Clint Eastwood cumplirá 90 años este 31 de mayo.

Clint Eastwood, 90 años de cine

El último director clásico del cine americano, un icono vivo de Hollywood, sigue al pie del cañón tras cuarenta películas como realizador rodadas en absoluta libertad

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

A comienzos de los años 50, un ejecutivo de la Universal aconsejó a Clint Eastwood que desistiera de hacer carrera en el cine, ya que poseía una nuez demasiado pronunciada que le restaba fotogenia. Su biógrafo Patrick McGilligan asegura que el actor empezó a fabricarse su personaje desde muy joven. Nacido en San Francisco en 1930, Eastwood creció en plena época de la Gran Depresión, con unos padres jornaleros que trabajaban allá donde el hambre les llevara. Consciente de su atractivo físico desde muy joven, en el instituto no le interesaban los deportes ni las clases de teatro, sino «los coches veloces y las mujeres fáciles», según confesión propia. Su trabajo como monitor de natación en una base del Ejército le libró de la guerra de Corea. Su planta le sirvió para ser contratado como figurante y pronto encontró trabajo en cintas de terror y de la mula Francis. La serie del Oeste 'Rawhide' fue, tras siete años, su pasaporte a Almería para rodar la trilogía de spaguetti westerns de Sergio Leone. El director italiano no tenía en mucha estima sus dotes interpretativas: «Se mueve como un sonámbulo entre explosiones».

Clint Eastwood cumplirá 90 años este domingo convertido en el último clásico del cine americano. La suya ha sido una lucha por subvertir una imagen forjada de manera consciente a través de fábulas filofascistas para revelarse como un inesperado depositario de las esencias del buen cine, concebido desde la libertad y la ausencia de horizontes comerciales. «No dejaré que ocho millones de consumidores de palomitas me digan qué debo hacer», aseveraba su personaje de 'Cazador blanco, corazón negro', un trasunto de John Huston. El cínico «vamos, alégrame el día» con el que el policía Harry Callahan encañonaba a sus detenidos dio paso al desencanto en ese western sombrío y reflexivo que es 'Sin perdón', la película que en 1992 le consagró como gran autor. Visión alegórica de la América en crisis de George Bush padre, 'Sin perdón' presentaba a un asesino regenerado fiel al recuerdo de su esposa muerta y a la decencia que esta le inculcó. Un pistolero que cuida cerdos y que sufre cuando tiene que volver a apretar el gatillo: «Cuando matas a un hombre no sólo le quitas lo que es, sino lo que podía haber sido», reflexionaba el atormentado Bill Munny.

Sin embargo, Eastwood no es un intelectual ni nunca ha pretendido serlo. Tampoco un cinéfilo que haya incluido en sus cuarenta películas como director citas a sus títulos favoritos. Como actor nunca fue particularmente dúctil, aunque siempre sacó provecho de su presencia magnética. Si había poco diálogo, como en 'El Hombre sin Nombre' de 'Por un puñado de dólares' o en el lacónico Harry el Sucio, mejor que mejor. Aquella elegante economía expresiva acabó comunicándola a su trabajo como director. «Parece que no hace nada y lo hace todo, controlando todo y a todos», dijo de él una vez Richard Burton. Demasiado individualista como para confiar excesivamente en el sistema, el autor de 'Million Dollar Baby' siempre se ha movido fuera de Hollywood, en un espacio geográfico delimitado por la península de Monterrey y la bahía de San Francisco.

A 500 kilómetros de Los Ángeles y a orillas del Pacífico, Carmel es su feudo y su edén. A finales de los 80 se presentó a alcalde y ganó después de que el Ayuntamiento le obligara a reformar uno de sus restaurantes. Hoy Carmel es el pueblo más pijo de California. Su vecino más ilustre posee pubs, un resort y un campo de golf. Malpaso Road, la carretera que se dirige a los acantilados y bosques del Big Sur, da nombre desde 1967 a su productora. Todos sus filmes se estrenan bajo el paraguas de la Warner, en cuyo avión privado se desplaza una estrella que, exceptuando el Festival de Cannes, jamás ha venido a Europa de promoción. Antes de él, solo Burt Lancaster y John Wayne se habían atrevido a fundar productora propia para reducir presupuestos de forma drástica y llevar el control de su carrera. Rápido y seguro rodando, sus filmes nunca arrasan en Estados Unidos, pero siempre se amortizan en una Europa que le rinde pleitesía. Cuando el presidente francés Sarkozy le impuso la Legión de Honor en 2009 bromeó desde su 1,66 de altura (Eastwood mide 1,93): «Hay una parte de usted que me molesta un poco. ¿Cómo lo hace para conservarse tan bien?».

Eastwood ganó los Oscar a mejor película y director por 'Million Dollar Baby' en 2005. Con Meryl Streep en 'Los puentes de Madison' y como El Hombre sin Nombre en 'Por un puñado de dólares'.

Apadrinado en el gremio de directores por su maestro Don Siegel, Eastwood debutó tras las cámaras en 1971 con 'Escalofrío en la noche', donde dejaba claro su amor por el jazz. Con el tiempo, el autor de 'Bird', 'Un mundo perfecto' y 'Los puentes de Madison' se consideró cada vez más libre para abordar los claroscuros del sueño americano, las pesadillas de una nación que sufre conflictos raciales ('Gran Torino'), corrupción ('El intercambio') y los traumas de la guerra ('Banderas de nuestros padres'). Últimamente le ha dado por los héroes reales, como el marine de 'El francotirador', el piloto de 'Sully' y los tres soldados de '15.17. Tren a París', que lograron reducir a un terrorista yihadista evitando una masacre. Warner no dijo ni mu cuando el realizador se empeñó en que los auténticos protagonistas se interpretaran a sí mismos.

Padre de ocho hijos de seis madres diferentes, la vida sentimental del mito se llena de sombras si atendemos a las biografías que le retratan como un donjuán compulsivo que se ha acostado con miles de mujeres y ha dado a sus parejas el papel de prostitutas en sus películas. La actriz Sondra Locke, fallecida en 2018, fue la que mejor le conoció y sufrió tras 14 años de vida en pareja. Obligarla a abortar en dos ocasiones, torpedear su carrera como realizadora en Hollywood y poner fin a su relación cambiando las cerraduras de casa se cuentan entre las hazañas de Eastwood. El título de la biografía de la actriz lo deja claro: 'El bueno, el malo y el feísimo'.