Una imagen de 'Nadie'.

'Nadie': Ensalada de tiros y un gatito

No busquemos originalidad cuando manda el entretenimiento. 'Nadie' ofrece con creces lo que promete: pura catarsis al servicio de Bob Odenkirk

Borja Crespo
BORJA CRESPO

La venganza es un plato que se sirve frío, a ser posible con abundante picante. Como una versión destilada de la primera entrega de la saga 'John Wick' se presenta 'Nadie', una divertida película de acción que aguanta bien el ritmo y explota bien el humor negro al servicio de una espiral de ultraviolencia que hará las delicias de los amantes del género. Probablemente Clint Eastwood peinaba demasiadas canas para el papel principal, Liam Neeson está muy visto como justiciero talludo últimamente y Mel Gibson ya se esmeró repartiendo tollinas en 'Payback', cuyo espíritu burlón mimetiza esta propuesta electrizante que cuenta con un entregado Bob Odenkirk como actor protagonista.

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El rostro de 'Better Call Saul', la precuela de 'Breaking Bad', encarna a un padre de familia que sobrevive, sumido en la melancolía, a una monotonía existencial exasperante. Todos los días son el mismo. Suena la alarma, se levanta de la cama, desayuna, ficha en el trabajo y vuelta al hogar, dulce hogar. Pero un buen día todo cambia cuando una pareja de atracadores irrumpe por la noche en la vivienda resquebrajando el equilibrio doméstico. Si Keanu Reeves la liaba parda por culpa de una mascota mancillada, un perro muerto, aquí el detonante de la vendetta es una pulsera con un gatito. ¡Hágase el infierno!

Como si 'Un día de furia' se cruzase con la mentada 'Payback', con unos toques de la serie Bourne, 'Nadie' avanza sin descanso, contando el off algunas barrabasadas sin que afecte a su compás, más bien lo contrario. Generosa en hemoglobina, no es tan excesiva como 'John Wick', apuesta más por la ironía y focaliza sus intenciones en un personaje impredecible, bien acotado por un inspirado Odenkirk. Su trabajo, menos histriónico, remite al desbarre de la serie 'Happy!', donde reina el delirio canalizado por Christopher Meloni, en la piel de un canalla que cambia la placa de detective por el consumo de drogas y la visita a burdeles en los bajos fondos.

El estreno que nos ocupa no se deja llevar por el absurdo de manera tan extrema pero expone los acontecimientos con un voltaje in crescendo, bien medido por la batuta del cineasta ruso Ilya Naishuller, artífice de la hipervitaminada 'Hardcore Henry', una sucesión de adrenalíticas imágenes que emulaban un videojuego inmersivo. Un shooter en carne y hueso, donde se brindaba al espectador la oportunidad de vivir la aventura como si formase parte de ella, con sus propios ojos, a un paso de la realidad virtual. Una clara muestra del cine de la generación Go Pro, con planos desbocados, cámara nerviosa, encuadres en gran angular y montaje sin pausa. En esta ocasión manda el trípode, pero no faltan algunos desvaríos visuales en pos de la narración.

A la excelente labor de Odenkirk repartiendo estopa frente a la cámara -ojalá Bruce Willis hubiera envejecido así- se une la presencia de secundarios de lujo, como el mítico Christopher Lloyd, cuya aparición final es épica, subrayando el carácter socarrón del espectáculo, o el rapero RZA, una apisonadora dándole al gatillo. 'Nadie' es un divertimento especialmente pensado para mentes desprejuiciadas. No hay que tomársela en serio para saborearla en su justa medida. Huele a franquicia, como 'Venganza' pero más festiva.