Los niños protagonistas de '¡A todo tren! Destino Asturias'.

Cine familiar con poca mala leche

Santiago Segura se dispone a salvar de nuevo la taquilla con la previsible '¡A todo tren! Destino Asturias'

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

Regresa el bueno de Santiago Segura a su cita anual con el cine familiar, ese con el que tan bien le va desde que en 2019 reventara la taquilla con 'Padre no hay más que uno'. Como si hiciera honor a su apellido, en '¡A todo tren! Destino Asturias' el cineasta vuelve a jugar sobre seguro con una película que sigue un esquema muy similar al de aquella primera entrega en la que daba vida a un padre sobrepasado por las circunstancias, cuando su esposa decidía tomarse unas vacaciones. Aquí Segura da vida a Ricardo, un progenitor hipocondríaco, inseguro y excesivamente precavido, cuyas peores pesadillas se cumplen cuando pierde un tren a Asturias.

Vídeo. Tráiler de '¡A todo tren! Destino Asturias'.

Y es que su hijo y los otros cinco niños que estaban a su cargo siguen en el vagón, rumbo al paraíso natural. El culpable de todo es Felipe (Leo Harlem), el abuelo de dos de las criaturas y todo un caradura profesional. A partir de ahí se suceden las aventuras y desventuras de estos dos panolis, y un acoplado (Diego Arroba 'El Cejas'), por alcanzar el tren cuanto antes, y también las de los seis chavales, que tratan de disfrutar de lo lindo en ausencia de los mayores.

Tira de nuevo el de Carabanchel de una película, esta vez francesa, 'Attention au départ' -'Padre no hay más que uno' adaptaba la argentina 'Mamá se fue de viaje'- para elaborar una cinta de 88 minutos de duración -gracias, muchas gracias- que da lo que promete: humor blanco, sus peculiares cameos y una pizca de aventuras, pero no mucho más, en una historia que habla del amor incondicional de los padres, la amistad y, también, la posibilidad de volver a tender puentes en las relaciones maltrechas.

Florentino Fernández y Joaquín Reyes en '¡A todo tren! Destino Asturias'.

Destaca, sin duda, el trabajo técnico en el interior del tren. No ha debido ser fácil decidir los tiros de cámara en un espacio tan angosto, así como montar una película tan cerrada para que no resultara pesada y el espectador tuviera en todo momento claro dónde estaba. Destaca, y de qué manera, el espectacular trabajo de Florentino Fernández como villano, un revisor que arrastra un importante trauma con niños y que luce bigotito hitleriano, y su contrapartida, personificada en Joaquín Reyes. Pero es verdad que a la comedia le falta algo de fuerza, a pesar de que hay tres o cuatro destellos de franca carcajada. Sin duda, los niños la gozarán más, pero puede ser un buen plan veraniego.