Jaula y acor iris

¡Vaya semanita!

18/06/2018

Seguramente con mucho menos humor que Vaya semanita, aquel excepcional programa de la televisión vasca –capaz de reírse del lehendakari y de los abertzales en tiempos muy duros-, hemos afrontado una muy intensa semana con acontecimientos de lo más variopintos. Del prematuro adiós de un cultural, pero menos, mediático ministro al cese del seleccionador nacional de fútbol a las mismas puertas del Mundial, pasando por algunas deslealtades podemitas con relación a la reforma del sistema electoral canario.

Empezando por esta última, Miguel Montero, portavoz de Podemos en el Cabildo Insular de Gran Canaria replicaba este jueves un tuit de Demócratas para el Cambio en el que este colectivo señalaba que no se había afrontado en la ponencia del Estatuto de Autonomía de Canarias en el Congreso de los Diputados el asunto electoral por el desmarque de Meri Pita, la representante de Podemos, y de Melissa Rodríguez, la de Ciudadanos. Mientras que PSOE, PP y Nueva Canarias habían mantenido el acuerdo alcanzado mayoritariamente en la Cámara canaria y en el que también estaba Podemos.

Montero, con algo de retranca, señalaba textualmente: «Seguro que es un error... @meripita44 no daría la espalda a la mayoría de los inscritos y las inscritas de @PodemosCanarias que votamos a favor de llegar a un acuerdo que supusiese un avance frente al injusto #sistemaelectoral canario actual». En la misma línea, Pedro González de Molina, secretario de Educación y Formación de Podemos Canarias, indicaba que esperaba que Pita «entre en razón y vote a favor de este dictamen que tiene el acuerdo mayoritario del PARCAN, sede de la soberanía popular canaria, y el apoyo de la consulta de nuestros inscritos/as».

No es novedad la posición de Pita, secretaria de Plurinacionalidad de la formación morada, sobre la reforma electoral. Defiende una postura maximalista –compartida por un sector minoritario de la organización en las Islas- que no casa con esta moderada pero acordada e imprescindible reforma. Un planteamiento, el suyo, que es, lo sabe, imposible de alcanzar, que no suscitaría apoyos. Con lo que, intencionadamente o no, le hace un favor impagable al inmovilismo de Coalición Canaria en este asunto. Y deja muy mal a su partido y a aquellos dirigentes que han mantenido una actitud responsable y de búsqueda de consenso en este trascendental asunto en el Parlamento de Canarias.

El tema de los cambios en el injusto y desequilibrado modelo electoral canario, tras ser bloqueado por CC y ASG en el Archipiélago, volverá a ser tratado por la ponencia que aborda la reforma del Estatuto de Autonomía de Canarias en la reunión prevista para el próximo jueves 21 de junio. Espero y deseo que salga adelante y que cada uno asuma sus responsabilidades en este asunto esencial para la mejora de la democracia en las Islas.

cultura. Pero la trepidante semana nos dejó también sin el sorprendente ministro de Cultura, Màxim Huerta, nombrado por Pedro Sánchez apenas una semana antes. El descubrimiento en la mañana del miércoles 13 de que había sido condenado a pagar a la Agencia Tributaria del Estado más de 365.000 euros por usar una empresa interpuesta con el objetivo de pagar menos impuestos los ejercicios 2006, 2007 y 2008, originó una avalancha de críticas que terminaron con su dimisión a media tarde, apenas doce horas después.

Su conducta, que no llevaba aparejada condena penal, parece escasamente ética y poco edificante. Chocante con el discurso regenerador y con la importancia que tiene la contribución de todos y todas, y especialmente, de los que más ganan, para hacer una sociedad más equilibrada y justa, con mejores servicios públicos, con mayores niveles de equidad.

Y su dimisión, que le honra, es más decente que lo que hicieron tantos ministros y cargos públicos en la etapa más reciente, cogidos in fraganti en casos de mucha mayor gravedad y que se resistieron a abandonar sus cargos. Y, por supuesto, que mensajes tan delirantes como el «Luis, sé fuerte», emitido por el anterior presidente del Ejecutivo.

En el fútbol, Florentino Pérez, acostumbrado a arrasar con todo -en el mar, en la tierra o en el cielo- le hizo la puñeta a La Roja anunciando, tres días antes del comienzo del Mundial de Fútbol de Rusia, la incorporación de Julen Lopetegui como sustituto del dimitido Zidane. Un Lopetegui que, desde entonces, estaba obligado a tener la cabeza puesta en la selección y, al tiempo, en el Real Madrid. Su cese fulminante ha encendido todo tipo de pasiones. Pero parece difícilmente justificable su poco elegante e inoportuno fichaje y la forma en que se anunció.

‘aquarius’. Pero la intensa semana ha tenido su aspecto positivo, pese a lo dramático del tema.

Me refiero a la reacción de importantes instituciones, con el Gobierno español a la cabeza, en el caso del buque Aquarius, con 600 hombres y mujeres inmigrantes a bordo y al que las autoridades italianas habían prohibido atracar en sus puertos. Una ola de solidaridad que no esconde que el problema es global y que la Unión Europea precisa de un cambio en sus políticas en este asunto; y aplicar tolerancia cero para reacciones xenófobas como las del populista Gobierno de Italia.

Me temo que son también muchas las voces, desde partidos de la derecha y extrema derecha, pero también de ciudadanos y ciudadanas de a pie, las he escuchado estos días en supermercados y cafeterías, que preferían que España mirara para otro lado y a las que le importaba muy poco la suerte de la nave y de las personas que iban en su interior, entre ellas un centenar de menores. «Ese no es nuestro problema». «Yo no pago impuestos para eso». Son frases que he podido oír tras anunciarse la decisión de acogida española.

En las redes sociales algunos les han mostrado cómo ese mismo recorrido, de la guerra y la pobreza a la búsqueda de la esperanza y el futuro, clandestinamente y con riesgos, con miedo a ser detenidos y deportados, lo realizaron cientos de miles de españoles y españolas, miles de canarios y canarias, no hace tanto tiempo.

Recuperar la memoria es básico. Consolidar los valores humanos, también.

¡Vaya semanita!