El Autocine Madrid RACE. / R.C.

¿Qué pasa con las salas de cine?

El coronavirus está causando estragos en el sector de la exhibición cinematográfica tradicional. El polémico cierre de las salas de cine en Barcelona ha vuelto a sumir en la incertidumbre a una colectivo en crisis que no piensa tirar la toalla

BORJA CRESPO Madrid

El circuito de exhibición cinematográfica presencial es uno de los sectores más damnificados en plena pandemia. La audiencia se resiste a regresar a las salas y la vuelta a la presunta normalidad está siendo con cuentagotas. En la situación inusual en la cual vivimos parece que el formato autocine está llamando la atención: está prevista la apertura de nuevas iniciativas en este sentido en nuestro mercado en un futuro próximo (por aquí el de Getxo lleva años funcionando y recientemente celebraron un concierto de Belako). En EE.UU., donde el confinamiento no ha sido obligatorio y el contador de infectados se muestra imparable, la posibilidad de ver cine en el coche ha permitido salvar la papeleta comercialmente a más de una distribuidora: el filme de terror 'Madre oscura' -cruce entre 'Noche de miedo' y 'La tutora'-, estrenado el pasado fin de semana en la cartelera española, se mantuvo seis semanas liderando la taquilla estadounidense, convirtiéndose en un símbolo de la resistencia al Covid-19 (en España ha entrado en el tercer puesto, con 87.000 euros de recaudación, un lujo ante el panorama reinante). Un fenómeno inesperado que suaviza ligeramente el movimiento sísmico que está afectando al negocio, mientras las plataformas en streaming y el consumo digital desde el sofá de casa crece imparable.

Nuevos hábitos sociales en el terreno del entretenimiento indican que nos estamos volviendo más caseros. Lógico, dadas las circunstancias. Solo hay que recordar unas de las escenas más impactantes de la película 'Estallido', donde un virus letal siembra el caos en el planeta, para amedrentarse a la hora de pasar por taquilla. Uno de los brotes más extremos en esta ficción audiovisual protagonizada por Dustin Hoffman –una de las más vistas en casa durante el encierro, junto a 'Contagio' y la coreana 'Virus'-, es, precisamente, en el interior de una sala oscura, al calor del divino haz de luz del proyector. Ahora hay que acomodarse en el patio de butacas con la mascarilla durante toda la proyección, no queda otra. Si añadimos que julio es el peor mes del año para estrenar en cines, según dicen las estadísticas, ya está todo dicho.

El humor recupera público

Las grandes distribuidoras han decidido no arriesgar y posponer el lanzamiento de sus apuestas más esperadas. Mientras, el público habitual del tipo de películas que ven la luz estos días en la maltrecha cartelera es, por edad, un target de riesgo frente al contagio. No es de extrañar que ciertos espectadores prefieran quedarse en casa sin jugársela. Un esperado estreno que ha caído, sin nueva fecha definida, es 'Tenet', lo último de Christopher Nolan, cuya presencia en salas estaba prevista para mediados del presente mes. La tercera entrega de 'The Conjuring', la popular saga de terror, es uno de los muchos ejemplos que han postergado su trayectoria en las grandes pantallas hasta 2021. Las cifras del último fin de semana han confirmado que el público se anima más con la oferta de determinadas producciones con un claro sentido comercial que pretenden sintonizar con el supuesto gusto mayoritario. 'Superagente Makey', comedia dirigida por Alfonso Sánchez ('El mundo es nuestro'), con Leo Harlem como rey de la función, ha contabilizado 50.000 espectadores y 270.000 euros de recaudación. La asistencia se ha incrementado en un 63% respecto al fin de semana anterior, lo que indica el camino posible para la recuperación del consumo social de las salas de cine tras el cierre provocado por la crisis del coronavirus. La película protagonizada por el veterano monologuista puede que amase algo más de un millón de euros en esta nueva normalidad, cantidad que se hubiera multiplicado por más de cuatro en el pasado. La esperanza está puesta también en la secuela de 'Padre no hay más que uno', con las vis cómica del inefable Santiago Segura como principal reclamo. Su primera entrega funcionó muy por encima de la media, aunque eran otros tiempos.

¿Quién arriesga?

Una pena la falta de riesgo y visión a largo plazo de las multinacionales. A las majors les cuesta arrimar el hombro, hay mucho dinero en juego. A pesar de que los números no acompañan, el esfuerzo de las distribuidoras y salas independientes está siendo titánico y loable, apostando por títulos de notable interés y reposiciones de clásicos de ayer y hoy. Por ejemplo, se ha reestrenado 'El Hoyo', producción vasca multipremiada, dirigida por Galder Gaztelu-Urrutia, que puede presumir de ser uno de los filmes más vistos durante el confinamiento en todo el planeta. Ofertada en el menú de Netflix, su claustrofóbico argumento va acorde al aislamiento doméstico. La popular plataforma es reacia a dar cifras de visionado, pero acaba de anunciar el ranking de sus diez últimos pelotazos, un listado de hits donde 'The Platform', como se conoce internacionalmente, ocupa el noveno puesto con 56 millones de plays. Un enorme éxito.

El estado natural de la exhibición cinematográfica pasa por las salas y el video bajo demanda. Caminan de la mano, paralelamente, atendiendo a una normalización del sector por una vía inevitable que se ha acelerado debido a los estragos de la pandemia. El consumo social muta, Internet copa nuestras vidas y la oferta debe adaptarse a la demanda, a los cambios de hábitos y diferentes tendencias. Aparte de la cartelera habitual, los festivales especializados también están teniendo que afrontar cambios estructurales, acorde a las medidas de seguridad e higiene actuales. Quizás hay que darle la vuelta a una posible fusión entre el concepto festivo de la hostelería y las proyecciones de toda la vida, opción que ya acoge el extendido cine de verano, al aire libre, en playas y plazas del pueblo donde las terrazas de los bares no han perdido acólitos.