Javier Bardem en el Festival de San Sebastián. / efe

Javier Bardem: «En España abrimos la puerta al gracioso, de Jesús Gil al rey emérito»

El actor encarna a un empresario paternalista y sin escrúpulos en 'El buen patrón', su regreso al mundo laboral junto a Fernando León veinte años después de 'Los lunes al sol'

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Javier Bardem (Las Palmas de Gran Canaria, 1969) asegura que ha buceado en su interior para encontrar el carisma y la falta de decencia del protagonista de 'El buen patrón', un empresario que va de paternal con sus empleados cuando en realidad se inmiscuye en su vida privada para que solo piensen en trabajar. El actor es firme candidato al premio de interpretación en San Sebastián por la película de Fernando León, que vuelve al mundo laboral casi veinte años después de 'Los lunes al sol'.

-¿Se ha encontrado alguna vez un jefe como el de la película?

-He conocido a algunos en el cine, pero muchos menos de los que podrías suponer. En el cine todo está jerarquizado, el director es todopoderoso, se supone que es poco democrático. Pero no lo es, cada departamento tiene su voz y su voto. Tangencialmente he conocido a algún jefe así… A ver, he conocido a Harvey Weinstein, que va más allá de Julio Blanco. El carisma es el punto de conexión con el personaje. Son gente que llega muy lejos porque se les disculpa y perdona desde el carisma. Por eso Julio Blanco tenía que ser carismático. Poco a poco van entrando en la intimidad de las personas de una manera paternalista, te hacen sentirte especial. Y cuando te das cuenta te han invadido y estás a su antojo.

-¿Qué impresión le causó Weinstein?

-Iba a producir una película muy importante que luego no se hizo, 'Edgardo Mortara'. Año 2002, después de 'Los lunes al sol'. Hotel Savoy de Londres. Estuve esperando en una habitación sentado en una silla. Weinstein apareció por una puerta y me dijo: a ver, dime algo en inglés. ¿Perdón? Dime dónde naciste en inglés. Y dije: yo he nacido en Las Palmas de Gran Canaria… ¡El papel es tuyo! Y se fue por otra puerta. Me dije, ¿de verdad esto va así, colega? Era un papel protagónico con Anthony Hopkins. Luego no se hizo la película. Años después, coincidimos en 'Nine', una película en la que yo estuve en la terna final. Harvey Weinstein era alguien encantador, superinteligente, con un cultura y un gusto cinematográfico envidiable. Cuando salió todo este escándalo no me lo pude creer. Después vas viendo que tiene todo el sentido. Era alguien avasallador, una presencia física que tocaba, te sentaba, te ponía un vaso… Joder, ¿cómo salgo yo de aquí? Alguien que hace eso puede llegar a hacer lo otro.

Vídeo. Tráiler de 'el buen patrón'.

-El carisma del empresario.

-Julio Blanco tiene ese carisma, la gente le abre la puerta porque cree que hay una voluntad real de mejorar su vida, cuando en realidad está violando su intimidad para controlarle. Si fuese seco o agresivo no querrían saber nada de él. Es esta cosa de la taberna, de este tío es jodido pero qué gracioso es. Y desde ahí le abrimos la puerta. Desde Jesús Gil a otros muchos, hasta al rey de España, el emérito famoso.

-¿Hay algo de Javier Bardem en Julio Blanco?

-No es que yo reconozca cosas suyas en mí, pero sí el potencial. Yo no asesino a nadie, pero cuando hago 'No es país para viejos' tengo que reconocer esa violencia en mí. El actor está obligadísimo a reconocer cosas de sus espejos, a veces muy desagradables, porque si no estaría haciendo el mismo personaje. De Julio Blanco puedo reconocer esa parte de uno que se siente con el derecho de pasar por encima de otro porque la vida es así. La vida me ha dado a mí este sitio y a ti ese otro. Estuve hace poco en Nueva York y es terrible ver el desgaste humano de las personas que viven en la calle, a punto de mandarles a urgencias. Y el ritmo con el que andamos todos a su alrededor sin prestarles ninguna atención. Ese también es un abuso de poder.

-¿Es cierto que con trabajo y esfuerzo se llega a donde se quiere?

-Son mantras que uno se dice para animarse y animar a los demás a producir. Es verdad que todo merece un esfuerzo, las cosas hay que trabajarlas. El sacrificio tiene una recompensa, como el talento y la suerte. Más allá de que el protagonista de 'El buen patrón' se haya hecho a sí mismo, lo que se critica en esta historia es el abuso de tu cuota de poder. Da igual que seas el jefe de una grandísima empresa o tengas un bar de barrio. Todos tenemos nuestra cuota de poder, el problema es qué haces con ella. Es como la xenofobia y el machismo, todos conocemos la teoría, pero hay que ponerla en práctica. Muchas veces tenemos detalles, actitudes, palabras que tienen que ver con mantener un comportamiento heredado socialmente que es absolutamente impugnable. Esa es la parte que hay que reconocer en uno mismo. No hay que atropellar, aunque los tiempos no acompañan. Todo lo queremos ya, solucionado y perfecto. Si no es así, va a venir alguien mejor preparado que va a cobrar menos. Veinte años después de 'Los lunes al sol', hay algo nuevo: el eco en las redes sociales. Cualquier persona, aunque no sea famosa, es susceptible de crítica y castigo. Saben cuál es tu cuenta y tu perfil y te pueden castigar si te unes a un movimiento en contra de un abuso. Eso hace que la gente se retraiga aún más. Todo eso hace que un personaje como Julio Blanco pueda existir y no sea juzgado públicamente, no sea querido ser visto.

Javier Bardem y Óscar de la Fuente en 'El buen patrón'.

-¿Qué haría Santa, el protagonista de 'Los lunes al sol', en la empresa de 'El buen patrón'?

-Quemarla… No sé… Muchas veces fantaseábamos con qué se dirían Santa y Julio Blanco, que no es fácil de engañar. Tiene carisma y esa inteligencia popular que logra que le vayas excusando. Santa era radical y tenía la fuerza del grupo. Ha cambiado todo tanto en estos veinte años… Las condiciones laborales ahora son igual de deplorables o más que entonces. Detrás de ti hay muchos más que van a hacer tu trabajo en peores condiciones, de eso se están aprovechando.

-¿Cómo ha sido volver a trabajar con Fernando León?

-De las cosas bonitas que me dio 'Los lunes al sol', que fueron muchas, está la amistad con Luis Tosar y con Fernando. Le quiero y le admiro como padre, como amigo, como escritor y director. A veces que nos conozcamos tanto no ayuda, porque sabe exactamente qué hacer para sacarme de mis casillas. Pero también me atrevo mucho con él. Es un grandísimo montador, un orfebre fino que se pasa horas y horas buscando la palabra, el gesto, el silencio… Por eso el humor funciona tan bien en sus películas.