Rabah Naït Oufella en 'Arthur Rambo'.

'Arthur Rambo': el tuit que arruina tu vida

Laurent Cantet denuncia la tiranía de las redes sociales y la cultura de la cancelación en un filme basado en la historia real de un escritor cuya carrera terminó por unos provocadores tuits publicados años atrás

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Las redes sociales como trampolín fulgurante a la fama sin intermediarios y también como tribunal popular que juzga, condena y ejecuta de modo sumario sin derecho a una defensa. De todo eso habla 'Arthur Rambo', la película con la que Laurent Cantet compitió en el pasado Festival de San Sebastián. Era la sexta vez que este retratista de las convulsiones de la Francia contemporánea participaba en el Zinemaldia. Ganador de la Palma de Oro en Cannes en 2008 con 'La clase', Cantet sigue empeñado en «mostrar la complejidad de nuestro mundo». Twitter y la cultura de la cancelación son objeto de la mirada de este humanista que soñaba con ser buzo y al que no encontraremos en las redes sociales.

El protagonista del filme es un joven escritor de origen argelino (Rabah Naït Oufella, quien debutó con Cantet en 'La clase'), que gracias a la frescura de su prosa y a su presencia en internet protagonizando vídeos es la nueva sensación literaria de Francia. Karim D. vive en una nube de éxito y se dispone a dar el salto definitivo del extrarradio, de la 'banlieue', al centro del París chic. La noche en que celebra su nuevo libro en una fiesta de la editorial e incluso su salto al cine como director para adaptar la novela resucitan viejos tuits que escribió años atrás bajo el alias de Arthur Rambo, un juego de palabras con Arthur Rimbaud, que en francés se pronuncia como el personaje de Stallone. Son frases provocadoras que buscan escandalizar, chistes racistas, homófobos, antisemitas… Cuanto más heavies, más recorrido tendrán en internet y más followers conseguirán.

Vídeo. Tráiler de 'Arthur Rambo'.

La historia de este escritor de ficción se inspira en la de Mehdi Meklat, escritor, bloguero y comentarista radiofónico que vivió algo similar al protagonista. En nuestro país, tuits sobre el Holocausto también hicieron sufrir al político Guillermo Zapata y al director Nacho Vigalondo. «Mehdi escribía artículos muy bien pensados sobre la 'banlieue', participaba en un programa muy escuchado de la radio nacional y era muy mediático», explica Cantet. «Sus libros fueron muy bien acogidos, pero justo el día en que salía el segundo emergieron tuits del pasado escritos bajo seudónimo, como para decirle que su éxito no era legítimo. En unas horas terminó su vida literaria y quedó marcado para siempre por esa historia». Meklat se disculpó dos años después en un nuevo libro, pero ya era demasiado tarde. «Aquellos tuits no reflejaban sus ideas, estaban escritos para llamar la atención y ganar followers, porque cuando más provocativo seas, más seguidores tendrás. Cayó en esa trampa».

'Arthur Rambo' certifica que las redes sociales ocupan un papel central en la vida de cualquiera que quiera dedicarse a un oficio creativo. El protagonista ha sabido manejarlas para ascender al olimpo de la viralidad. No despega su mirada del teléfono y va buscando enchufes para recargar la batería. Hasta que vive la pesadilla de convertirse en un apestado. Se siente observado cuando deja de ir en coches con chófer y vuelve al metro. Ya no es un héroe para los chavales del barrio ni para su hermano pequeño, que se había tomado en serio las barbaridades racistas de Arthur Rambo: «Sabíamos por qué odiábamos», le espeta el chaval al escritor en un discurso demoledor.

«No nos damos cuenta del lugar central que las redes sociales ocupan en nuestras vidas», advierte el director. «En ellas se dice cualquier cosa y todos los mensajes están al mismo nivel, vale tanto lo que dice el presidente de la República como un joven escritor de éxito. Los mensajes se seleccionan por el número de followers que tengas. Escribes de manera corta, rápida, y cada palabra está sujeta a una simplificación. Eso facilita la violencia, porque en Twitter se insulta más fácilmente que en la vida real. Y me da miedo, porque la violencia es inherente a las redes sociales». En la película, la editorial que iba a hacer caja con las novelas del protagonista no duda ni un segundo en darle puerta. Es la llamada 'cultura de la cancelación', que según los responsables de 'Arthur Rambo' tiene muy poco de cultura: «Es un arma que sirve a alguien por detrás, una cuestión de poder. A la editorial no le sale muy caro devolver a este chaval a su barrio».

Una imagen de 'Arthur Rambo'.

El filme de Cantet puede verse en ese sentido como el reverso de 'La red social', la película en la que David Fincher contaba el nacimiento de Facebook. Si Mark Zuckerberg creó su empresa para vengarse de una exnovia, Karim D. padece en carne propia la lucha de clases, porque de eso también habla 'Arthur Rambo'. «Es un personaje muy representativo de nuestra época y de una brecha social muy acusada en Francia, sobre todo en París», apunta Laurent Cantet. «Para un chaval de la 'banlieue' es muy difícil encontrar su lugar en la capital». Solo hace falta la chispa de un tuit para que estalle el resquemor de la raza y la clase social. «Los chavales que han nacido con las redes sociales creen que saben manejarlas pero nadie sabe cómo funcionan», concluye el realizador de 'El empleo del tiempo' y 'Recursos humanos'. «Crees que te estás divirtiendo con tres o cuatro colegas sin darte cuenta de que te diriges al mundo entero. Internet tiene mucha memoria, a pesar de que borres lo que has escrito se queda en el ordenador de alguien. Escribes un chiste en unos segundos sin saber que tiene un peso que no mides».