El 'Pequeño Nicolás' / Efe

Tirarse el pisto

Rosa Palo
ROSA PALO

Ayer escuché a un señor de cincuenta y ocho años decir 'crush'. Me chirrió tanto la palabra en su boca como una blasfemia en la de un cura: qué hace un tío de esa edad empleando una expresión propia de la chavalería. Claro, que se me pararon los pulsos cuando me di cuenta de que yo también la decía. Y 'stalkear'. Y 'trolear'. Y 'salseo'. Así voy, tirándome el pisto de que aún soy joven, de que controlo el lenguaje de mi tiempo y tontunas por el estilo. Me creo Umbral jugando con el cheli. Tendrían que lavarme la boca con lejía.

Pongo tanto en interés en fingir que tengo quince años como el que ponía en mi adolescencia en parecer adulta. Igual que el pequeño Nicolás, que dice en el juicio al que está siendo sometido por hacerse pasar por emisario del rey que solo pretendía aparentar ser como los mayores. «Quería tirarme el pisto», declara. Yo, cuando quería parecer mayor, no me presentaba como enlace de la Casa Real, que a una la imaginación y la poca vergüenza no le han dado para tanto; tan solo me fumaba un Fortuna que compraba en el kiosco que había enfrente del colegio. Fumaba sin tragarme el humo, tosía, pegaba otra calada, volvía a toser. También citaba a la Beauvoir, me pintaba los ojos de un negro intenso y bebía vodka a palo seco para hacerme la interesante, la que estaba de vuelta de todo, como si fuera una soldado del Batallón de la Muerte a su regreso a Petrogrado. Tenía tan poca vida por detrás que quería precipitar la que tenía por delante. El mal de la impaciencia. Ahora me tiro el pisto diciendo que soy columnista. Y raro es que, con este dominio de la jerga juvenil del que hago gala, no me hayan contratado en la Súper Pop. Espera, ¿que ya no existe? Buah, menudo 'fail'.