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En primer término, Coque Malla y Alexandra Jiménez, vigilados de cerca por Hugo Silva, en un fotograma de 'Buscando a Coque'. Manolo Pavón
«Esta película lleva camino de ser una gran comedia romántica del cine español»

Coque Malla y Alexandra Jiménez

Músico y actriz
«Esta película lleva camino de ser una gran comedia romántica del cine español»

Ella y Hugo Silva estrenan 'Buscando a Coque', una película sobre una pareja que se tambalea cuando ella se acuesta con el exlíder de Los Ronaldos

Iker Cortés

Madrid

Miércoles, 14 de febrero 2024, 23:45

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César (Hugo Silva) y Teresa (Alexandra Jiménez) llevan diecisiete años juntos. Metódico y previsor, él está preparando ya las vacaciones para el verano que viene y así se lo comenta a ella, en un paseo por el madrileño parque del Retiro junto a Coque, el perro de la pareja. Sin embargo, ella parece un tanto ausente y distraída. Ambos se detienen cuando se encuentran a una pareja de chicas haciendo una versión de 'No puedo vivir sin ti', la canción que Coque Malla escribió para Los Ronaldos, pero que buena parte del público del Retiro achaca al Malla que llevaba ya años navegando en solitario.

Los comentarios y las opiniones de la gente enfadan a César, fan de la banda y del artista desde que iba al colegio, hasta el punto de que para la canción para explicar que la canción pertenece al grupo. Al finalizar el tema, César y Teresa se alejan de la muchedumbre, ella con lágrimas en los ojos. «¡Coque te ha emocionado, por fin te ha emocionado!», le dice él. «Sí», le responde ella, poco antes de confesarle que ayer se acostó con el rockero en un hotel. Estupefacto, César, acompañado de Teresa, irá en la búsqueda del artista, que ahora mismo se encuentra en Miami grabando su nuevo disco, para decirle cuatro cosas.

Así comienza 'Buscando a Coque', una comedia romántica realmente simpática que aborda la crisis de una pareja, al tiempo que toca temas como la infidelidad, la mitomanía o los estereotipos que rodean a los artistas. Detrás de la cinta, estrenada precisamente en San Valentín, están la pareja profesional y sentimental formada por Teresa Bellón y César F. Calvillo, que debutan como directores de largometrajes con esta película basada en su cortometraje 'Cariño, me he follado a Bunbury' (2016). Para hacerla, claro, era imprescindible que Coque Malla (Madrid, 54 años) estuviera metido en el ajo, aunque apenas salga hasta casi el final de la película, perpetuando así el halo misterioso de todo rockero.

Hugo Silva y Alexandra Jiménez. Manolo Pavón

«Me enviaron un 'email' que ya allanó el terreno, de cariño, respeto y, sobre todo sentido del humor. La idea, el concepto, me asustaba mucho», reconoce el músico, al que le daba reparo eso de hacer de 'latin lover'. Los miedos se le pasaron cuando leyó el guion: «Pensé: '¡Qué diálogos, qué divertido, qué tierno y qué bonita historia!'». Cabe preguntarle si para hacer un proyecto como este es imprescindible saber reírse de uno mismo. «No es que sea imprescindible, es que es la primera norma», sentencia, «pero el mérito es de ellos porque han utilizado la idea del personaje con un humor que me ha seducido».

A lo largo de la trama, César y Teresa van revelando sus sentimientos, al tiempo que echan la vista atrás a una relación que, sin duda, ha sido maravillosa, pero en la que se ha impuesto la monotonía. Al mismo tiempo hablan del sempiterno chaleco de Malla o de cómo folla, dibujando una exagerada figura del músico, con varias amantes en cada puerto.

-¿Cuánto hay de cierto en esa imagen? ¿Ha sido muy canallita?

-Coque Malla: Bueno, nunca lo sabrás (ríe). No, a ver, hay una parte cierta en la mitología del rock and roll porque la propia inercia de esta profesión te lleva a ello. Pero hay una parte muy incierta porque vivimos en el país que vivimos y aquí el sexo, drogas y el rock and roll y ese glamour y los aviones privados, pues es muy de andar por casa. Eso lo han vivido aquí los Héroes del Silencio como mucho. Y luego hay una parte de absoluta ida de olla de los demás interpretando cosas que no son como son.

A su lado, la actriz Alexandra Jiménez (Zaragoza, 44 años) dice que a ella le enamoró «desde el primer momento» la historia, los diálogos y un sentido del humor que conecta con el suyo. «Supe, sin ponerles cara, qué tipo de directores iban a ser y que me iban a dar mucha seguridad, libertad y diversión y no hay nada mejor que divertirte haciendo este trabajo, porque se nota y hay un punto de relajación que suma. Y con punto de relajación no hablo de falta de precisión o de concentración, sino de vibrar cómodamente en lo que estás haciendo», explica.

–Alexandra, ahora que no nos escucha Coque, ¿es más como César, una superfán de Malla, o como Teresa, que le gusta alguna canción y ya?

–C. M.: Pero pobrecita mía, no le hagas esa pregunta delante de mí (ríe).

–Alexandra Jiménez: (Rie). No es ningún apuro. A mí me gustaban mucho los Ronaldos, pero lo que más me gustaba era Coque Malla. Y con mi obsesión con ser actriz, desde muy pequeña, también me obsesionaban las películas que hacía Coque, como 'Todo es mentira', que me la sabía de memoria. Y he tenido la fortuna de haber podido por fin hacer una película con él. Con quien no he trabajado aún es con el director de esa película, Álvaro Fernández Armero.

