La Arista

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07/01/2018

La pugna política en los próximos meses irá en aumento en un aquelarre previo a las elecciones de mayo del próximo año. ¿Cómo arrebatarle el poder al régimen? ¿Cómo evitar una legislatura más en manos de ATI? Es la pregunta que bulle en todas las conversaciones de la oposición, en sus reuniones y en los pasillos del Parlamento. Los dos grandes partidos que han servido de muleta a CC en estos últimos 25 años, el PSOE y el PP, se debaten entre mantener puentes y perfil bajo con CC o, de nuevo, intentar el desalojo aprovechando la debilidad de los nacionalistas, en las urnas y en la acción política. CC es ahora mismo un partido recluido en sus cuarteles de invierno, incapaz de acertar en sus propuestas a la sociedad canaria, con la identidad perdida, en manos de ATI y cuyo único patrimonio es el Gobierno, desde el que, tampoco, logra deslumbrar a nadie.

El año que acaba de terminar se ha significado por tres hechos trascendentales: la ruptura de Clavijo con Patricia Hernández, la negativa del PP a entrar en el Gobierno y el cambio de rumbo del PSC-PSOE, en manos de Ángel Víctor Torres. Vista la ruptura de Clavijo, desde la perspectiva del tiempo, algunos tenemos la tentación de pensar que aquella locura que dejó a los nacionalistas al borde de la bancarrota política, estaba pactada de antemano en una arriesgada operación del insularismo del PSC. Los indicios, muchas conversaciones, comidas y cenas de Clavijo con quien realmente manda en el PSOE, ponen en la pista de que el presidente del Gobierno tenía una red para parar la caída, endeble, incierta, pero una red que le construyeron los hombres y mujeres socialistas que han acogido el régimen como modelo de supervivencia, haciendo de muletas en cabildos y ayuntamientos, y, en algunos deshonrosos casos, haciendo negocios con lo público.

Aparentemente le ha salido bien al presidente pero a costa de una enorme fractura en el PSOE y el desaliento de Ángel Víctor Torres, que, a estas alturas, no sabemos cuánto tiempo más aguantará soportando puñaladas y traiciones. Habrá que ver si tiene, o no, los arrestos suficientes, para, una vez en el poder como candidato, soltar lastre y tomar el rumbo adecuado. Mucho me temo que no será así. Quiere ser candidato a la presidencia, -en realidad lo quería desde el minuto uno- aunque lo negaba, y para eso le hace falta seguir alimentando ese lado oscuro del poder socialista que se sostiene con la ayuda de Coalición Canaria. Canarias tendrá que seguir esperando por la renovación, por el cambio de rumbo democrático y por una nueva forma de hacer política. Ángel Víctor Torres, secuestrado por el lado más siniestro de su partido, ha resultado no ser el hombre para esa tarea. Tiene otros intereses de andar por casa, como el de ser vicepresidente con CC.

«El juego político estaba diseñado para dejar solo al Gobierno, pero el PSOE ha vuelto al juego de sillas»

A pesar de todo, a Torres hay que reconocerle que le están saliendo bien las cosas. Renuncia a casi todo lo que piensa, se deja secuestrar y llevar, pero ha obtenido una importante protección, la de esa facción de su partido, la que está en el poder insularista, la de Coalición Canaria y por si fuera poco, la de Nueva Canarias, empeñada en proteger el pacto de progreso en el Cabildo de Gran Canaria. El secretario general del PSC no tiene mejor valedor que el presidente del Cabildo. Torres se ha convertido también en un eslabón importante de algunos lobbies empresariales, completando así el círculo del político marioneta, secuestrado y manejado desde múltiples intereses. Torres ha renunciado a su ideología, al proyecto que le movió en política para integrarse en el régimen sin condiciones. Porque esa es la diferencia entre este PSOE y el que lideraron Jerónimo Saavedra, José Miguel Pérez y, ultimamente, Patricia Hernández. Ello sí lograron arrastrar a CC hacia postulados socialistas, convergiendo en un proyecto regional para Canarias.

Es el PSOE el que tiene la llave para restar poder a CC, un objetivo que compartió con la oposición, que llevó al PP a situarse fuera del Gobierno. El juego político estaba diseñado para dejar solo al Gobierno, pero el PSOE lo ha recolocado, volviendo al juego de sillas. Aún así, la agenda política que se abre mañana tiene en el horizonte las elecciones y los dos partidos principales tienen la tentación de jugar a perdedores, a colaboracionistas del régimen, a dejar los escenarios preparados para dar a CC la presidencia y conformarse con los segundos puestos.

Mucho tiene que cambiar la situación en los próximos meses para que PP y PSOE cambien sus posiciones.