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Una de las secuencias de acción del filme.

Crítica de 'Jurassic World: Dominion': disfrutable, pero larga y predecible

La cinta, que echa el cierre a la franquicia, reúne a todos sus protagonistas en una historia de aventuras sin apenas sorpresas y tan simple como efectiva

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

Hay un punto de pereza en la forma en la que comienza 'Jurassic World: Dominion', aunque, a fin de cuentas, sea simpática: un noticiario con imágenes de diferentes rincones del planeta relatan al espectador que los dinosaurios ya están presentes en buena parte del mundo y que la convivencia con los seres humanos está siendo más bien complicada. Es un resumen de lo que se vio en las dos anteriores entregas, 'Jurassic World' y 'Jurassic World: El reino caído' -han transcurrido cuatro años desde la destrucción de la Isla Nublar-, pero también un avance de lo que está por venir porque el informativo explica que la adolescente Maisie ha desaparecido y que Biosyn, la compañía para la que trabajaba su madre, una brillante científica, mantiene un santuario repleto de dinosaurios con los que espera encontrar una cura para muchas de las enfermedades que arrinconan al ser humano.

Es el punto de partida de una cinta de aventuras -poco hay del terror y el suspense que dominaron la primera entrega- que, desde el estudio dicen, echa el cierre a la franquicia que alumbraron Michael Crichton y Steven Spielberg en 1993 con 'Parque jurásico' y que luego continuaron con 'El mundo perdido' y 'Parque Jurásico III', dirigida ya por Joe Johnston. Por esta razón, Colin Trevorrow, director de la primera entrega del 'reboot', entendía necesario que el equipo de actores de la cinta original acabara sumándose a los que desde 2015 sustentan la saga. Así las cosas, junto a Owen Grady (Chris Patt), Claire Dearing (Bryce Dallas Howard) y Maisie Loockwod (Isabella Sermon), vuelven los doctores Ellie Sattler (Laura Dern), Ian Malcom (Jeff Goldblum) y Alan Grant (Sam Neill).

Es, en efecto, una manera de cerrar el círculo, pero tiene su contrapartida: dar protagonismo y su momento de gloria a cada uno de los personajes requiere, sí o sí, más metraje, por eso la cinta se va hasta las 2 horas y 20 minutos, lo que sin duda acaba restando dinamismo y frescura a la propuesta. En este sentido, tampoco parecen haberse estrujado mucho los sesos Trevorrow y Emily Carmichael, responsables del guion, escrito a partir de una historia ideada por Derek Connolly y el propio director, que, para no complicar en exceso la historia, opta por organizarla en dos tramas bien diferenciadas que acabarán uniéndose en el último acto de la película.

Por un lado, la que protagonizan Owen y Claire, que se han convertido, sin buscarlo, en los padres de Maisei, una adolescente de catorce años, con la que viven en una zona montañosa de Nevada, evitando casi cualquier contacto con el exterior. Su secuestro y el de Beta, la cría de Blue, la velocirraptor con la que Owen tiene contacto, a manos de Biosyn, pondrá en marcha su trama para tratar de recuperarlo. Por el otro, la que protagonizan los doctores Ellie y Alan, que también parece estar conectada a la compañía. Una plaga de langostas está diezmando los cultivos buena parte de Estados Unidos. Cuando la científica se acerca a investigar lo sucedido, descubre que su tamaño casa más con las langostas del Cretácico. Ellie recurrirá entonces a Alan para intentar resolver el puzle.

Ambas tramas discurren por separado, dejando que el equipo más joven asuma las peripecias más arriesgadas, con algunas secuencias bastante espectaculares -la persecución en Malta es brillante, al igual que el tiempo que Claire permanece en la selva- y otras, cuyos efectos especiales no parecen estar a la altura -el enfrentamiento bajo la capa de hielo-, y que el equipo más maduro se encargue de la investigación con la que buscan enterrar a Biosyn, una empresa dirigida por un CEO a camino entre Steve Jobs y Elon Musk. Y sí, de vez en cuando, la cinta juega la carta de la nostalgia, pero sin estomagar. Hay momentos especialmente simpáticos, como el primer encuentro entre los tres personajes que forjaron el inicio de la franquicia, con un Ian Malcom muy acertado -Goldblum es de lo mejor de una cinta sin apenas interpretaciones brillantes-, y secuencias de suspense y acción bien planteadas, como el que, sin rubor alguno, homenajea la primera aparición del T-Rex en 'Parque jurásico'.

Un difícil equilibrio

Por el camino, la película de Trevorrow lanza algunos mensajes. Quizá el más interesante es el que tiene que ver con la fragilidad del ecosistema y el difícil equilibrio sobre el que se sostiene un planeta en el que la codicia es una de las mayores amenazas. Pero hay otros como los que ponen en valor la importancia de la familia o la necesidad de que los unos confiemos en los otros para lograr una convivencia.

Tres fotogramas de la película.

El gran problema, más allá de su duración, es que todo en 'Jurassic World: Dominion' resulta harto predecible. No hay apenas sorpresas, ni giros en la trama, con preocupantes secuencias que se ocupan de dárselo todo mascado al espectador -¿era necesario ese plano en el que se ve al CEO arrastrando archivos a la papelera del ordenador?-. Dice Ellie, en una de las secuencias de la película en las que acaricia a un pequeño dinosaurio, que «uno nunca se acostumbra» a los dinosaurios, por mucho que convivan entre los seres humanos. Pues algo debe estar haciendo mal la franquicia cuando el espectador sí lo ha hecho. 'Jurassic World: Dominion' es una película de aventuras disfrutable, con una notable factura técnica, pero su exceso de metraje y lo predecible y simple de su propuesta llevarán al tedio a más de uno.