Javier Bardem al frente de Básculas Blanco.

'El buen patrón': Todo por la empresa

Fernando León firma una fábula pesimista sobre la degradación y la inhumanidad del mercado laboral con la ayuda de un arrebatador Javier Bardem

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Fernando León y Javier Bardem indagaron hace veinte años en el sentimiento de fracaso que experimentaba un parado de los astilleros de Vigo, víctima de la reconversión industrial. Y sin embargo, aquel obrero cuyo mundo había pasado seguía conservando un orgullo de clase. Sabía que pertenecía al proletariado y que podía contar con la solidaridad de los suyos y de los sindicatos.

'El buen patrón', que pasó sin suerte injustamente por el Festival de San Sebastián, demuestra cuántas cosas han cambiado en el mercado laboral en estas dos décadas. Los protagonistas de este reverso tenebroso de 'Los lunes al sol' son los empleados de una empresa de balanzas industriales en una ciudad de provincias a merced del dueño, encarnado por un arrebatador Javier Bardem. Ya no hay consignas, huelgas, cajas de resistencia ni manifestaciones que valgan. Impera el sálvese quien pueda.

Con muy mala leche en una comedia no tan agria como pudiera pensarse en su inicio, Fernando León nos da la bienvenida a Básculas Blanco con una verja muy parecida a la puerta de entrada al campo de concentración de Auschwitz, coronada por el tristemente célebre 'Arbeit macht frei', el trabajo os hará libres. Entramos en los territorios de Don Julio Blanco, heredero de la factoría, cacique local y conseguidor de favores. El protagonista, al que en los primeros compases hasta podemos tomar por un buen tipo en su paternalismo, no duda en inmiscuirse en los asuntos personales de sus trabajadores si eso redunda en el bien de la empresa. También se acuesta con las becarias y frecuenta puticlubs, pero León no lo retrata de manera demasiado paródica o sangrante para hacerlo más humano.

Básculas Blanco se dispone a recibir el premio a la excelencia empresarial otorgado por el gobierno regional y por el que compiten tres compañías. Una comisión debe visitar la fábrica y certificar que, efectivamente, reina el eslogan pintado en sus paredes: «Esfuerzo, equilibrio y fidelidad». 'El buen patrón' es una fábula pesimista que lanza dardos sobre cuestiones como el papel de la mujer y del emigrante en el mercado laboral y el determinismo social. Irónicamente, solo el vigilante encarnado por Fernando Albizu, el único personaje armado, demuestra humanidad y solidaridad.