Los votos de Madrid castigan a Sánchez

Es evidente que a Díaz Ayuso se lo puso fácil una izquierda fragmentada, desnortada

Editorial -
EDITORIAL -

Los madrileños hablaron con claridad en las urnas el pasado día 4. Con rotundidad, incluso. Por un lado, porque la participación creció notablemente, lo que da todavía mayor valor al resultado, y por otro, porque la fuerza más votada -el Partido Popular- sacó más escaños que las tres formaciones de izquierdas juntas (Más Madrid, Partido Socialista y Unidas Podemos). Por si fuera poco, el vuelco respecto a los resultados de hace dos años es ciertamente espectacular: desaparece de la Asamblea de Madrid Ciudadanos, que había sacado en 2016 nada menos que 26 escaños, y la fuerza política que entonces tuvo más votos y diputados -el Partido Socialista- sufre un 'sorpasso' en toda regla de la mano de Más Madrid.

Es evidente que fueron unas elecciones en clave nacional y no solo porque el PP así lo plantease, con un argumentario que se centró en contraponer el principio de libertad con el de comunismo -en primera instancia- y luego el de socialismo, sino porque el resto de partidos contribuyó a esa proyección estatal de unos comicios autonómicos. El PSOE se sumó a ese juego desde el momento en que dejó el diseño de la campaña en manos de Iván Redondo, el asesor áulico de Pedro Sánchez en La Moncloa, con el añadido de que desde el Gobierno se tocó a rebato para que los ministros socialistas desfilasen en campaña junto a Ángel Gabilondo. En el inventario de los despropósitos merece destacarse el caso de la ministra de Turismo, Reyes Maroto, a la que se proclamó como futura vicepresidenta de Madrid y cuya continuidad en el Gobierno de España es ya indefendible.

También Unidas Podemos cimentó esa proyección nacional de las elecciones de Madrid al presentarse como candidato Pablo Iglesias. Lo ocurrido en la noche del 4M revela que el exvicepresidente ya tenía en mente la retirada, una decisión que deja al partido ante la tesitura de demostrar que es algo más que el propio Iglesias.

En cuanto a Ciudadanos, acudió a la cita electoral sabedor de que se jugaba no seguir gobernando, sino la supervivencia como partido. Los fracasos en Galicia, País Vasco y, sobre todo, Cataluña suponían precedentes muy peligrosos y con lo ocurrido el 4M ya es incuestionable que estamos asistiendo al penúltimo capítulo de un partido que cometió el mayor de los errores el día en que Albert Rivera pensó que podía superar al PP en las urnas o incluso ser la primera opción. Ese fue el principio del fin de la formación naranja.

Con todos esos ingredientes sobre la mesa, es evidente que el resultado electoral tiene un gran alcance en la política estatal. La conclusión en ese sentido es clara: el PP se recupera, administra a su favor la ya evidente liquidación de Ciudadanos, frena el auge de Vox y se lanza a la carrera por la Moncloa. Y en el bando de la izquierda, Pedro Sánchez está obligado a asumir que su cuota de responsabilidad en la derrota no es precisamente menor. A fin de cuentas, es el secretario general del PSOE y sí estuvo en los mítines y en la confección de la candidatura madrileña, no es de recibo que pretenda esconderse cuando lo que corresponde es dar la cara y reflexionar sobre lo ocurrido.

Y tanto Sánchez como Pablo Iglesias y sus respectivos partidos deben preguntarse en qué han fallado para que en Madrid buena parte del electorado de izquierdas se identifique con una opción encarnada por Mónica García y que en el Congreso tiene tan solo dos escaños.

Finalmente, no hay que quitar mérito alguno a Isabel Díaz Ayuso en la victoria, fundamentada básicamente en un discurso liberal y en la articulación de una especie de 'nacionalismo madrileño' contra las políticas de Sánchez. Pero también es evidente que a Díaz Ayuso se lo puso fácil una izquierda fragmentada, desnortada y asesorada por supuestos expertos como José Félix Tezanos, que se permite el lujo de criticar a quienes votan a la derecha en lugar de preguntarse por qué en dos años la candidatura socialista pasa de ser de la primera opción a la tercera.