Clint Eastwood en 'Cry Macho'.

'Cry Macho': un Eastwood menor

A sus 91 años, el director firma un relato crepuscular, amable pero anodino, en el que da vida a una antigua estrella del rodeo

Borja Crespo
BORJA CRESPO

A Clint Eastwood hay que reconocerle su entrega a la causa del cine. Su devoción a la profesión y su deseo imparable de contar historias. Habiendo cumplido los 91 años, no abandona la cámara, probablemente porque si para de rodar, su energía se disipa. Alabada su pasión indiscutiblemente, hay que aceptar irremediablemente que su filmografía es francamente desigual, con obras magnas y otras menores a lo largo de su trayectoria más cercana en el tiempo, que ha perdido brío a marchas forzadas. 'Mula' no cumplió con las expectativas, algo mejoró con 'Richard Jewell', pero no parecer abandonar su deseo de repetir el éxito de 'Gran Torino', filme con el cual quizás debería haberse plantado.

Lejos de quitarse las botas, retoma su deseo de trascender al volante de 'Cry Macho', una apuesta tan amable como anodina que comienza con los acordes de una canción country y utiliza una tipografía en los créditos que remite directamente al western, para que no haya lugar a dudas sobre las intenciones del prolífico cineasta. La presentación del personaje y su entorno es inmediata, señalando la naturaleza crepuscular de una película que puede alinearse con títulos indispensables del incombustible actor y director, con menos suerte en la ejecución. Su personaje fue el rey del rodeo, una estrella incontestable que se niega a abandonar del todo aquello que le hizo feliz.

Entrevista Clint Eastwood:

Una pasión devoradora que ha forjado a un hombre con principios, un vaquero de palabra que acepta a regañadientes ayudar a su antiguo jefe, un déspota a quien le debe el favor de no haber perdido su rancho asolado por los impagos. No le queda otra que devolverle la deuda acudiendo a México, con pocas ganas, para convencer a su hijo perdido, un chaval descarriado que no recibe con agrado al amigo de la familia. El chaval convive en un entorno criminal, como cabe imaginar, y el viaje de vuelta se complica.

'Cry Macho' es muy poco creíble desde el momento en el cual un nonagenario atrae sexualmente a una mujer 50 años más joven -Fernanda Urrejola, vista en 'Narcos: México', hace lo que puede-, reflejado en una escena histriónica y ridícula, digna de una telenovela de sobremesa. A partir del ahí el resto del filme tiene serias dificultades para sostenerse. Sin entrar en más debate sobre la gerontofilia, el anciano y el adolescente emprenden una huida de una supuesta madre histérica que colecciona amantes infames. Sus peripecias son del todo menos sorprendentes.

Clint Eastwood y Natalia Traven en 'Cry Macho'.

Les acompaña un gallo de pelea, por nombre Macho, y poco más como dato reseñable. Lo último de Eastwood como autor es una muestra de cine tan clásico como ingenuo. Su defensa de los valores y de la figura paterna se torna excesivamente sensiblera, carente de un discurso firme y actualizado. El viejo cowboy sigue rockanroleando, que ya es decir mucho, sin el ritmo de antaño. Lo mejor son sus diálogos.