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Una imagen de 'Curvas peligrosas', el debut como director de Billy Wilder en 1934.
El día que Billy Wilder anticipó la Nouvelle Vague con su ópera prima, 'Curvas peligrosas'

El día que Billy Wilder anticipó la Nouvelle Vague

El director debutó en 1934 en su exilio parisino con 'Curvas peligrosas', una película sobre ladrones de coches que, por falta de dinero, se rodó en la calles sin hacer ensayos

Domingo, 3 de noviembre 2019

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Billy Wider (Sucha, Austria, 22 de junio de 1906 – Los Angeles, 27 de marzo de 2002) fue el último de los grandes mitos del cine, el último de una generación de cineastas centroeuropeos que, empujados por el nazismo, emigraron a Hollywood renovando profundamente las estructuras del cine americano. En el caso de Wilder, aportó a la comedia una visión irónica, sarcástica del tradicional American Way of Life.

Sin embargo, Wilder pasó por muchos oficios antes de dedicarse al cine. Estudio Derecho pero en cuanto pudo emigró a Berlín, donde trabajó como periodista y bailarín ocasional. Allí entr en contacto con el mundo del espectáculo, y en 1929 es contratado en la UFA, los poderosos estudios berlineses, como guionista de 'Der Teufelsreporter'. En esos días colabora con cineastas de la talla de Ernst Lubistch, Hans Schwartz y Robert Siodmak. Pero con la llegada de Adolf Hitler al poder, pone pies en polvorosa y parte para Francia.

En París se instala en la Rue de Saigón, 8, donde también vivían otros refugiados como el actor Peter Lorre o los compositores Franz Wachsmann y Friedrich Hollaender entre otros. Sin dinero y por pura necesidad, y pese a que Wilder siempre recordó las rivalidades que se producían entre los refugiados, entra en contacto con Erich Pommer, que había sido jefe de Wilder en la UFA y que también había huido de Alemania. Este había encontrado trabajo en la Fox francesa y allí trabajaban para él otros refugiados como Max Ophüls y Fritz Lang

Fue Pommer quien le dio la oportunidad a Wilder para dirigir su primera película, en París, «por pura necesidad y sin ninguna experiencia», como recordaría después el director de 'Con faldas y a lo loco'. La película se titulaba 'Curvas peligrosas' ('Mauvaise graine'): Un húngaro, también refugiado, llamado Alexander Esway, había reunido un poco de dinero para hacerla, y Wilder había aportado el argumento, una historia que se desarrollaba entre los miembros de una banda de jóvenes ladrones de coches. Esway también quería dirigirla, pero como no sabía cómo se hacía eso, aceptó que Wilder lo hiciera, aunque Esway la firmaría con él. Wilder tampoco sabía cómo, pero había visto dirigir en la UFA berlinesa y, movido por la necesidad, aceptó sin poner objeciones. Era 1934.

La película contaba cómo dos de los ladrones, Jeanette (Danielle Darrieux, que entonces tenía 17 años) y Henri Pasquier (Pierre Mingand), se enamoran y quieren salir de este ambiente, arriesgando sus vidas porque saben que si abandonan la banda el castigo es la muerte. Los dos sienten cada vez más rechazo por las acciones, cada vez más crueles, de sus jóvenes compinches. Como por milagro, Jeanette sobrevive a un accidente de coche que la banda había organizado como método de ejecutarla. Ella acude a la policía y puede salvar también a su amigo Henri. Los dos son indultados en su calidad de testigos principales y se embarcan hacía América para empezar allí una nueva vida.

Debido a la escasez de dinero, a falta de estudios, Wilder rueda la película en un garaje y en las calles de París en medio del tráfico, sin poder realizar simulaciones o ensayos. De la necesidad hizo virtud: «Sólo años más tarde –recordaría Wilder- supe que 'Curvas peligrosas' se había convertido, gracias a la necesidad, en una precursora de la 'nouvelle vague' y del 'cinema verité', mucho antes que Godard, Resnais y Truffaut». La música la puso su vecino de apartamento Franz Wachsmann, con un jazz sincopado. La crítica recibió la película de forma amable y habló que en ella se veía la contradicción entre las clases sociales y la tensión entre generaciones.

Sin embargo está película no le sirvió de nada a Wilder cuando por fin logró emigrar a Hollywood, donde se pasó varios años trabajando como guionista hasta que por fin la Meca del Cine le permitió dirigir otra película, 'El mayor y la menor', en 1942.

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