Entrevista: Elsa Guerra

«La calle pensada para el vehículo es una ciudad pretérita»

23/06/2019

Arquitecta y urbanista, será la voz en el estrado de los homenajeados por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Socia fundadora de Arquitectura Anca y responsable de Casariego/Guerra, une esta distinción como hija predilecta de una capital «que afronta retos muy importantes» a un innumerable catálogo de reconocimientos internacionales a su labor profesional.

— ¿Es comparable esta distinción con ganar un concurso?

— Esto es algo que nunca hubiera imaginado y me ha llamado la atención lo que emociona. Me quedé muy abrumada. Cuando ganas un concurso o un premio profesional tiene que ver con algo que de alguna forma esperas, porque trabajas para alcanzar un objetivo. Soy una persona muy crítica con lo que hago y esto me da mucha responsabilidad para el futuro.

— En su trayectoria siempre ha reivindicado el feminismo y la arquitectura, ¿entiende este reconocimiento como una doble reivindicación?

— Esas dos condiciones me producen una alegría adicional, y por eso agradezco esta distinción de una forma particular. Porque son dos condiciones que necesitan mayor visibilidad. Las mujeres tenemos que hacer todavía un esfuerzo muy grande, aunque cada vez somos más los que estamos empeñados en lograr una igualdad real. Y al contrario de lo que se pueda pensar, porque las feministas que nos antecedieron nos legaron la igualdad formal, estamos muy lejos de la real. No haber contado con nosotras, con nuestra parte de la historia, nos afecta psicológicamente. Y desde el punto de vista de la arquitectura y el urbanismo también es importante. En algunos momentos ha faltado reconocimiento al trabajo de las personas que nos dedicamos a esto, que necesitamos tiempo y medios, que es fundamental para elevar la calidad del espacio en el que viven las personas. Nos hemos enfrentado, por ejemplo, a concursos de obras donde las condiciones no son las adecuadas para que el trabajo resulte conveniente. Y tras la crisis sufrimos muchísimo y ahora estamos haciendo un esfuerzo por continuar haciendo con nivel nuestro trabajo.

— La arquitectura y el urbanismo viven un momento trascendental con un debate global sobre cómo redefinir las ciudades...

— Las ciudades durante el siglo XX pensaron más en cómo crecían. Mientras estudié la carrera veía como los marcos de legislación urbanística estaban muy basados en cómo se crece. Desde hace unos años estamos totalmente volcados en la redefinición de la ciudad existente. La rehabilitación y la regeneración del espacio urbano, un debate en el que participa Las Palmas de Gran Canaria clarísimamente por varias razones: el suelo es escaso y frágil; nuestros espacios naturales son fantásticos. Y somos conscientes de que un cierto nivel de densidad es bueno para la sostenibilidad ambiental y social y económica. Es mejor mantenernos, si podemos, en los perímetros que ya tenemos urbanizados. Aunque tienen muchas deficiencias, algunas que vienen de cuando se elaboraron muchos de los barrios de los años sesenta y setenta que se ejecutaron deprisa y corriendo. Deben repensarse. Y el propio área central está muy pensando en el coche sin valorar al peatón u otras formas de movilidad que no dependan del combustible fósil. Por tanto hay que mejorar el nivel de sostenibilidad de forma urgente.

— Esos cambios siempre chocan de frente con parte de la ciudadanía...

— La ciudadanía tiene que entender, y creo que cada vez lo hace mejor, que tenemos que caminar a una mejora de la sostenibilidad ambiental y que la calle para el vehículo rodado como centro de atención es una ciudad pretérita. Tenemos que ir a una ciudad donde el sistema fundamental de articulación sean los espacios verdes, donde el recorrido peatonal tiene que ser el protagonista unido al recorrido en bicicleta o al transporte público. Pero es verdad que hacer esa transformación significa entrar en una batería de obras, costosas y que necesitan tiempo con programas de desarrollo complejos, y las obras a todo el mundo le molestan. Pero son la única forma de mejorar la ciudad. Tenemos que aguantar la lata de las obras y las administraciones tienen que buscar vías de financiación, como la MetroGuagua con la Unión Europea, para ir caminando con una serie de requisitos que algunas veces hacen que no sea tan fácil comprender porqué es así el programa de obras. Y la ciudadanía tiene derecho a comprender, y hay que hacer un mayor esfuerzo en contarle a la población cómo se hacen las cosas.

