Santa Gúdula (*), nuestra futura patrona

Emilio González Déniz
EMILIO GONZÁLEZ DÉNIZ Las Palmas de Gran Canaria

Este año se han mezclado en Las Palmas de Gran Canaria, como casi siempre, el día de Canarias y la Feria del Libro. También como siempre, hay voces que claman por esto o por lo otro, pero lo cierto es que se mueve dinero público en Cultura y en Deporte, pero no pasa nada, pero cuando alguna institución pone encima de la mesa para algo cercano a la literatura la centésima parte del dinero que aportan para otros eventos culturales o deportivos, se arma el lío. Se habla de irresponsabilidad y de tirar el dinero público, pero si se hace un magno festival de lo que sea o un evento deportivo, no hay problema. Es obvio que esta sociedad tiene una alergia tremenda a todo lo que huela a libro.

Es una idea muy extendida que la cultura nunca es negocio, y el estereotipo del poeta hambriento y manteniendo el tipo con un traje de segunda mano es casi un icono. Pero no es así, o al menos no lo es siempre, porque la cultura, como casi todo, depende del mercado. Los grandes pintores, poetas, bufones y músicos medraban en las cortes europeas y estos escogidos vivieron bien, e incluso algunos llegaron a ser inmensamente ricos. En el siglo XXI la cultura también es negocio de una forma general, es un nicho de empresas y un surtidor de puestos de trabajo. Pero las cosas funcionan de otra manera, o al menos deberían hacerlo, porque hay experiencia en el mercado de la cultura. Y este mercado es cada vez más globalizado, controlado a menudo por multinacionales o, en el caso de España, por grandes empresas que a su vez son tributarias de otras de mayor calado.

Por eso es tan precario el mercado cultural canario, controlado desde muy lejos, en el que a los productos de aquí se les arrincona o simplemente no se les da espacio. Para que sea así, tiene que convencer primero a los controladores estatales del libro y la edición. Este año, al menos, han dado el Premio Canarias de Literatura, y esta vez a la gran poeta Elsa López. Por eso, la negación de nuestra cultura también está creando paro, y se puede estimular cualquier tipo de actividad, pero hacerlo en el campo del libro es un vade retro. ¡Ah! Sí, como es Día de Canarias, en los discursos se citan un par de versos de algún poeta insular -muerto, por supuesto- y así se salva el expediente.

La cultura es algo muy amplio, no solo libros. Entiendo que es bueno recordar muestras tradiciones, y conservarlas en la medida de lo posible, que sepamos cómo vivían nuestros antepasados, rememorar la trilla, el chinchorro y las descamisadas de piñas. Todo muy rural y marinero, y eso es lo que se promociona en los festejos alrededor del Día de Canarias. Pero Canarias tiene un presente y debe mirar al futuro, y lo actual no existe para las instituciones. El timple es grandioso, pero también hay guitarras eléctricas y violines clásicos; La Perejila y Nijota fueron dos grandes poetas populares, pero hay otra poesía, que sobrevive escondida. El pasado rural, marinero y costumbrista está ahí, pero es que parece que tratan de que volvamos a él.

Es tremendo ver cómo lo que en realidad nos debiera interesar del pasado se va destruyendo día a día. La agricultura es un sector que fue crucial en nuestra supervivencia, pero se ahoga y va desapareciendo porque el mercado lo marcan los grandes proveedores que traen productos de fuera. Esa es la parte del pasado que debiéramos cuidar mirando al futuro. Y por lo visto, el Día de Canarias consiste en vestirse de mago y comer sancocho (¡pero si dentro de unos años no va a haber cherne salado ni papas del país!) Tendremos que hacer el sancocho con Bacalao de Terranova en salazón y papas de Chipre; de hecho, el supuesto « gofio canario» se hace moliendo millo importado. Se van muriendo las industrias conserveras de pescado y la plantación de papas. Las de millo hace tiempo que no existen. Dicen que es que hay unas normativas españolas y europeas que no permiten ciertas cosas; pues entonces no entiendo para qué sirve una supuesta autonomía con Parlamento, Gobierno y hasta Diputado del Común.

Llevamos casi cuatro décadas de autonomía, donde la presencia nacionalista ha sido notoria, y esto se parece cada vez menos a lo que sería una Canarias con capacidad de decisión. Se decía que la pandemia era una oportunidad para diversificar los sectores de producción, pero yo lo único que veo es seguir agarrados al turismo, que está bien, pero de lo hablado nada, y eso que sabemos ya lo terrible que es poner todos los huevos en el mismo cesto. Cualquier día, una normativa europea liquidará a las vírgenes morenitas de cada isla y nos colocarán como Patrona de Canarias a una santa europea de pura raza aria. Es que me parece que siguen mandando quienes nunca se han sometido a las urnas. ¿Y los políticos? Sobreviven. En este galimatías político, mediático y jurídico nuestras instituciones son cada vez más iconos inoperantes. Y sus altos cargos acabarán luciendo fajín, mantilla, cachorro y justillo en la futura romería de Santa Gúdula (*).

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(*)Santa Gúdula es patrona solo de la ciudad de Bruselas... de momento. Es muy conocida en Europa, con dos hermanas y un hermano también santos, y su madre también ingresó en un convento y recibió el velo nada menos que de manos de San Auberto, que eso por lo visto le da más peso a la santidad. (Habría que ver quién fue San Auberto, pero ya abandono).