-C. M.: Es que mucha gente que cree que es fan mía como actor y siempre les digo: «No, tú eres fan de Álvaro Fernández Armero, que es el genio que se inventó esas frases de 'Me voy a Cuenca' o '¡Que te abrace tu puta madre!'. Eso no es una creación mía. Yo hecho 'No puedo ir sin ti' o 'Adiós, papá'».

-A. J.: Pero yo daba mucho la vara con vosotros, con esa película, y con 'Nada en la nevera' también. Mi hermana y yo éramos muy pesadas y las poníamos una y otra vez. Por eso rodar esto es tan bonito porque me conecta con una parte muy importante de mi vida.

-C. M.: Yo creo que esta película, además, tiene mucho de la magia de ese retrato de la pareja desde la comedia, sin olvidar la tristeza y el patetismo que hay a veces en ellas. Creo que ahí se hermana mucho con 'Todo es mentira', que me parece una joya, y se pone a la altura. Yo creo que esta película lleva ese camino de ser una gran comedia romántica del cine español.

De infidelidades y mitomanías

El punto en torno al que pivota la trama es esa infidelidad con el ídolo de la otra persona y resulta casi obligatorio saber si perdonarían un desliz como el de la película. «Nos habéis hecho todos la misma pregunta», confiesa Malla, muy sorprendido por la cantidad de entrevistas que lleva en una mañana a cuenta de la película, nada que ver con el tempo más relajado de la promoción cuando saca un nuevo trabajo discográfico. «Yo creo que nadie tiene la respuesta porque nadie sabe cómo va a estar en ese momento de su vida, si es que ocurre tal cosa», se aventura la actriz. «Tú hoy piensas de una manera y te sientes de una manera y mañana, probablemente, no te reconozcas en lo que sentías en otro momento. Depende del contexto, depende de tantas cosas... Es muy difícil responder», zanja.

Coque Malla, en un fotograma de la película. Manolo Pavón.

«Es que en mi caso sería muy raro, ¿no? Porque, cariño, me he acostado con Keith Richards», explica entre risas. «A ver, hostia, yo no perdono nada. O sea, a mí mi mujer me cuenta que ha estado en brazos de otro hombre y me vuelvo loco. Ya puede ser Santa Teresa de Jesús. Pero luego, pues no sabes cómo vas a gestionar eso y si va a ser el fin o no», añade Malla.

Ambos se consideran muy mitómanos, aunque su relación con los ídolos ha ido cambiando a lo largo del tiempo. «Sigo teniendo gente que admiro profundamente y que me sirve de guía, de inspiración, y que observo y estudio para sacar y absorber cosas», dice Jiménez, que lanza un par de nombres: Meryl Streep y Elizabeth Moss. En el caso de esta última, le fascina lo «extrema» que es. «Es muy poco económica en su manera de trabajar. Pero me gusta por eso, porque arriesga y a veces hasta derrapa. Esto a mí me ayuda también a atreverme».

Por su parte, Malla cree que la mitomanía forma parte del trabajo del artista. «Yo creo que vamos dedicándonos a esto porque admiramos a otros. Nuestros mitos también tienen mitos y lo vas descubriendo en sus biografías. Hay algo como del relevo de la antorcha, de mantener la llama del rock and roll viva. Y pasa como dice Alexandra, que se va transformando. Al principio es una cosa como más liviana, más superficial: me visto como Keith Richards o como David Bowie. Luego, con el paso del tiempo, te das cuenta de que esta gente tienen algo de maestros, padres, hermanos, amigos invisibles», analiza.

La cinta aprovecha también para plantear, en tono de comedia, un debate muy presente en la actualidad y es el si hay que separar al artista de su obra. «Hay que hacerlo absolutamente, es fundamental», reflexiona Jiménez. Malla coincide con ella: «Hay que hacerlo y eso sí que creo que tiene mucho que ver con la mitomanía. Yo sí que soy muy de perdonar. Es decir, para mí, alguien que compone 'Yesterday' se ha ganado al cielo. O sea, le perdono todo. El arte, la música, es mi vida, mi todo, así que un tipo que me conmueve y me cambia la vida con algo que se ha inventado al piano o a la guitarra de ese calibre, pues puede ser todo lo gilipollas que quiera», apunta el músico y actor. «Es que al final donde pones tu interés es en el artista, no en la persona. La persona que haga lo que le dé la gana. Mientras siga ofreciendo todo eso, yo no necesito saber nada más», continúa Jiménez.

Y de la mitomanía a la monotonía. ¿Es inevitable en una pareja que lleva tanto tiempo o hay algún truquito? «Yo creo que no existen trucos. Cada pareja hace lo que puede. Es como con los hijos, que haces lo que puedes y nunca sabes a qué tipo de situaciones te vas a enfrentar. El tiempo desgasta. Pero también da otra dimensión a la relación. Mucho más interesante, ¿no? A mí lo que me gusta de esta película, sobre todo, es el retrato de esta relación tan preciosa que hay entre los dos, y eso que los conocemos en plena crisis existencial entre ellos, y, sin embargo, ves a dos seres que se aman incondicionalmente», concluye la actriz.

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