«La calle pensada para el vehículo es una ciudad pretérita»

— Las Palmas de Gran Canaria es una ciudad compleja por su geografía, ¿es difícil reordenar esta ciudad?

— Ni más ni menos que otras. Las Palmas de Gran Canaria tiene también unas fantásticas cualidades. Tiene una geografía de base que es una preciosidad. Un sistema de barrancos con un frente marítimo que se abre a dos bandas, desde el norte hasta el litoral de naciente. Se levanta desde distintas plataformas, que ofrecen una serie de miradores urbanos que son una maravilla. Ahora bien. Esas diferentes cotas de altura significan complejidad y dificultad para la movilidad, que es fundamental. En el Ayuntamiento se está trabajando en un plan de movilidad vertical; en paralelo se está modificando el transporte público. Se sabe que hay que caminar hacia que el vehículo privado pase a la historia, y no va a ser a tan largo plazo. Habrá vehículos a demanda. Y esa es una vía en la que se está caminando. Somos un territorio fragmentando y es difícil, pero Las Palmas de Gran Canaria está intentando abordar sus retos. Tiene otros pendientes en los que sigue caminando, redefinir amplios pulmones como el parque de La Ballena, al que todavía le faltan bastantes fases para culminar. El propio desarrollo del frente marítimo, que tanto esfuerzo ha llevado y precisa todavía intervenciones como en el tema viario. O toda la rehabilitación del parque residencial de la segunda mitad del siglo pasado.

«La perspectiva de género como criterio base tiene gran calado»

— Junto a compañeras como Noemí Tejera y Evelyn Alonso encabeza Marca Púrpura, la asociación de mujeres arquitectas con las que han caminado la ciudad desde la perspectiva de género. ¿A qué conclusiones han llegado?

— Lo que se puso sobre la mesa es que la integración de la perspectiva de género como criterio básico tiene implicaciones de gran calado. Y que tenemos que ir haciéndolo para convertirlo en una instrumentación colectiva y que se pueda usar. Hemos comparado mucho cómo cuando empezamos a hablar de sostenibilidad hace algunos años era una aspiración y pasadas las décadas haciendo estudios de impacto, desarrollos de impacto ambiental... se ha ido afinando para que ya se tengan en cuenta en cualquier planteamiento. Asumir que hay un problema de discriminación, con razones de sexo, que tiene que ver con el papel que se asigna a la sociedad y que afecta a las mujeres en todos los ámbitos y que eso lo tenemos enhebrado en los sistemas, en las fórmulas de análisis, en cómo interpretamos la ciudad, por eso toca tener una mirada crítica y hacer un esfuerzo para cambiar esa educación que siempre nos transmitieron. Hay que desestructurar este mundo y volver a estructurarlo de nuevo.

— La firma de su estudio está detrás de algunos proyectos emblemáticos de la ciudad como la actuación actual en la Tribuna del Estadio Insular. ¿Cuál sería la gran idea que le gustaría ejecutar en Las Palmas de Gran Canaria?

— Creo que la ciudad no se hace con grandes ideas individuales. Primero es que todo el trabajo que hago es un trabajo de equipo con mi estudio y lo que yo he podido aportar siempre ha sido un granito de lo que ha aportado el estudio Casariego/Guerra en su momento y ahora Arquitectura Anca. Todo es fruto de mi colaboración con Joaquín Casariego y con Noemí Tejera, que han sido las personas que dirigimos el estudio. Pero no solo del equipo director, sino de todos los profesionales con las que hemos colaborado en cada propuesta. La idea feliz, no es una idea feliz. Muchas de las veces se trata de estar en el momento adecuado en el lugar adecuado. Cuando en 2009 llegamos al concurso del Estadio Insular veníamos de ser finalistas de un concurso en Vietnam y de serlo también en el Frente Martítimo de Las Palmas de Gran Canaria. Y estábamos agotados, pero no podíamos dejarlo pasar. Porque como ciudadanos de esta ciudad sentíamos que nuestro granito de arena era participar en estos concursos.