La otra cara del voto 176

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO

Cada vez que llega el día de Canarias me toca pelearme con el pantalón del traje tradicional. No sé por qué. Debe ser, quiero creer, que estrecha con los años. O esa es la ilusión que me hago. Al fin y al cabo, la vida se lleva mejor así, con ilusiones. Y con fiestas como la de ayer, en la que todos nos sentimos uno, que compartimos una historia y unas costumbres comunes. Nos gusta ponernos el cachorro o la enagua, tocar el timple (o escucharlo) y comer potaje y gofio para reivindicarnos como pueblo. No deja de ser, en parte, otra ilusión, como la que ayer se vivió en Madrid con la firma del acuerdo de contrapartidas millonarias por el voto 176 de Nueva Canarias a los Presupuestos Generales del Estado.

Nos hacemos la ilusión (insisto, porque así se sobrevive mejor) de que es fruto de un éxito. Y en parte lo es, como lo fueron los compromisos que por la misma razón CC le arrancó hace poco a Montoro. Debe ser por deformación personal, pero yo tiendo a ver la cara b de la película y lo que veo es la prueba de un fracaso de país, España, y también de un pueblo, el nuestro. ¿Por qué tenemos que depender de carambolas de billar para que a los canarios nos den lo que por derecho nos corresponde? ¿Acaso somos menos España que otras comunidades mucho mejor financiadas? ¿Por qué para vertebrar el país hay que esperar a un voto decisivo? A la vista está: si no fuera por eso, Canarias no pintaría un pimiento, salvo para elegir destino playero.

Paco Santiago, en sus tiempos de alcalde de Telde, solía decirle a los corresponsales de este periódico en el municipio que teníamos la extraña habilidad de convertir los éxitos en fracasos. Y no se trata de eso, sino de tener los pies en el suelo y no vivir solo de ilusiones. Ponerse el cachorro de vez en cuando está bien, pero nuestra lucha como pueblo debe de ser otra.