Las venas abiertas

La ciudad

25/06/2019

En sus 541 años de historia Las Palmas de Gran Canaria se ha construido sobre las vivencias de sus ciudadanos, tantas y tan diferentes como las que todavía hoy nutren la urbe más importante de este rincón del Atlántico.

Durante estos días hemos leído suficientes historias sobre la ciudad, muchas por encargo y otras desde atalayas académicas, a las que realmente les falta la verdadera argamasa sobre la que ha ido creciendo la capital de la isla: la vida de sus barrios.

Pero lo que verdaderamente le corresponde a esta altura histórica es desprenderse de cualquier complejo que la pueda seguir atenazando. Durante tantos y tantos años, muchos muy recientes en su cronología histórica, Las Palmas de Gran Canaria ha sido vanguardia y puerta de acceso a Europa. Desde aquellos barrios que todavía no han soltado amarras definitivas con el mundo rural –y ojalá que no lo hagan nunca– hasta ese cosmopolitismo mil veces citado que le dio su vida portuaria.

«Las Palmas de Gran Canaria afronta grandes retos para su futuro, toca estar a la altura»

También podemos caer en su tipismo de postal, sus pulmones a ambas caras en formas de playas con Las Canteras con su fuste de emperador austrohúngaro, y esa geografía particular y escarpada en donde habita mucha vida, con su pobreza a cuestas, que no podemos obviar todo lo malo.

Una ciudad repleta de historias que merece un respeto dentro de sus mil relatos, desde el postureo neoliberal de las paralelas de Triana hasta el estruendoso trino de los usuarios habituales de Guaguas Municipales.

El domingo en estas páginas, la arquitecta y urbanista Elsa Guerra hablaba de una ciudad que afronta retos importantes para su futuro. A sus habitantes les toca también estar a la altura, para no depender de la negligencia de quienes gobiernan.