escena en la que los cuatro amigos escuchan la pieza de un pianista, que también encontraba inspiración y técnica en la bebida, es tan emocionante como cuando De Niro y sus colegas jugaban al billar escuchando 'Can't take my eyes off you' en 'El cazador'.

La crisis de la mediana edad, el componente vocacional de la enseñanza, las taras de la sociedad danesa y la asunción de los sueños frustrados son temas de esta divertida y trágica cinta que en su final apuesta por la vida en un tono de luminoso musical.