Editorial

Un test de estrés del turismo

04/11/2018

La World Travel Market de Londres mide desde mañana las fortalezas y debilidades de los mercados turísticos, tanto de emisores sujetos a incertidumbres, como es el caso del Reino Unido con el brexit, como de receptores como Canarias, que mira con preocupación la reactivación de competidores como Egipto, Turquía y Túnez. La feria londinense es una de las tres grandes del sector en Europa, junto a la madrileña Fitur y la berlinesa ITB.

Canarias llega con buenos datos, por cuanto la esperada reducción en la entrada de turistas extranjeros ha sido menor de la prevista, con el añadido de que sus efectos han quedado amortiguados por el aumento en el gasto. Y el archipiélago acudirá a la World Travel Market recuperando la unidad que se quebró en la última edición de Fitur, cuando la asociación de grandes municipios turísticos decidió desmarcarse del paraguas regional de la empresa autonómica Promotur.

No cabe sin embargo instalarse en la complacencia y menos en la falta de exigencia, pues los competidores están al acecho. En este sentido la feria debe serviría para que los representantes públicos comprueben una vez más que la iniciativa privada es el motor del negocio. Y es en relación entre las administraciones y las empresas donde sigue sobrando burocracia y, sobre todo discrecionalidad. No hay más que recordar las trabas vividas por el grupo Loro Parque con el parque acuático de El Veril o la decisión de importantes empresas canarias de destinar parte de sus inversiones al extranjero ante las continuas trabas que sufren en las islas. Y más en concreto en San Bartolomé de Tirajana.

En paralelo, la cita londinense debe servir para chequear cómo se está reordenando el negocio aéreo, en especial el segmento de bajo coste, que va camino de monopolizar el flujo turístico hacia las islas. En el último año han desaparecido tres aerolíneas y el hueco dejado apenas ha sido cubierto. Y otras grandes se han visto inmersas en problemas laborales que evidencian que el modelo de negocio empieza a resquebrajarse.

Londres debe ser, por tanto, una especie de test de estrés del negocio turístico canario. Pero incluso superando ese examen hay que recordar que se trata de una actividad en la que es muy difícil mantenerse competitivos y muy fácil perder la reputación. Razón de más para que los gobernantes caminen de la mano de quienes arriesgan su capital, y no al revés.