Siete leguas

Uno más

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Vender las excelencias turísticas de Fuerteventura es fácil, tan fácil que el último anuncio publicitario del Patronato de Turismo de Fuerteventura resulta sorprendente por lo burdo y absurdo. Y es que parece tan trasnochado ver a dos viejos verdes cómo se recrean en los cuerpos de jóvenes y esbeltas mujeres como al revés. Ver a dos mujeres maduritas haciendo comentarios sobre la apariencia físicas de dos hombres imponentes también resulta fuera de lugar para captar turistas, ya sean de la Península, de Canarias o del mundo mundial.

Desde luego lo que buscaban los artífices del anuncio seguro que se ha conseguido. Por unas horas, por unos días, se ha hablado de las playas paradisiacas majoreras. Ahora falta saber si ello lleva a los espectadores a decidir pasar unos días en esa bella isla. Por el momento, Youtube, la plataforma de vídeos de Google, ha eliminado el vídeo promocional de Fuerteventura por su «contenido sexual».

Catalogarlo de sexual es rizar el rizo, pues hay que coincidir con sus promotores en que el vídeo más bien es cómico. Pero lo cierto es que en estos tiempos, cuando muchas, muchos, luchan por la igualdad de género, por acabar con los clichés y con los comportamientos machistas, con el sexismo, resulta paradójico que se inviertan los papeles. ¿Qué hubiera pasado si son dos mujeres hermosas las que se pasean desnudas por una playa paradisiaca mientras dos cincuentones las observan con lascivia? Pues que lo hubiésemos tachado de machista, mínimo; hubiésemos puesto el grito en el cielo, más que reírnos; hubiésemos acudido al Instituto de la Mujer, reclamado su retirada...

Marcas, instituciones y creativos variopintos caen en estereotipos, propagan mensajes obsoletos

El anuncio de Fuerteventura en realidad es uno más. Todos los días marcas e instituciones, dejándose llevar por la imaginación de creativos variopintos caen en estereotipos, propagando mensajes obsoletos, evidenciando pensamientos y modos de vida que deberían estar en extinción. A lo mejor es que la publicidad la mueven machistas –hombres, mujeres, da igual–, un reducto ajeno a la sociedad. O, quizás que la generalidad ve normal que para vender un champú, un coche o unas simples galletas haya que poner a las mujeres casi desnudas, hacer referencia a su «delantera» o ponerlas al borde del ridículo. Para contrarrestar tanto desatino, llega la versión moderna, invirtiendo patrones, poniendo al hombre al desnudo de forma esperpéntica.