Proyectos de dominación

Aquel programa de ETA, lejos de buscar la liberación de un pueblo, buscó ahormarlo por la fuerza

LORENZO SILVA

Tienen en común Eduardo Madina y Borja Sémper haber nacido en enero de 1976 en un País Vasco que transitaba de un yugo a otro: del que le impuso el vencedor de una guerra civil, sobrellevado en común con el resto de España, al que quisieron y durante un tiempo lograron aplicarle, ya de manera privativa, los promotores de otro desgarro violento entre conciudadanos. Desde la convicción socialdemócrata uno, y el conservadurismo liberal el otro, coincidieron además en su reacción al proyecto de dominación bajo el que despertaron a la edad adulta: plantarse ante él como hombres libres y con vocación de no dejar de serlo. A uno le pusieron una bomba, aunque salvó la vida, y el otro se libró por pelos del atentado que ya le tenían preparado.

Ahora, diez años después del cese de la actividad de ETA, se han reunido para poner en común sus ideas, sus recuerdos y sus esperanzas en un libro, 'Todos los futuros perdidos'. Se trata de un texto hablado primero y transcrito después bajo la sutil batuta de la periodista Lourdes Pérez, que sabe bien cómo se las gastaban aquellos frustrados dominadores que giraban bajo una denominación que era un monumento al sarcasmo: Euskadi ta Askatasuna, País Vasco y Libertad. De los precisos testimonios de los conversadores y de las acotaciones de la transcriptora se desprende con toda claridad hasta qué punto aquel programa de ETA, que durante décadas fue el de la izquierda abertzale, lejos de buscar la liberación de un pueblo, buscó ahormarlo por la fuerza para que cupiera en su estrecha concepción de la patria vasca, esa Euskal Herria ensanchada y a la vez asfixiante.

De su discurso, repleto de matices valiosos, cabe destacar dos ideas. Una: la sociedad vasca cohabitó durante demasiados años con una pasividad pavorosa con la extorsión etarra, sin una respuesta cívica ni institucional firme, y sin que muchos supieran o quisieran elegir lado entre los buenos y los malos. Dos: cuando la acción del Estado de derecho español, a través del sacrificio de sus servidores, redujo a la nada a los terroristas, liberando a los vascos de aquel yugo infame, se puso en marcha a toda prisa una narración confortadora para todos los que no tuvieron reparo en justificar la violencia o resignarse a ella. Si no nos resistimos, prevalecerá y cerrará en falso la herida. Contra esa desmemoria, contra el olvido de quienes perdieron su futuro a manos de los asesinos y contra la pulsión siniestra de concebir proyectos de dominación está escrito este libro imprescindible.