Violines en el naufragio

«¿Viene una sexta ola contra el agrietado casco del buque? «Toca más fuerte Carolina», dice Sánchez

Rebeca Chacón
REBECA CHACÓN

Nuestra reacción en momentos de emergencia nos define. Pese al barniz de la vida, somos como somos y esa esencia que llevamos en el ADN vuelve a la superficie desde que oímos que el barco se hunde. Los hay que sacan lo mejor de la humanidad para convertirse en héroes que agarran el timón como si no hubiera mañana, algunos tienden la mano a los que no nadan demasiado como si ayudar fuera lo normal cuando el agua llega al cuello y otros se ocupan solo de garantizar salvavidas para los suyos. También están los que pillan un violín y empiezan a tocar para amenizar el naufragio, justo el papel que viene protagonizando el Gobierno central desde hace un año mientras el Titanic llamado covid va sorteando icebergs en medio de la Antártida. ¿Viene una sexta ola contra el agrietado casco del buque? «Toca más fuerte Carolina», grita el presidente Pedro Sánchez a su ministra de Sanidad.

La estrategia de ponerse de perfil ante la pandemia lleva más de un año en marcha. A la vista de las encuestas y de su caída de 'popularidad', el titular del Ejecutivo español decidió tras el verano de 2020 que su etapa de capitán había acabado. Pasó la gorra a las autonomías y que cada uno afrontara el temporal con sus propias mañas. Desde entonces, entre dispares ventiscas judiciales, los líderes regionales han ido probando distintas rutas para moverse en el turbio mar de la covid mientras la vacunación armaba lenta y paulatinamente a la tripulación con anticuerpos.

Durante este tiempo, el Gobierno de Sánchez no ha movido ni una ceja para que la flotabilidad del buque mejorara al menos con un nuevo marco legal. Cada tribunal autonómico ha interpretado las normas a su buen entender sin que el Estado haya dejado de tocar su 'romántica' melodía de funeral, sin llevar al Congreso una sola norma que aclarara el entuerto: «que cada comunidad autónoma haga de su capa un sayo, porque esta tragedia ya no va conmigo».

Como consecuencia de esa irresponsabilidad, volvemos a llegar a la Navidad con el virus desatado Europa. De nuevo golpea el viento, ganan alturas las olas, arrecian las corrientes...y el Ejecutivo central sube el volumen de la orquesta a sabiendas de que exigir aquí el certificado covid como empiezan a hacer otros países chocará con la 'libertad' de los negacionistas. Es cierto que la vacunación del 83% de la población española protege bastante a la marinería, pero nada impedirá que los turistas extranjeros que rechazan el pinchazo campen a sus anchas en las islas. Confiemos pues en la dureza del Titanic.