La moqueta de Ana Oramas

«Resulta sorprendente que pida a otros que salgan de sus despacho tras 41 años en cargos»

David Ojeda
DAVID OJEDA

Hubo una ocasión en la que unos diputados canarios me comentaron que se decía por las zonas comunes del Congreso que Ana Oramas había descolgado del pasillo el retrato de Benito Pérez Galdós y lo había metido en su despacho, como muestra de la sensación de posesión de privilegios que acostumbra a definir a los que han pasado más de la mitad de su vida cobrando salarios públicos.

También me contaron compañeros del oficio, en otra ocasión, como la diputada tinerfeña recorrió a gritos los pasillos de una cadena de televisión cuando, durante una de las campañas electorales del pasado año, un buen periodista respetó su prestigio como informador y le preguntó por aquel ejercicio de superioridad de clase que protagonizó en las Cortes al decir que aquello no eran las 3.000 viviendas de Sevilla. Otra muestra de soberbia que bien podría definir a quien solo ha vivido a costa de los contribuyentes.

Oramas lleva más años en cargos públicos que yo en la vida. Desde sus inicios en la muy españolísima UCD hasta el viraje, tan común en aquellos tiempos de oligarquías de abolengo, al insularismo pleitista de ATI. La web sueldos públicos hizo un análisis de la trayectoria de la política chicharrera el pasado mes, en el que rastreaba toda su carrera desde que en 1979 entrara como concejala de Festejos en el Ayuntamiento de Santa Cruz con el largo titulo de «Oramas: concejal con 19 años y cuatro décadas después cobra 4.184 euros brutos y casi 2.000 libres de impuestos al mes».

Por eso me sorprendió y me resultó contradictorio algo de su alegato viral a favor de la educación concertada. Cuando pidió a los ministro que salieran de sus despachos y fueran hacia la vida real, aquella a la que ella dijo adiós hace más de 40 años