Jaula y arco iris

Volatilidad electoral

13/06/2018

En apenas unas semanas el mundo demoscópico se ha trastocado por completo. Los que ayer iban lanzados y sin freno, ahora retroceden en las encuestas. Los que se encontraban estancados avanzan moderadamente en las mismas. Los que llevaban años disfrutando del primer puesto, pese a execrables comportamientos, se aferran a inmediatos cambios de liderazgo para detener la caída y comenzar la remontada. Los que iban a tomar los cielos por asalto asisten desconcertados a su cuarta plaza en el ranking.

El capitán Sánchez y su tripulación han logrado taponar las grietas en el barco, nacidas desde la última etapa de Rodríguez Zapatero, lanzado contra las rocas por los estragos de la crisis económica. Unas grietas ampliadas con un Rubalcaba noqueado que no pudo impedir la mayoría absoluta del PP de 2011; y que Pedro tampoco pudo abordar en medio del ascenso de los nuevos partidos, que le han quitado votos al PSOE por la derecha y por la izquierda.

Con la designación como integrantes del Consejo de Ministras y Ministros de Josep Borrell, Fernando Grande-Marlaska o Nadia Calvino quedan suturadas las de estribor, ante el asombro de Rivera que ya hubiese querido para un Gobierno suyo a semejantes personalidades y perfiles: centralismo, conservadurismo y políticas económicas que no molesten a Europa, que bastante tiene ahora con el desmadre del populismo euroescéptico y xenófobo en Italia.

Con defensores y defensoras de la educación y la sanidad públicas, así como con gestos como el Comisionado contra la Pobreza Infantil y la apuesta por la igualdad entre mujeres y hombres, cierra las vías de aguas a babor. Mientras, Pablo Iglesias promete un verdadero calvario a Sánchez e Iñigo Errejón, no sé si más sensato o más pragmático, asegura que «Podemos tiene que ser una fuerza que respalde, sostenga y empuje a este Gobierno».

No es, ni de lejos, el gobierno Frankenstein, que auguraban apocalípticamente las derechas. Sus invocaciones a presuntos golpismos, su intento de deslegitimación de la moción de censura, parecen haber olvidado que esta es un instrumento democrático y que en España tienen carácter constructivo, sustituyendo a un presidente y, se supone, a sus políticas, y que no existen mociones de censura instrumentales como plantearon algunos líderes en medio de la batalla.

La dos derechas estatalistas han quedado conmocionadas por los movimientos estratégicos de estos días. Una, el PP, por su imprevisto desalojo tras dejar cerrados los presupuestos generales para 2018. Pero la dimisión de Rajoy y su pase a la oposición, así como el paso atrás del hasta hace muy poco presidente, constituye una ventana de oportunidad para regenerar al partido, renovar liderazgos y hacer frente a la competencia en la derecha que les estaba comiendo su espacio político a pasos agigantados.

«El Gobierno de Pedro Sánchez no tiene voluntad de ser efímero. Lo confirman las personas que lo integran. Sería por otra parte muy irresponsable haberlo planteado así»

Baluartes del PP. Otra, Ciudadanos, que ya se veía entrando en La Moncloa casi por inercia, aprovechando la crisis territorial -¿de qué van a vivir si se acaba el procés?- y la que afectaba al partido del Gobierno, pero cometiendo la imprudencia de dar por acabada la legislatura (lo que para algunos demuestra las limitaciones e inmadurez de su líder), sin contar con los movimientos de terceros: la audacia de Sánchez les dejó tan perturbados que ni siquiera fueron capaces de transitar hacia la abstención, quedándose como únicos baluartes del PP en la censura.

En el camino, los de Rivera no solo han perdido su iniciativa política, sino también el apoyo, a veces completamente descarado, que venía recibiendo por parte del periódico de mayor difusión en España. En sus informaciones, en su línea editorial y en los propios análisis demoscópicos. Tendrán que redefinirse y reinventarse en directa pelea con un PP en proceso de renovación que los acusa, además, de ser directos causantes de su precipitada caída.

Las encuestas publicadas estos días, pese a sus diferencias en porcentajes y asignación de escaños, coinciden en varias cosas. En primer lugar, en el hecho de que el ascenso de Pedro Sánchez al Gobierno está suponiendo un repunte del PSOE en sus expectativas electorales. Unas le colocan claramente en el primer lugar en las preferencias ciudadanas, otras le sitúan en un empate técnico con los populares.

En segundo, el significativo retroceso de Ciudadanos con relación a anteriores muestras en que aparecía segundo e incluso primer partido en intención de voto. Ahora se encuentran en tercer lugar en el podio electoral en los distintos sondeos publicados estos días.

Y, en tercero, que nadie puede dar por muerto al PP. Pese a todo lo sucedido este último mes. Pese a la sentencia de la Gürtel y la detención del exministro Zaplana. Pese a su desalojo del poder y la dimisión de Rajoy al frente de la organización, continúa por la pelea por la primera plaza electoral y todos los sondeos le otorgan un triunfo sobre el partido naranja.

Con relación a Podemos, aunque todos los sondeos lo sitúan en el cuarto lugar, oscilan de manera muy importante en los datos. Desde las 34 actas que le da GAD3 (para ABC) a las 58/63 de Invymark, pasando por los más de 50 de los otros dos sondeos.

Mayo 2019. Al margen de los numerosos sondeos que veremos publicados en el próximo período, parece claro que los comicios de mayo de 2019, locales, autonómicos y europeos, permitirán comprobar la recomposición de las derechas y las izquierdas, así como el grado de resistencia del bipartidismo.

El Gobierno de Pedro Sánchez no tiene voluntad de ser efímero. Lo confirman las personas que lo integran. Sería por otra parte muy irresponsable haberlo planteado así, pese a la desesperación por las urnas –por intereses propios, no de país, de algunos de los actores políticos-. Y, aunque su apoyo parlamentario es débil, tiene que estar preparado para navegar en esas aguas y llegar a buen puerto, probablemente, a finales de 2019 o comienzos de 2020.

Y no le queda otra que hacerlo desde el diálogo, el consenso y la búsqueda de actuaciones y medidas que impacten en la mejora de la vida de la gente y en unos servicios públicos que los recortes dejaron muy tocados, afectando a la equidad y convirtiendo a España en uno de los estados de la Unión Europea donde más se ha incrementado la desigualdad en el último período.