Las venas abiertas

Renaldo

01/05/2018

Los que sentimos por la Unión Deportiva –que tampoco somos tantos– jamás podremos explicar a los seres racionales el verdadero vínculo que nos une a este club de fútbol derivado en fría sociedad anónima.

Tampoco me esmero en hacerlo. Simplemente me limito a padecerlo y luego a llorarlo sobre una barra de madera en compañía de otros penitentes.

Para mí Las Palmas es el primer destello del exilio. Como un italiano de Nueva York bailando una tarantela en la boda de su hija. Es la imagen de mi padre berreando el cuarto gol, el de Contreras, en la histórica remontada al Real Madrid en 1986.

O es mi abuelo vetando mi presencia en la Curva durante un tiempo por dedicarme todo el partido a recorrer el cemento de un lado para otro incomodando a nuestros vecinos de grada. Luego llegó el reencuentro, un gol del Pollo Vidal por la escuadra al Murcia, el amor infinito.

«Hoy le han robado el alma a la Unión Deportiva. Un señor llamado Francisco Nicolás se erige en portavoz del sentimiento...»

Y es toparme con un vídeo de Renaldo, recordar sus dos temporadas y 14 goles con la amarilla, y sentir una nostalgia infinita. La madurez, cuando navegas a pleno pulmón entre la tercera y la cuarta década, a veces es una jaula de recuerdos. Quizá un juego de la soga entre el niño que fuiste y el hombre que todavía quieres ser.

Y creer que con Renaldo éramos más felices. Y eso que Renaldo escapó por los pelos de ser carne de meme. Su aterrizaje en La Coruña, en aquel Deportivo del despilfarro que acabó ganando una Liga y arruinado económicamente, fue todo un espectáculo. «Soy como Ronaldo pero con e», dijo en memoria de Perogrullo tras llegar a Galicia.

Hoy le han robado el alma a la Unión Deportiva. Un señor llamado Francisco Nicolás se erige en portavoz del sentimiento y verduleros mediáticos de Madrid ahora se declaran amarillos por el engendro de la bandera. Extraño a Renaldo.