Un martes cualquiera

Una Supercopa de feria

14/01/2020
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Y Fede Valverde, tras su patada por detrás a Morata en el último minuto del derbi, se ganó el reconocimiento de mejor jugador de la final de la Supercopa. Era el broche de oro que este torneo sin pies ni cabeza merecía. Fue como si el destino se confabulase con la estrambótica idea inicial de esta competición que cambió sus reglas en medio de la temporada pasada para que la Federación ganase más billetes. Ojo, no seré yo quien critique que se haya disputado en Arabia por dinero. No voy a ser hipócrita y si no he dicho nada con otros tantos deportes, como el Dakar por ejemplo, no afearé a Rubiales, quien considero que está realizando un buen trabajo en un puesto que necesitaba aire fresco, por aceptar la mejor oferta económica. Pero que tampoco venda, como hizo cuando presentó el nuevo formato, que su decisión iba encaminada a ayudar en la apertura de un país que viola de forma sistemática los derechos humanos y que sigue considerando a las mujeres y a los homosexuales seres inferiores. Se va por pasta y punto.

«La suerte de los penaltis decidió que el título de Arabia fuese para el invitado y el premio al mejor jugador, para el de la patada por detrás»

Tampoco me parecieron bien los modos, y de ahí mi referencia al caprichoso destino. No es serio empezar la competición de Liga y Copa la pasada campaña con una serie de reglas que rezan que los ganadores de ambas competiciones jugarían la final de la Supercopa, y en medio del curso cambiar las normas. Eso de toda la vida es adulterar la competición. Y ya si encima al final de la temporada eliges arbitrariamente a los participantes, el torneo deja de ser serio. El Barcelona la juega como campeón de Liga, el Valencia por haber ganado la Copa, el Atlético logra su participación con su subcampeonato en la competición regular, y el Madrid... Pues porque hay que llevar a uno y éste, junto a los azulgranas, es el que más vende. Y encima en el reparto final saca más tajada que ches y atléticos. Pues es difícil tomarse en serio todo esto.

Y ese destino tan juguetón del que hablaba antes hizo que la suerte de los penaltis decidiera que el campeón fuese el dudoso invitado. Y su mejor jugador, el de la patada por detrás. Y aquí también matizo. Lo que hizo Valverde es lo que hubiese hecho cualquiera, y con su entrada es evidente que no iba a lesionar. Pero una cosa es que esté justificada su acción, y otra que la premiemos. Ese no debe ser el ejemplo, y solo por decoro, la competición debería haber dado el galardón a cualquier otro. Pero oye, puestos a sumar papeletas a favor de las incongruencias, el domingo no había nada fuera de lugar.

Al menos, esta Supercopa de feria sirvió para que Marca rompiera moldes con una portada histórica, para que el Barça se plantee quitarse de encima al otro Valverde y para que Díaz Ayuso presumiese de feminista mientras blanquea un régimen que atenta contra su sexo. Que más queremos, el deporte es entretenimiento y con este torneo las risas están aseguradas. Habrá que repetir el año que viene.