Paco y Reina

«Cuando se van los municipales regresan. Ese es el superpoder que tienen los invisibles de la sociedad»

David Ojeda
DAVID OJEDA

Transversal. Esa es la palabra del momento. Como no hace mucho lo era empoderamiento y hace algo más lo fue sinergia. Si la tecleas en un buscador de internet y le pides rastrear titulares te puedes aburrir de descubrir los distintos encajes que se le otorgan. Sin ir más lejos yo vivo en un portal transversal, acomodado en el costado de un edificio radicado en una calle principal que durante las décadas de la oscuridad llevó por nombre el del dictador. Desde esa orientación sur hay muchas veces en las que la vida se intuye a través del eco que recorre el pasillo. Y en ese mundillo de alta frecuencia hay dos protagonistas inclasificables: Paco y su perra Reina.

En mi edificio hay un supermercado. Algo que facilita mucho el medirse a los rigores del confinamiento. También me da una imagen distorsionada de la cuarentena, porque las idas y venidas de sus clientes me hacen tener, desde mi situación de balconazi, la sensación de que hay demasiadas personas en las calles. Más de los recomendables. Y en ese entorno Paco y Reina son como la pareja real.

Desde la apertura hace unos años del supermercado Paco ganó la disputa por su asiento en la puerta contra otros sin techo de la zona. Improvisó un asiento, consiguió una manta con la que tapar a la perra y completó la singular estampa con la presencia en sus manos de libros que engulle con voracidad; incluso a altas horas de la madrugada, cuando desplaza su ubicación en la puerta ya cerrada del comercio a la luz de cualquier farola para seguir leyendo.

En todas esas rutinas, incluida las ascensión al Risco cuando cuadran las cuentas, Reina le acompaña fielmente. «A ella le quiero más a que a cualquiera de mis siete hermanos», se le ha escuchado decir. La perra es una bendita. En todo el tiempo que lleva en el barrio apenas se le ha escuchado un ladrido. Ni se le ha visto un gesto violento. A Paco, por contra, se le ha escapado alguna vez algún giro desagradable cuando alguien no le ofrece la calderilla que restó de la compra. Algo que hace que tenga mis más y menos con el personaje, que por lo demás goza del cariño popular de muchos vecinos que incluso le bajan cada día un plato de comida caliente.

Estos días de cuarentena Paco y Reina son para mí elementos transversales. Ahora que todo el mundo dice aquello de «cuando esto pase» ellos me ayudan a cruzar en dirección a lo que ya pasó. Su carácter bullanguero. Sus golpes al cubo a la hora de los aplausos, con sus manos cubiertas por unos guantes roñosos, son en cierto modo la conexión más nítida que tengo con cómo eran nuestros días antes.

La vida apenas ha cambiado para Paco y Reina. A veces se alejan, cuando aparece una patrulla de municipales y les dice que no pueden estar en la calle. Pero al rato vuelven. Es ese superpoder que tienen los invisibles de la sociedad.