Captura de la página web del IDAE. / R. C.

Un par de zapatillas

Alba Carballal
ALBA CARBALLAL

Una web oficial del Gobierno, la del Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE), ha sido víctima de un ciberataque que la ha transformado, durante al menos dos semanas, en un escaparate virtual de calzado deportivo. La noticia podría parecer sorprendente, pero nada más lejos de la realidad: este 'hackeo' se incardina en un largo palmarés histórico de mecanismos digitales que, pese a estar guiados por una buena idea y un fondo noble, se han pervertido y han terminado por acarrear consecuencias inesperadas. Me explico: uno de los instrumentos que Google emplea para ordenar los resultados en su buscador tiene que ver con la cantidad de veces que una determinada página ha sido enlazada en otras webs. A priori, el criterio parece sensato, ya que no nos queda tan lejos ese mundo en el que internet no existía y las fuentes más confiables solían coincidir con las más citadas. Sin embargo, el universo digital es un lugar hostil y, como decía Michael Conrad, es mejor tener cuidado ahí fuera.

Los delincuentes se han beneficiado de los datos de una institución fiable, pero si echamos un ojo a nuestro entorno nos percataremos de que esto no es nuevo. Hoy, para que una opinión sea rentable no importan los argumentos, sino el morbo y la polémica, porque en la economía de la atención nuestros 'clics' cotizan al alza. Otro ejemplo es el de los miles de investigadores que se ven obligados a pagar por publicar artículos en revistas científicas que les garanticen un cierto número de citas, ya que es el único modo que encuentran para avanzar en una carrera académica que cada vez se parece más a un parásito intestinal. A la vista está que todo vale. Hasta para vender un par de zapatillas.