El director Daniel Monzón, en el Festival de San Sebastián.

Daniel Monzón: «Si hoy estrenas en el cine 'Perros callejeros', corren ríos de tinta»

El director recupera el cine quinqui en 'Las leyes de la frontera', adaptación de la novela de Javier Cercas ambientada en la Gerona de 1978 con la que se ha clausurado el Festival de San Sebastián

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Daniel Monzón (Palma de Mallorca, 1968) conoció los descampados y los quinquis en la España de la Transición. Por eso le tocó tan de cerca 'Las leyes de la frontera', la novela de Javier Cercas protagonizada por un chaval de clase media en la Gerona de 1978, que acaba entre macarras y ladrones por el amor de una chica. El filme, que llega a las salas el 8 de octubre y clausuró San Sebastián fuera de concurso, recupera aquel cine quinqui salvaje y políticamente incorrecto de Eloy de la Iglesia y José Antonio de la Loma, aunque el autor de 'Celda 211' y 'El Niño' remarque que hoy sería imposible hacer esas películas porque ya no existen los quinquis.

–Ha rodado una historia de iniciación, lo que los americanos llaman 'coming of age'.

–Ese es el motor de la historia, la esencia de la película. Después hay otras muchas cosas. Cuando leí la novela, este asunto me tocó muy dentro. Me emocionó mucho la historia del primer amor, un chico de clase media que, de pronto, se enamora hasta las patas de una quinqui. Salta al otro lado y está dispuesto a lo que sea, hasta a robar un banco. Encuentra una camaradería entre quinquis que no ha experimentado con la gente de su clase social. Algo tengo de ese Gafitas... Yo vivía de niño al final de la ciudad, en Palma hasta los siete años y en Valencia hasta los diecinueve. Era un chico de clase media y en ambos casos mi casa estaba al final de la ciudad, rodeada de descampados donde yo veía a los quinquis. Me cruzaba con ellos y alguna vez me atracaron. Les miraba con una mezcla de temor y fascinación. Veía que era un clan que vivía de una manera más libre y salvaje. De adolescente, sientes la necesidad de la rebeldía, de saltarte las convenciones, de correr, gritar, enamorarte... Lo que hace el protagonista es lo que yo hubiese deseado hacer y no tuve el valor.

Vídeo. Tráiler de 'Las leyes de la frontera'.

–'Las leyes de la frontera' suena a western.

–La película también tiene un aroma a western. Nuestros 'forajidos de leyenda' son los quinquis, este podría ser nuestro western ibérico.

–¿La novela de Cercas tiene algo de autobiográfico?

–Sé que Javier la escribió después de ver una exposición dedicada a los quinquis en el CCCB. Viendo los retratos de toda aquella gente de su generación con la que se cruzó, se preguntó por qué ellos estaban muertos y él vivo. No es un libro autobiográfico, pero tiene que ver con un anhelo autobiográfico. Podía haberlo vivido y ser la parte más emocionante y pasional de su existencia. 'Las leyes de la frontera' también alude en su título a que puedes nacer en un sitio o en otro. El que ha nacido al otro lado de la frontera está predestinado al agujero.

–España, 1978. La Transición contemplada a ras de suelo, desde el barrio.

–La cara A de la Transición era la alegría de la democracia recién instaurada, libertad, libertad, sin ira libertad. Todo era luminoso y esperanzador. Y después está la cara B, las familias en los arrabales de las grandes ciudades en busca de un trabajo que no encontraban. Los hijos veían la fiesta desde la barrera. Como no les invitaban a la fiesta, ellos se la tomaban por su mano. Robaban coches y bancos, vivían y morían muy deprisa.

–Y la droga.

–Al término del verano en el que transcurre la película irrumpió la heroína. Todos estos quinquis murieron abatidos a balazos por la policía o con un pico de heroína en el brazo. El guionista Jorge Guerricaechevarría y yo buscamos supervivientes de la época y no pudimos encontrar a ninguno. Solo hablamos con El Pera (Juan Carlos Delgado), que entonces era un niño que conducía como un diablo y cuenta con su propia película, 'Volando voy'. Le ofrecieron enseñar a la policía y a la guardia civil a conducir como él lo hacía.

Los protagonistas de 'Las leyes de la frontera'.

–No existen quinquis ni ese mundo: Gerona hoy es una ciudad de postal llena de turistas.

–Exacto. España se ha maquillado y transformado en otra cosa, más cómoda. Yo hablo de mi 'Amarcord' particular, intentar rodar una película de quinquis hoy es una empresa absurda. No puedes hacer un filme manierista o mimético porque la gran baza de aquel cine era que estaba interpretado por los propios quinquis, que hoy no existen. Se puede visitar desde la memoria y la idealización, que no siginifica romantización, porque muestro que aquella vida era terriblemente dura.

«De adolescente miraba a los quinquis con una mezcla de temor y fascinación»

«No se puede comparar la desesperanza de los jóvenes de entonces, que no tenían dónde caerse muertos, con la de ahora»

–Aquellas películas, 'Colegas', 'El pico', 'Perros callejeros', hoy resultan políticamente incorrectas.

–Estaban cargadas de actitudes machistas, por eso me encantó de la novela la arrolladora figura de Tere. Si hoy estrenas en salas 'Perros callejeros' corren ríos de tinta. Esta es una película rodada en scope, es como una supervitaminización de aquel cine. Los coches, la ropa, todo es de la época, pero suena en 5.1. Yo quería recuperar la frescura de la época, los que interpretan a la banda del Zarko son gente sacada de la calle. Están todos los estilemas del género: los prostíbulos, las carreras de coches... Aquellas persecuciones eran espectaculares, se jugaban la vida. Y quería recuperar aquella fuerza.

–Lo quinqui, lo macarra, lo suburbial está de moda: Rosalía, C. Tangana...

–Eso está contado en la propia película, cuando el protagonista regresa de mayor a su barrio y echa de menos la autenticidad. No se puede comparar la desesperanza de los jóvenes de entonces, que vivían hacinados en poblados y no tenían dónde caerse muertos, con la de los de ahora. Aunque es cierto que hay una cierta desesperanza en los jóvenes respecto al futuro que hace que miren aquellas actitudes libres y anarquistas y sientan una conexión entre este presente y el pasado. Estéticamente y en la música se establece una conexión muy directa.