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Juan José Ballesta regresa al cine cinco años después de 'Oro' dando vida al anarquista navarro Lucio Urtubia.

Lucio Urtubia, el 'Robin Hood navarro', se hace estrella de Netflix

Juan José Ballesta regresa al cine dando vida al anarquista atracador y falsificador en 'Un hombre de acción', una entretenida cinta que desaprovecha a un personaje con aristas

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI Madrid

«¿Qué delito es el robo de un banco comparado con el hecho de fundar uno?», se preguntaba Lucio Urtubia (Cascante, Navarra, 1931; París, 2020). Un documental dirigido en 2007 por Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga, los autores de 'Loreak' y 'Handia' (disponible en RTVE Play), descubrieron al mundo a este albañil anarquista que se introdujo en el contrabando, cometió atracos y puso contra las cuerdas al poderoso First National City Bank mediante la falsificación masiva de cheques de viaje. Urtubia discutió de estrategias con 'Che' Guevara, trató con André Breton y Albert Camus y ayudó a Eldridge Cleaver, el líder de los Panteras Negras. Y todo sin faltar un día al andamio.

Netflix estrena el 30 de noviembre 'Un hombre de acción', un largometraje de ficción «inspirado libremente en la vida de Lucio Urtubia», como advierten los créditos iniciales, que supone el regreso a la gran pantalla de Juan José Ballesta cinco años después de 'Oro'. Javier Ruiz Caldera, director de éxitos de taquilla como '3 bodas de más', 'Anacleto: agente secreto' y 'Superlópez', ha concebido el filme como una aventura en la estela de 'Atrápame si puedes', de Steven Spielberg. La crónica de un pícaro con ideales que adopta su conciencia política cuando huye a París y se relaciona con exiliados españoles.

Luis Callejo y Juan José Ballesta, dos exiliados españoles en París que combinan la militancia anarquista y los atracos a bancos.

'La Revolución por el tejado' y 'Mi utopía vivida' se titulan los libros de memorias de este 'Robin Hood navarro', cuyo hogar parisino acogió a todo tipo de exiliados, desde etarras a miembros de la CNT. La cinta de Netflix esquiva los aspectos más controvertidos del personaje, como el frustrado rapto del nazi Klaus Barbie en Bolivia o su mediación en el secuestro del diputado Javier Rupérez por ETA. 'La pulga y el elefante' es el título que se barajó para el filme (se mantiene como subtítulo), tomado de una conversación ¿real? que mantienen el protagonista y 'Che' Guevara en un baño del aeropuerto de París: «Una pulga no puede acabar con un elefante», alecciona el revolucionario ante la propuesta del protagonista de acabar con el capitalismo inundando el mercado de dólares falsos.

El auténtico Lucio Urtubia en Vitoria en 2015. / Rafa Gutiérrez

«Lucio era un idealista, un humanista, que puede servir como ejemplo de que una persona con sus ideales y su convicción puede llegar a conseguir lo inimaginable», resume Ruiz Caldera. «Es David contra Goliat. Lucio está lleno de contradicciones, como por ejemplo casarse por la iglesia. Hay muchos Lucios y nosotros hemos contado una historia para que llegue a todo el mundo». El filme arranca con una escaramuza parisina que rezuma sofisticación y gracia. Su héroe no tiene el aspecto de un ladrón o timador al uso, tocado con una boina como si acabara de llegar del pueblo. Y hasta el mísero Cascante de los años 40 nos lleva la película acto seguido, para entender de dónde viene este hijo de un republicano que no tenía dinero para pagarse la morfina con la que aliviar el dolor de su enfermedad.

Miki Esparbé da vida al guerrillero del maquis Quico Sabaté.

Ballesta aporta la naturalidad ruda, el carisma callejero y la sonrisa de 'El Bola' al personaje. Urtubia desertó del servicio militar tras desvalijar un almacén y en 1954 escapó a París, donde vivió hasta el final de sus días. Robar bancos, o más bien «expropiarlos», como precisaba, fue una consecuencia lógica para un anarquista con una férrea ética del trabajo y la justicia. Lucio se deslomaba en la obra y se orinaba de miedo –literalmente– en los atracos. La revolución pasaba por repartir el dinero que conseguía en los golpes a los necesitados. Su maestro en la película es Quico Sabaté (Miki Esparbé), un guerrillero del maquis que atracó bancos en Barcelona y llegó a estar considerado el enemigo número uno del régimen franquista. El guion de Patxi Amezcua, que llegó a reunirse en un par de ocasiones conUrtubia, retrata también a una universitaria burguesa que será el gran amor del protagonista, madre de su hija, y a su némesis, un tenaz inspector de policía que no parará hasta capturarlo.

Manos manchadas de cal

«Lucio tenía un carisma increíble y mucha gracia. Eso, unido al mensaje que defendía, hacía que la gente no podía dejar de escucharlo», defiende el director, aunque en la película se muestre como un hombre que habla poco porque prefiere actuar. «Lo que le ha convertido en mítico es su idealismo y la defensa de la libertad absoluta del individuo, con la que todos podemos sentirnos identificados». En una escena de 'Un hombre de acción', Urtubia le muestra a la policía las manos curtidas y manchadas de cal. «¿Son estas las manos de un atracador?», inquiere. Tras falsificar dólares descubrirá a finales de los 70 que los novedosos cheques de viaje son un instrumento más eficaz y seguro para timar a los bancos. El volumen de lo defraudado, más de 20 millones de dólares, provocó que el First National se desprendiera de esta modalidad de instrumento de pago.

«Lo que le ha convertido en mítico a Lucio es su idealismo y la defensa de la libertad absoluta del individuo»

javier ruiz caldera

«La familia de Lucio no ha tenido nada que ver en la producción de la película, pero hemos querido que fueran los primeros en verla»

javier ruiz caldera

La sensación final de 'Un hombre de acción' es que se desaprovecha un personaje con aristas, al que no terminamos de conocer del todo. Su conflicto moral en el filme se limita a anteponer su actividad delictiva a su familia. Ruiz Caldera rueda con oficio, Ballesta está impecable y el esfuerzo por recrear la época es meritorio. Pero queda la duda de si Lucio Urtubia se merecía una película entretenidísima, donde suenan 'Capri c'est fini' y 'Comme d'habitude' con la ligereza de un anuncio de Martini (el peaje de que Netflix la estrene en todo el mundo), o algo más crudo y politizado.

Juan José Ballesta y Liah O'Prey, que da vida a su mujer.

«Lucio se sintió orgulloso toda la vida de ser un albañil, se levantaba a la seis de la mañana y trabajó toda su vida», apunta Ruiz Caldera. «El banco más importante del mundo se tuvo que doblegar ante sus exigencias. ¿Cómo podían sospechar de alguien que estaba toda la mañana en la obra?». Los aspectos más escabrosos en la trayectoria del protagonista, reconoce el director, dan para otras muchas películas. «Su vida es inabarcable. Hemos tenido que escoger y en montaje se han quedado cosas fuera. La familia de Lucio no ha tenido nada que ver en la producción de la película, pero hemos querido que fueran los primeros en verla. Fue un pase muy emotivo. Y ellos nos dijeron que hay muchos Lucios y que nosotros habíamos reflejado uno de ellos».